La trampa del bilingüismo

Recomiendo vivamente la lectura del libro ‘El bilingüismo mata’ (Pórtico, 2015), del filólogo Pau Vidal. Es una ventana de aire puro, una espléndida disección del estado de postración en que se encuentra la lengua catalana y del magro futuro que tiene por delante, si no tomamos conciencia de ello. Dice Vidal: «Han pasado treinta largos años y la lengua no sólo está lejos de ser normal sino que peligra seriamente. […] El catalán no se va a morir por falta de hablantes: se morirá por falta de catalán, porque la lengua se nos está deshilachando entre los dedos. Cada vez más delgada, cada día más raquítica, el catalán se parece cada vez más a una jerga, a un castellano de provincias degradado y pobre. La lengua catalana, primera de la historia en morir por disolución». Y más adelante añade: «Lo que sí es nuevo es el entusiasmo con el que a partir de la llamada transición democrática los gobernantes nos quisieron convencer de que esto era un privilegio, hasta el punto que actualmente mucha gente cree de buena fe que el bilingüismo (así, en genérico, al por mayor, sin situar) es algo bueno per se . Pero el contacto de lenguas, al igual que el contacto entre el agua fría y la caliente, no es una situación estable y duradera, sino que causa modificaciones y altera los equilibrios». Hagamos una pequeña muestra de otros puntos del libro:

– «Tanto si va a tiendas de Barcelona como de Lleida, en el centro de la ciudad o en una gran superficie, una parte considerable de los dependientes y dependientas os contestarán en castellano. Y no estoy hablando de los temporeros que vienen a hacer el verano. No, sencillamente se trata de jóvenes que encarnan el fracaso escolar en sentido amplio: no sólo han dejado de estudiar pronto sino que en los años que han ido a la escuela han sido incapaces de poner en práctica el catalán que teóricamente les enseñaban, pues oficialmente era la lengua vehicular».

– Carme Junyent, lingüista: «Lo que tienen en común las lenguas extinguidas o en proceso de extinción es que en algún momento de su historia se ha dado algún acontecimiento que ha comportado la jerarquización de las lenguas implicadas en el proceso de sustitución y han pasado a ser lenguas subordinadas. En otras palabras: se inicia un proceso de bilingüización jerarquizada de la comunidad, condición imprescindible para que se dé el proceso de sustitución».

– «Y ya sería una buena paradoja de que en el nuevo Estado catalán se pudiera continuar ejerciendo de monolingüe castellano, que es lo que pasará si otorgamos a las dos lenguas el mismo rango de oficialidad. […] ¿El Estado catalán es un proyecto de futuro o pensamos construirlo mirando hacia el pasado? ¿Queremos ser un solo pueblo o continuaremos el absurdo desdoblamiento del ‘Sortida/Salida’?»

– Gabriel Bibiloni, lingüista: «No vale pensar que la oficialidad del español sería como una especie de papel mojado. En los países serios una lengua oficial es una lengua oficial. Además, hay un elemento psicológico: ver el español como lengua oficial del Estado va ligado a percibirlo como lengua propia del país, y esto puede alimentar voluntades de mantenimiento en el bilingüismo».

La publicación de este libro me parece muy pertinente y oportuna, porque en la vida sólo sobrevive lo necesario o imprescindible, ya sea en el cuerpo humano o en algún lugar del mundo. Y el catalán no es imprescindible ni necesario en ninguna parte, ni siquiera en su casa. Y no lo es porque, salvo los actos institucionales o meramente domésticos, siempre se hace escurridizo en beneficio del español. Lo vemos cada día en convenciones y congresos diversos, en comunicados de avances científicos, en conferencias de prensa de deportistas de élite que se despiden o que quieren expresar su posición sobre un tema determinado, en las tertulias radiofónicas y televisivas y, en definitiva, en todo tipo de situaciones banales y cotidianas. En estos últimos casos, basta con que alguien que entiende perfectamente el catalán hable en español en el seno de un grupo catalanoparlante para que el resto de interlocutores cambien de lengua. Al revés no pasa nunca. Y no pasa nunca, porque no es necesario. El catalán es como aquel código lingüístico que usan los niños con sus hermanos o amigos y que abandonan rápidamente en cuanto aparece un adulto. La diferencia es que lo que tiene lógica en los juegos de niños se convierte en sumisión aprendida en las interactuaciones de adultos. No faltarán los catalanes que dirán que lo hacen ‘por educación’, pero Pau Vidal les responde: «En realidad, sin saberlo, el sumiso acierta, en su justificación. Sí que cambia de lengua por educación, pero no por buena educación, por buenas maneras, sino por el otro significado de la expresión: por la educación que ha recibido a someterse a otro».

‘El bilingüismo mata’ , un libro que aporta muchísimos elementos de reflexión y análisis, escrito con una dinámica periodística asequible a todo tipo de lectores y una herramienta contra la sumisión lingüística del pueblo catalán. Léanlo, saldrán enriquecidos.

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