El reciente comienzo de la urbanización en Sarriguren de la parcela que albergará el nuevo Colegio de los Salesianos saca de nuevo a la luz el proyecto de construcción de varias torres de viviendas y otras dotaciones en la parcela que hasta ahora ocupaban en la calle Aralar de Iruñea. Si el macro proyecto llega a efecto, a los múltiples paseantes de la orilla del Arga cuando nos acerquemos a la ciudad desde Burlada nos cambiará el “sky-line” de la ciudad. Por encima de las grises tufas de la ripa de Beloso contrastando el verde arbolado del Parque de la Media Luna veremos entonces asomar varias grandes e impersonales moles de, nada menos, que 17 alturas. A nuestra derecha el núcleo más antiguo de la ciudad, la Navarrería con su frente de muralla coronado por las torres de la catedral y la esplendida capilla Barbazana perderán parte de su protagonismo. El proyecto de ordenación ganador en el consabido “concurso de ideas” al respecto, yo les suelo llamar “concurso de ocurrencias”, tiene el descaro de llamarse “Sol de Media Luna”. Creo que sus ganadores pasaron más tiempo pensando el rimbombante nombrecito que en el diseño y la verdadera idoneidad del proyecto redactado. Pero dejemos por un momento los gustos estéticos, las diferentes sensibilidades visuales entre la población nunca nos servirían de excusa. Es mi propósito utilizar otros argumentos para intentar explicar el porqué debemos decir NO al proyecto, porqué debemos salvar Salesianos. También creo que algunos, en este caso, sobreponen los gustos monetarios a los estéticos. Y no olvidemos que nuestro consistorio se llevaría al menos el 10% de las plusvalías de la macro operación, no especificadas en el informe.
No quiero profundizar, por desconocimiento, en las razones íntimas que la Congregación Salesiana exime para trasladar sus instalaciones a Sarriguren. Pero no cabe duda que la operación financiera nos deja un tufillo a “pelotazo inmobiliario”. Recientes ejemplos, en la cercana manzana de la calle Amaya o en el edificio de Fensa en la Avda. de Roncesvalles, realmente fuegos de artificio, me hacen dudar de que la operación de ningún beneficio a los ciudadanos de a pie pero haga rebosar los bolsillos de los que ya los tienen bien llenos. En los últimos años la población de Iruñea está estabilizada, incluso disminuye discretamente. Sin embargo vemos, y eso también es objetivo, las terribles dificultades que grandes extensiones en Ripagaina, Sarriguren, Lezkairu o Artika tienen para completar, ni siquiera mínimamente, sus manzanas ya urbanizadas. Espacios en donde en lugar de árboles se plantan inútiles farolas. Por cierto, añadir que se trata de hacer 400 viviendas libres y anunciadas como de lujo, en ningún momento se habla de ni siquiera un porcentaje mínimo de viviendas de protección.
El resto de la gran parcela de trece mil metros cuadrados, pretende dedicar tres mil a la construcción de un Centro Cívico que contaría con biblioteca, centro socio-cultural y área deportiva y otros mil quinientos metros a un Centro Comercial y una gran plaza y paseo peatonal.
Fue en 1926 cuando la recién instalada en Pamplona Congregación Salesiana decidió construir una escuela de Formación Profesional en el, entonces todavía incipiente, II Ensanche. Para ello contó con el inestimable apoyo económico del indiano aezkoano Antonio Aróstegi y sus sucesores, al que la muerte sorprendió sin ver acabado el proyecto. Una vez terminado el edificio, en enero de 1927 se pudo comenzar la actividad escolar y de enseñanza de los oficios, con un grupo de 51 chicos en régimen de internado. Desde entonces una larga trayectoria de más de 80 años ha dado formación, oficio y beneficio a miles de navarros, tanto de la capital como de muchos núcleos rurales. Se comenzó con el Taller de Sastrería, impartiendo la enseñanza un grupo de salesianos bien preparados llegados de Italia y el taller de Talla y diseño del mueble, que consiguió varios premios en las exposiciones que se daban en la época. Después llegó el Taller de Mecánica, y el de Gráficas, que ha permanecido hasta el día de hoy y que ha dado competentes profesionales a la empresa navarra, siendo uno de los líderes de este sector en el ámbito estatal. Es de esperar que, con los obligados cambios producto del diferente desarrollo tecnológico actual, Salesianos continúe con su labor en su nueva ubicación.
El edificio primitivo de 1926, se encuentra en más que aceptable estado de conservación, al menos en sus muros exteriores. No me atrevo, por falta de formación en la materia, a darle un valor arquitectónico importante pero es evidente que tiene un valor histórico, forma parte de nuestro pasado reciente, de nuestra historia y para muchos navarros es también un lugar de memoria. Edificios públicos mucho más modernos y de dudoso valor estético han quedado protegidos sólo por haber sido diseñados por un antiguo arquitecto municipal que ha tenido la suerte de ser considerado como referencial. Pero además, resulta cuando menos chocante que pretendamos construir un Centro Cívico, con su salón de actos, su biblioteca, sus aulas de estudio, su cafetería etc. y para ello tengamos que destruir un salón de actos, una biblioteca, unas aulas y una cafetería. Por no hablar de preparar unas nuevas dotaciones deportivas en un solar en donde ya existen tales dotaciones. El amplio patio del actual Colegio Salesianos cuenta con frontones y pistas para practicar cualquier tipo de deporte colectivo. Su campo de futbol pista ha sido toda una referencia en el también histórico Trofeo Boscos en donde tantos pamploneses han pasado las mañanas de domingo.
La obsesiva idea de la construcción ex novo de cualquier dotación pública, escuelas, centros de salud, bibliotecas sólo tiene una explicación y no es otra que, una vez más, el enriquecimiento de unos pocos. En los países que consideramos como los más avanzados, viejos edificios, colegios, almacenes y fábricas se rehabilitan para reutilizarlos con otros fines, no sólo públicos, también privados. He tenido la fortuna de haber estado alojado con todas las comodidades en una vieja lonja de pescado del puerto de Copenhaven.
Además de tener el Centro Cívico ya realizado, tendríamos espacio suficiente para realizar un pequeño museo de la historia del Centro como Escuela de Formación Profesional, con la exposición de las distintas máquinas y útiles usados, mobiliario etc. Espacio suficiente para otros usos sociales, puntos de reunión de asociaciones de jóvenes, de artistas y artesanos, en fin la lista de necesidades de una sociedad que pretenda ser moderna y culta es amplísima. Lo que menos necesitamos es romper el silencio, la intimidad y la paz del cercano Parque de la Media Luna, lo que menos necesitamos en estos tiempos en donde tantos hacen malabares para llegar a fin de mes habiendo comido cada día, son viviendas de lujo. Creo que el proyecto no es sino una tremenda obscenidad, una más y espero que el grupo mayoritario de nuestro consistorio y sus afines, no tengan la desfachatez de despedir su legislatura aprobándolo. Sería un triste adiós y la corroboración de que nunca han estado al servicio de los ciudadanos sino al de ellos mismos.








