Entrevista a la abogada del colectivo Derechos y coportavoz de Primarias de Barcelona
Maria Vila es abogada del colectivo ‘Drets’ (‘Derechos’) y coportavoz de Primarias Barcelona, la iniciativa del filósofo Jordi Graupera que impulsa unas elecciones primarias entre candidatos independentistas para las municipales de mayo próximo. Villa se ha expresado críticamente con las decisiones que tomaron los dirigentes independentistas tras el referéndum del primero de octubre, especialmente por no haber hecho efectiva la República proclamada el día 27 de octubre en el parlamento.
Cree que es vital una catarsis colectiva sobre los errores del octubre republicano para que el independentismo pueda avanzar y considera que se necesitan nuevos liderazgos políticos y que la situación de los prisioneros y de los exiliados no impida que sean transparentes con la ciudadanía y que rindan cuentas. También critica que los partidos independentistas exploten la victimización y las batallas de lazos amarillos para que se hable de los presos en vez de explicar cómo se hará efectivo el resultado del referéndum.
– ¿Este del Once de Septiembre que se juega el independentismo?
– No gran cosa. La época de grandes demostraciones de fuerza en la calle se ha acabado. Ya se ha visto a dónde nos ha llevado. Durante mucho tiempo han estado muy bien y creemos que hacía subier al carro a mucha gente porque era un caballo ganador, pero una vez alcanzado el punto de inflexión del 1-O estas movilizaciones, sin repensar qué debe hacer el independentismo a partir de ahora, son un poco estériles.
– ¿Hay que hacer alguna acción diferente?
– Si la cuestión es hacer efectivo el resultado del primero de octubre o buscar momentos de oportunidad, no veo de qué manera se puede conseguir con una manifestación del Once de Septiembre. Creo que se necesitan acciones políticas, que son las que permiten empujar de una manera clara. Me parece que ahora no existe la voluntad política para eso y que es muy difícil.
– Habla de momentos de oportunidad, un concepto que ha ganado fuerza en las últimas semanas. ¿Ve alguno en corto plazo?
– Convertir las municipales en una especie de plebiscito, de entrada, no me parece una buena idea. La investidura de Puigdemont lo era, por ejemplo. O cuando fue detenido. A corto plazo, no se me ocurre gran cosa… a menos que hubiera otras elecciones y se propusiera abiertamente la opción de hacer, o no, efectivo el resultado del primero de octubre, pero ahora mismo eso parecería una manera de lanzar el balón afuera por parte de los partidos independentistas. Quizás una movilización espontánea que desembocara en el nivel de movilización del pasado octubre podría cambiar algo, pero me cuesta imaginarlo.
– ¿Qué queda, el primero de octubre? ¿Qué herencia tenemos?
– Es una buena pregunta… Se vio más claramente que nunca que somos un país ocupado por un Estado que desplegó todas sus fuerzas para intentar detener un referéndum. Queda también el fracaso estrepitoso de nuestra clase política. Seguramente no esperaban que el éxito fuera tan grande y no supieron llevarlo a buen puerto. Queda el recuerdo de que, si se quiere, se puede hacer. Otra cosa es que haya unos políticos que estén a la altura.
– Intima, personalmente, ¿qué le evoca esta fecha?
– Es una especie de mezcla entre tristeza, alegría y frustración. La convicción de esos días de que todo se podía hacer y la forma en que después se desinfló porque no se supo gestionar políticamente desde el primer momento.
– La mayoría de dirigentes políticos de entonces están encarcelados o exiliados. Ha sido una voz crítica con su actuación, sobre la asunción de responsabilidades.
– Absolutamente. Es imprescindible, cuando pensamos que se abren ventanas de oportunidad, saber y analizar qué falló entonces. Sin saber qué impidió que todo culminara, qué debilidades y qué virtudes teníamos, cuando se presente una nueva oportunidad, el problema será exactamente el mismo. Es inadmisible que estén en prisión y en el exilio, ni que decirlo, pero esto no debe servir tampoco para evitar que den explicaciones. Las políticas no se deben juzgar según la bondad o la maldad de quien las dirige, sino de acuerdo con los resultados. Es evidente que aquellos dirigentes fracasaron. No pasa nada, no supieron hacer nada o no pudieron hacer nada, pero creo que hace falta que den explicaciones y asuman responsabilidades.
– ¿Qué cree que se debe hacer el primero de octubre de 2018?
– Creo que es muy importante no folklorizar del 1-O. Tengo muchas discusiones con gente de mi entorno por este motivo. No me parece buena idea bautizar calles y plazas con el nombre de ‘Primero de Octubre’, cuando todavía no sabemos exactamente qué significó. Depende de qué acciones se hagan, lo convertiremos en floklore. Puede ser un buen momento para hacer una catarsis colectiva, saber qué falló y qué se podría haber hecho mejor, sin buscar excusas en una amenaza de violencia inasumible que no se ha concretado ni sobre la que se han dado explicaciones.
– Después del 1-O llegará el juicio a los prisioneros políticos. ¿Qué hacer entonces?
– No lo he pensado hasta ahora. Tengo la impresión de que la judicialización ya viene bien a aquellos que no quieren ir más allá dentro del independentismo. Miro con mucha prevención la posibilidad de hacer una gran acción. Pasa igual que con los lazos amarillos y la explotación del relato de los presos por parte de los representantes políticos actuales, que muy a menudo mientras hablamos de eso no hablamos de hacer efectivo el resultado del referéndum.
– ¿Qué opinión le merecen las acciones ante las prisiones?
– Me puse un lazo amarillo y me duró un día. Es una victimización de todo y es contraproducente. Me da mucha pena ver cómo la gente gasta sus energías en esto. Pienso que deberían dedicarse a otras cosas.
– También puede ser una manera de denunciar la situación que viven.
– Sí, pero eso ya lo sabemos. No es necesario reivindicarlo cada semana. La solidaridad con los presos la doy por hecha. Creo que es mejor que la movilización se convierta en trabajos más constructivos. Lo que decía Cebrián, hace dos años, que si encerraban a los dirigentes políticos en la cárcel la gente hablaría de los presos y no de la independencia. Lamentablemente, pasa esto.
– ¿Los presos y los exiliados deben tener algún papel en la política catalana?
– Creo que no. Porque es una gente que lo intentó y no lo logró. Deben explicar qué falló y cuáles eran las estrategias de ese momento a quien lo pueda hacer mejor. El drama es que entre todos los hemos ascendido porque pagan un precio altísimo, completamente injusto, no es necesario decirlo, pero nadie ha pedido responsabilidades. Creo que es un poco culpa de la forma en que ha ido el proceso hasta ahora, nos hemos acostumbrado a no fiscalizar nunca a nuestros representantes y a pensar que todo eran jugadas maestras, que teníamos que confiar y que ciertas cosas no se podían explicar porque hacían peligrar el proceso. Al final resulta que no se decía nada porque no había nada y que se llegó al 1-O a trompicones, sin tener nada preparado. Con sorpresa de ellos mismos, hay dos millones y pico de votos. Recordemos la conferencia de prensa de Jordi Sánchez y Jordi Cuixart el día anterior diciendo con una cara de manzanas agrias que un millón de votos ya sería un éxito y casi pidiendo a la gente que no saliera de casa. La gente se planta porque defiende el referéndum, se hace y votan más de dos millones de personas. Mientras ellos están secuestrados en las cárceles o en el exilio, de paso está secuestrado todo el país. Ya no sólo porque ellos no se encuentran en situación de decir según qué, sino porque esta situación nos impide hablar de otras cosas.
– Constantemente se ve la división entre los partidos independentistas. ¿Cómo hay que afrontarla?
– Para mí no hay ninguna propuesta viable mientras no haya un ejercicio de catarsis. Me parece imprescindible. Es la única manera para que la gente pueda juzgar qué pasó. El 21 de diciembre nadie dijo la verdad. Mientras haya una guerra entre lo que era Convergencia y Esquerra para controlar el espacio autonómico y no haya esta catarsis, cualquier propuesta estratégica me parece un engaño.
– ¿Se deben convocar elecciones este otoño?
– Si se convocan bajo la premisa de no cometer los errores del 21-D, sí. No sólo errores programáticos, sino la investidura misma. Se renunció a todo hasta que al final se acepta un nombre que le parece bien al señor Llarena. Si las elecciones se convocan para echar la pelota hacia delante y para afianzar esta deriva victimista en la que estamos, me parece una mala idea. Elecciones por elecciones no son positivas. Si hay un programa electoral que diga que estamos dispuestos a hacer efectivo el resultado del referéndum, fantástico. Si es por interés de los dos grandes polos del independentismo autonomista para aprovechar un momento para pasar por delante del otro o para ampliar la distancia en número de diputados, me parece absurdo.
– ¿Considera que los partidos independentistas no son sinceros con sus votantes?
– Absolutamente. Hay mil ejemplos. Para empezar, se desobedeció la ley del parlamento que decía que se haría efectivo el resultado del 1-O y no se hizo. Tras la suspensión del 10 de octubre se hace bajo una pretendida amenaza de violencia que no se concreta. Creo que nos han tratado con demasiada frecuencia… que han utilizado a la gente de empuje al servicio de sus intereses. Ha habido una falta de transparencia brutal y ahora que se intenta rendir cuentas o que algunos pedimos explicaciones, nos dice que están en la cárcel y que es de mal gusto pedir responsabilidades. No es incompatible, porque en algunos casos hablaría de engaños.
– ¿Por qué cree que no hacen esta catarsis que pide?
– Entiendo que esto puede durar tiempo. Pero que haya una oportunidad dentro de cinco años o bien treinta depende de la catarsis que se haga. Me parece evidente. Si has fracasado, debes retirarte. No pasa nada. En cambio, me preocupa que el proceso ha terminado creando una masa de gente acrítica que comulga absolutamente con todo lo que se dice aunque no tenga ningún sentido. Me parece muy preocupante para la salud democrática del país.
– Pide responsabilidades, pero también defendía la investidura de Puigdemont.
– Habría preferido que el 21-D no se hubiera presentado ninguno de los dirigentes anteriores. Como esto no ocurrió y los resultados fueron los que fueron, y como Puigdemont dijo que volvería al Palau de la Generalitat, había que mantener la posición. Se tenía que haber mantenido la posición del primero de octubre y no lo hicieron. Hay otra oportunidad con la investidura, y se vuelve a dejar perder con aquel espectáculo penoso de proponer cuatro candidatos diferentes hasta que al final invisten a Torra.
– ¿Tiene alguna propuesta para el futuro inmediato?
– El cambio que se necesita para que el independentismo tenga posibilidades de éxito es profundo y cultural. Creo que tenemos que empezar por lo menos por este ejercicio de rendición de cuentas. Sin saber qué ha fallado, qué se tenía y qué no se tenía es muy difícil hacer reconsideraciones estratégicas. Se lanza el balón hacia delante y se da pescadito al ‘jugadamaestrismo’ y a unos partidos autonomistas que no tienen ninguna intención de ruptura con el Estado español.
– Usted uno de los portavoces de Primarias Barcelona. La ANC ha apoyado a unas primarias en los municipios. ¿Pueden ser un buen mecanismo?
– Para mí son clave. Después de todo este tiempo de decepción y desconcierto general, las primarias en sí mismas son una manera revolucionaria de dar este vuelco de nuestra manera de entender la política. Cuando eres candidato porque no te debes a un partido ni a la fidelidad a un dirigente determinado, sino a la gente que te ha votado, importa muchísimo la rendición de cuentas. Esto es un cambio profundo, que es una buena manera de seguir adelante. Ojalá tengan éxito con el máximo número de participantes posibles y que los partidos también se añadan. Es una manera de hacer esta catarsis colectiva y de fiscalizar a nuestros representantes.
– ¿Qué debe ser el Consejo para la República?
– No han explicado todavía cómo se concreta.
– ¿Qué hacer con la impunidad de la extrema derecha en Cataluña?
– Se utiliza el término extrema derecha con una ligereza extrema. Esto también sirve para no hablar de lo que deberíamos hablar, de qué fue el primero de octubre y de cómo hacer efectivo su resultado. Los Mossos deberían hacer su trabajo, identificarlos y hacer las diligencias pertinentes. Estas batallas de lazos amarillos me rompen el alma, porque un día alguien puede recibir daño por el hecho de defender un maldito lazo amarillo. Es bastante triste porque hace unos meses defendíamos la autodeterminación de Cataluña. Que los Mossos hagan su trabajo, pero hacer un grano grande es contraproducente.
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