Por qué no hay acuerdo

Digo de entrada que me gustaba la propuesta que hizo Mas el 25 de noviembre pasado. Tras el éxito del 9-N, su oferta significaba superar una lógica de confrontación partidista autonomista que después todavía nos ha atenazado más fuerte. Exigía que el grueso de los que se habrían presentado en una lista única sólo lo hicieran por una sola vez. Además, permitía la convocatoria inmediata del plebiscito, tal como algunos ahora lamentan no haber hecho. No fue posible. Punto.

¿Y cuál es el escenario actual, más allá de las percepciones subjetivas, cada vez más achuladas? Vistos los argumentos y movimientos de cada uno de los dos principales partidos independentistas, y dando por hecha la legitimidad y la honestidad de cada parte -las miserias políticas y humanas aquí no interesan-, creo que las dos posiciones no se reencuentran porque pretenden dar respuesta a dos desafíos completamente diferentes.

Segun mi interpretación, ERC se habría decantado por hacer hincapié en el que de la independencia. Su preocupación principal es convocar el máximo número de votantes en favor de la independencia a través de la promesa de poder hacer frente al malestar social actual y de mostrarse como garantía de regeneración. También ha querido representar el independentismo de una pieza, con constantes apelaciones a los «de toda la vida», para desmarcarse de los que han llegado más por ética de la responsabilidad que de la convicción, para usar los términos de Weber. Sus líderes, en definitiva, ponen la mirada hacia la izquierda, sobre todo preocupados por el impacto negativo que los nuevos movimientos políticos podrían tener para hacer una mayoría soberanista.

A la otra parte, CDC -ahora liberada de una dirección de UDC dedicada a erosionar la confianza en el compromiso de Artur Mas y a sabotear el proceso desde dentro- está abocada al como . El carácter moderado de la formación convergente le lleva a sentir el peso de la responsabilidad por el éxito del proceso. Ha trabajado con buenos resultados el reconocimiento internacional, que es fundamental para salir con éxito de él. También es quien ha tenido que hacer frente al Estado, cargándose de sentencias intimidatorias, querellas e impugnaciones. La épica del «con un par de cojones» como camino de la victoria no procede ni al partido ni al líder. Más bien juega el control de los tiempos y en la guerra de guerrear, poco vistosa pero adecuada cuando eres la parte débil. La suya la confía en todo en la preparación minuciosa de las estructuras de Estado, un trabajo inevitablemente discreto y poco vistoso, pero destinado a ofrecer la garantía de un proceso controlado.

Es en esta dialéctica en la que se puede entender que ERC se oriente a lo que llaman «indecisos» y a quererlos seducir, mientras que CDC trabaja para reducir al mínimo la aversión al riesgo de los que ya están convencidos. Mientras que ERC buscaría unos cientos de miles de votantes entre los enfadados con la política derivada de la crisis, CDC estaría remachando a los nuevos independentistas -la mayoría- que, ante la magnitud del desafío, a última hora podrían arrugarse.

La pregunta que todos nos hacemos nos hacemos es si se podrían sumar las dos estrategias. Lo veo difícil, porque ERC piensa que Mas desacredita su objetivo electoral mientras que los convergentes, ahora que lo han apostado todo a la independencia, están convencidos de que la nueva izquierda populista será un caballo de Troya dentro del proceso porque el 27-S terminarán anteponiendo su interés en gobernar España al plebiscito independentista.

Mi opinión es que la combinación de las dos estrategias, juntas o por separado, es ganadora si y sólo si garantiza el acuerdo el 28-S. Pero tanto la una como la otra necesitarían mostrarse más seguras de sí mismas -ahora se muestran demasiado dubitativas- y no verse como rivales. Sí: tenemos mala pieza en el telar.

ARA