La Iruña del “cante jondo”

Que “jonda” satisfacción para un Pamplonés de solera –nos imputan ínfulas a los PTV. Si serán suspicaces…-, presenciar la receptividad de Iruña para el mundo de la cultura.

Tanta debe ser la sensibilidad navarra para cualquier expresión artística, que hasta somos enaltecidos, ni más ni menos, ¡oiga usted…!, como referentes del flamenco.

La verdad, tal referencia acoquina un poco. Me gustaría saber que opinan los linarenses, los de Puerto de Santa María, o en el Albaicín… Se ve que Pamplona es mucha Pamplona.

¿Ya, qué podrá impedirnos en el futuro, hacer de Pamplona la capital mundial del tango –con permiso de los porteños-? O del mariachi, que nos sobran machos bien bragados o por ser más precisos charros… Y ya puestos –con el permiso de chulapones y chulaponas de la corte-  del chotis, que si uno se pone, no parece que la cosa del chuleo requiera excesivas luces…

Pero a lo que iba… Que tras un somero repaso de nuestra historia capitalina, la cultura gitana o calé,  como incidencias, las justas. Citemos a fuer de sinceros, a la antigua comunidad de la Merced, la de Jarauta. Hoy serían los actuales recolectores de cobre, arreos de  la chatarrería, etc., que pululan por nuestros lares con sus “fragonetas”, investigando andurriales.

Así que la vieja Iruña, se nos ha convertido –quizás pelín travestida- en una explosión de Seguiriyas, fandangos, farrucas tarantos…  La feria de toda las ferias…

Tirios y troyanos, agramonteses y beamonteses, vasconavarros y unionistas navarro-españoles, han afrontado sin objeciones esa gran muestra cañí. Fenomenal. Como tiene que ser. Al margen de gustos. No todos admiran esa profundidad, esa estética desgarrada y dramática del cante hondo.

Así pues, bienvenidas sean todas las expresiones artísticas y culturales. Que los pueblos se enriquecen intercambiando su patrimonio cultural.

Pero hay una pregunta que como terca carcoma no cesa de arañarme.

Quizás pueda parecer extemporánea la pregunta, pero pienso que tiene sus bemoles y sobre todo su razón de ser.

Si en lugar de las jornadas de ese flamenco, tan referente, se hubiera programado por el organismo que sea, unas jornadas tan intensas de folklore y cultura vasca… ¿Se hubieran subvencionado con la misma largueza y repercusión todas las expresiones musicales: dantzas, corales, instrumentales vascas?

En definitiva, las que como propias -al menos  para los contribuyentes que nos sentimos euskaldunes- debiéramos conservar y mejorar.

No estoy muy seguro, de que los medios y partidos afines al unionismo, hubieran tolerado el intento. Ardua labor constituirnos como referentes de la cultura vasca sin el rifi-rafe de rigor y como traca final la ya endémica zapatiesta.

En conclusión. Que bienvenidas sean todas las expresiones culturales vengan de donde vengan. Es un signo  de madurez y nivel cultural para cualquier pueblo que se precie de tal.

Pero por favor, menos auto-odio, más respeto a nuestras raíces, aún  en el caso de que se ignoren. La cultura no engendra odios

¿Podremos ponernos de acuerdo beamonteses y agramonteses, al menos en esta anteiglesia de la cultura, antes de enzarzarnos para dilucidar nuestra identidad como pueblo?