Se repite hasta la saciedad, que en democracia, todas las opiniones son respetables. Y así parece ser hasta que se ponen en entredicho las vigentes, sobre todo las oficiales –por viejas y rancias que sean- del stablishment.
La España imperial, históricamente, ha sido una entidad tan violenta como tiránica en su gestación. Muy inquisitorial y muy dogmática. Asesina de librepensadores, por mor de su ancestral nacional-catolicismo.
Los distintos pueblos que forman esta tierra “ibera”, arracimada a sangre y fuego, nunca han tenido otra cohesión que la resultante de la intimidación.
Un Borbón ¿cómo no? Felipe V, por los decretos de nueva planta suprime leyes y fueros propios en los reinos de Aragón, Valencia, Mallorca y principado de Cataluña.
“Frente a la “España horizontal” de los Austrias, de carácter federal, entendida como una unión libre de entidades políticas y construida en un sentimiento nacional basado en la pluralidad; triunfó la “España vertical” de los Borbones, de carácter centralista, con epicentro político en Castilla y edificada en un sentimiento nacional homogéneo”(A.Viller)
Ya Sabemos las consecuencias que las guerras carlistas nos depararon a los vascos, con el prácticamente desfalco de nuestra sustancia foral a decretazos de “las cortes de Madrid”.
Algunos de estos reinos, sobre todo Valencia y Aragón, da la impresión que han aceptado ser asimilados en el engranaje de la “una, grande y libre”. Otros, muy al contrario, ahí seguimos, bregando por recuperar la soberanía que violentamente nos arrebataron. Una soberanía a la que jamás hemos renunciado.
Añadamos, que hoy, como dijo un antiguo maqui: ”Hoy, las dos Españas me hacen llorar”. Una porque de puro tufo tan franquista como facha, resulta impresentable. La otra, porque alardeando de progre, se enfanga en viejos tópicos e inconfesables intereses, tan retrógrados como el dogma de esa unidad, para muchos de nosotros tan impúdica.
Todo esto, cuando al menos como declaración de principios, en pura democracia todo es negociable. Constituciones, monarquías, leyes etc…, nunca deben sobreponerse a la voluntad de la mayoría soberana.
El hecho es que las fuerzas fácticas españolas tratan de imponernos “velis nolis” el dogmático tríptico “unidad-monarquía-bienestar social”, como un paquete indivisible.
Sabemos que se trata de su unidad, de su monarquía, y sobre todo de su bienestar social.
Son los mismos espíritus o perversos demonios, presentes en las conquistas de Granada, América, Navarra, en los desastres de “la invencible o Trafalgar, en el genocidio del 36… etc…
El 19 de Marzo de 1812 mientras se promulgaba “La Pepa”, entre los asistentes, se hallaban los representantes de las colonias españolas. ¿Si tan importante y amada era la madre patria, por qué sin acabar el siglo, se habían emancipado todas? ¿Dónde quedaba esa sagrada unidad patria?
En estos momentos, tememos que nos vayann a reproducir la farsa de la primera transición ¿Nos van a empantanar en un nuevo gatopardismo, haciéndonos creer que crujen los cimientos de la vieja Iberia, para que nada cambie? ¿Será otro “parturient montes”…, al modo de los grandes partos ibéricos?
Vascos, Catalanes, gallegos… cualquier ciudadano que crea en los derechos humanos incluido el derecho a decidir, ¡al loro! Que donde a penas se ha ejercido la práctica democrática, como quiera surge el ramalazo déspota, y de nuevo a puros decretazos, nos cuadran como a dóciles borregos.









