El sábado 21 de marzo Liz Castro, escritora y editora norteamericana que vive desde hace un tiempo en Cataluña, explicaba en ARA cómo convenció a Joan Baez para que añadiera una canción a sus dos conciertos del Palau de la Música para mostrar su alianza con la causa soberanista. La de Liz es una bellísima y ejemplar historia de compromiso con un proyecto que, como es a favor de la libertad, puede ser global. Liz ya nos hizo un gran servicio con el libro ‘What ‘s up with Catalonia?’ (2013), y ahora volverá con ‘Muchos granitos de arena’ . El caso, pues, es que Liz Castro sugirió, con muy buen criterio, que incorporara el ‘Mes lluny’ (‘Más lejos’) de Lluís Llach. Baez ya hace muchos años que tiene en su repertorio una excepcional versión de ‘El ruiseñor’, y es en catalán como canta aquí clásicos de la lucha social como el ‘I shall not be moved’ . Pero era la primera vez que cantaba Llach y con una intención precisa.
Lo que me interesa destacar, sin embargo, es el hecho de que Joan Baez insistió en hacer saber a Liz Castro que ella no es nacionalista y que ha deseado un mundo sin naciones desde los 15 años. Asimismo, le dijo que también entendía «la emoción y la razón» de la lucha catalana, y que nos felicitaba por el «coraje y la pasión» de nuestro movimiento. Pues bien: yo comprendo muy bien qué quiere decir Joan Baez, e incluso lo comparto de arriba abajo. Para que esta Joan Baez que no se siente nacionalista, seguro que no tiene ningún inconveniente en celebrar cada 4 de julio el ‘Independence Day’. Y es obvio que a pesar de la generosidad que siempre ha demostrado incorporando a su repertorio canciones de otras culturas nacionales, no se le escapa que su música se fundamenta principalmente en las tradiciones musicales de la nación norteamericana, de la que ha sido una gran embajadora. Tanto, que yo mismo, catalán de origen, me siento estrechamente vinculado a la misma. Después de todo, mi conciencia política y social, en sus fuentes musicales, es deudora, digamos que en un 25 por ciento, de cantautores autóctonos. Pero todo lo demás se lo debo a Joan Baez misma, a Bob Dylan, a Pete Seeger y a tantos otros. Sin ellos, nunca me habría sentido comprometido como me siento con la lucha por la independencia de los catalanes ni por la de cualquier otro pueblo. Las canciones que Liz Castro dice en su artículo que fueron parte fundamental de su educación, lo fueron también de la mía.
De modo que, sí, tiene razón Joan Baez: es desde una concepción del mundo globalmente solidaria, internacionalista, como toman todo su sentido las luchas locales por la libertad. Porque sin las libertades particulares, no existe la global. Y porque, sin inscribirlas en un deseo de universalidad, las libertades particulares podrían cerrar puertas y ventanas más que abrirlas. Por eso Liz Castro se puede sentir solidaria de una causa que también es la suya. Es desde esta perspectiva que, en los últimos años, no me he cansado de insistir en que si algo hace consistente nuestra causa por la independencia es que: primero, no es de signo identitario sino a favor de la democracia, la prosperidad y la justicia social; segundo, se trata de un deseo de independencia muy amplio sin que se necesite ser ideológicamente independentista; y tercero, nuestra separación de España no es antiespañolista sino a favor de una mucho mejor conexión, en plano de igualdad, con España y, claro, directamente con el mundo. Querer tener voz propia en el mundo es la forma más completa de querer estar en el mundo, no de apartarse del mismo.
Es por eso que, desde mi punto de vista, la plenitud de la independencia de Cataluña no se acaba con la obtención de un Estado propio, sino en la capacidad de utilizarlo para incorporar nuestra nación en lo que se suele llamar el concierto de las naciones. Es decir, en la capacidad de satisfacer nuestra vocación inter-nacionalista.
ARA









