Si hay un partido catalán que tiene un futuro aún más negro que el Partido Popular y el Partido Socialista, tras el 27-S, es Unió Democrática. De hecho, bastaría con que se presentara sola a las elecciones para que su desintegración fuera inmediata. Pero si en épocas más propicias no ha tenido el valor de hacerlo, ahora que está al borde del acantilado, todavía menos. Parece que no se da cuenta que hoy la ambigüedad -tan rentable en otros tiempos- es veneno para las urnas y que sus «líneas rojas» -que en realidad son azules, de tan inmovilistas- tienen el sabor del vino picado.
Las líneas dicen esto : «derecho a decidir sólo si es por medio de un referéndum acordado con el Estado y no salir de la Unión Europea». Y como están convencidos de que han hecho la cuadratura del círculo, se felicitan diciendo que son «un componente de moderación desde la catalanidad». Pero no hay ninguna cuadratura, sólo hay un juego de niños que no engaña a nadie. Por un lado, porque los dos grandes partidos españoles ya han dicho en el Congreso que el derecho de decidir no existe y que un referéndum acordado es imposible; y por otro, porque la apelación al fantasma del miedo -en la línea del PP- insinuando que Cataluña sería expulsada de la Unión Europea, es racionalmente ridícula.
Como vemos, la maniobra de Unió , espoleada por el empresariado españolista, consiste en ganar tiempo para seguir tirando. «Como no nos dejan, ¿verdad ?, debemos ser pacientes y seguir haciendo pedagogía en Madrid, mucha pedagogía». Llegados aquí, es obvio que Convergencia no puede ir a las urnas el 27-S arrastrando el lastre de un partido como este. Sería suicida. Por ello, pasadas las elecciones municipales del mes de mayo, será necesario que Convergencia fuerce a Unió a manifestarse netamente independentista o afrontar las urnas por separado. Si Unió elige la segunda opción, la caída por el acantilado y la fuga de militantes independentistas hacia Convergencia están garantizadas.









