Diez consejos para no caer en la trampa de las encuestas

Informe para entender cómo se hacen los sondeos electorales y de opinión y qué hay que tener en cuenta a la hora de leerlos.

‘Las encuestas no se hacen para reflejar la opinión, sino para acondicionarla’, decía Francisco Ribera ‘Titot’ en Twitter cuando se publicó la primera tras el 9-N. Los resultados de esa encuesta eran difíciles de interpretar porque, tras el clímax independentista de la consulta, el apoyo a la independencia y los partidos soberanistas parecía declinar. Los sondeos de opinión política siempre rodeados de dudas, sospechas e interpretaciones interesadas de los partidos y los medios de comunicación, que pueden llevar a los ciudadanos a engaños y trampas. Por eso hemos querido aclarar algunos aspectos a tener en cuenta a la hora de interpretarlas, con dos expertos en demoscopia: Ivan Serrano (@aubachs), doctor en ciencias políticas (UOC), y Marc Guinjoan (@mguinjoan), doctor en ciencias políticas (UAB). Sus reflexiones nos han permitido confeccionar una lista de consejos que el lector puede tener en cuenta a la hora de interpretar las encuestas publicadas.

Antes de empezar, hay que hacer algunas consideraciones generales sobre los sondeos como herramientas de análisis y, a la vez, como herramientas de propaganda. El sociólogo francés Patrick Champagne, en el libro ‘Faire l’opinion. Le nouveau jeu politique’, denuncia la confusión entre ciencia y política, que hace que un instrumento de medición científica aparezca como la expresión de una voluntad democrática, sin serlo. Esto, a su vez, lleva a la política a justificar su acción con el recurso a la ciencia de los sondeos. Ivan Serrano añade que en las encuestas les preguntamos cosas que no nos pueden responder. Es decir, que queremos hacerles hablar más de la cuenta. Por este motivo, hay que tener algunas prevenciones cuando leemos informaciones sobre resultados de sondeos. Les ofrecemos diez consejos:

 

Quién la hace, quién lo encarga y quién la publica

En principio, quien encarga una encuesta lo hace para saber qué piensan los ciudadanos sobre unas determinadas cuestiones. Por tanto, es lógico pensar que no se busca un resultado engañoso para justificar determinadas decisiones o voluntades. Pero entre los datos originales de una encuesta y los resultados proyectados en los medios de comunicación puede haber una adaptación interpretativa deliberada. Por eso, cuando tengamos delante una información sobre un sondeo, antes que nada tenemos que preguntar quién lo ha hecho, quién lo ha encargado y quien publica la información. Las encuestas las pueden hacer empresas especializadas, institutos vinculados al mundo académico y universitario, u organismos públicos. Los estudios de opinión política los suelen encargar los gobiernos, los partidos y los medios de comunicación.

 

Condicionantes ambientales y proximidad electoral

La segunda pregunta que hay que hacerse es cuándo se ha hecho el trabajo de campo (las entrevistas a los ciudadanos). Cada momento tiene sus implicaciones en la justificación de las respuestas de los encuestados. Los ciudadanos formamos nuestra opinión según las experiencias que tenemos y las informaciones que consumimos. Y esta opinión evoluciona, no es permanente ni definitiva. Por lo tanto, si se hace una encuesta sobre seguridad y política policial dos días después de un gran atentado, hay que saber que el resultado reflejará un estado de opinión muy concreto e influido por la coyuntura. Y será un error el pensar que el resultado de la encuesta refleja la opinión estable o habitual de la población sobre la cuestión. En el caso de un sondeo electoral, la proximidad de las elecciones es un factor determinante para la calidad de la predicción. Cuanto más lejos estén las elecciones, menos definida tiene el ciudadano su opción de voto. Por eso también vale la pena mirar siempre la fecha del trabajo de campo.

 

La técnica

Los sondeos se hacen principalmente por tres métodos: entrevistas presenciales, telefónicas y telemáticas. Cada técnica tiene virtudes y defectos y funcionan mejor según los temarios y las poblaciones consultadas. Por poner un ejemplo muy gráfico, las encuestas telefónicas funcionan mejor en Córcega que las presenciales. Los expertos explican que la población de territorios donde ha habido conflictos abiertos no quiere ser vista respondiendo preguntas en la calle. Las entrevistas presenciales son más caras, pero aún son las más fiables, porque el encuestado no se ve tanto con corazón de mentir. El sistema telemático tiene dificultades añadidas a los otros dos. Por ejemplo, no es un buen método para encontrar la muestra correcta que sea una cata fiel de los perfiles sociales definidos (la estratificación). Según los expertos, el orden de fiabilidad de estas tres técnicas son: presencial, telefónica y telemática.

 

Qué preguntas y en qué orden

Dos encuestas realizadas en el mismo momento y sobre la misma población pueden dar resultados opuestos sobre una misma cuestión. Esto ocurre porque las preguntas se pueden hacer de muchas maneras. Según la teoría, una buena pregunta es aquella que no condiciona la respuesta. Pero los cuestionarios pueden contener preguntas tendenciosas según el objetivo de quien lo ha preparado. Además, en la respuesta también influye el orden de las preguntas. Unas preguntas y respuestas pueden condicionar las siguientes porque el entrevistado trata de crear un discurso coherente sobre la marcha, aunque su pensamiento original no lo sea. También hay otro factor que influye según el orden de las preguntas: el cansancio del encuestado. Si siempre se ponen las mismas preguntas al final y la entrevista dura 20 minutos, es lógico que la atención del individuo sea muy inferior a la que había dedicado a las preguntas del principio.

La famosa serie de la BBC ‘Sí, ministro’ dedicó una escena a la capacidad de orientar las respuestas con el tono, la forma y el orden de las preguntas. Véase a continuación: (Para el video: http://www.vilaweb.cat/noticia/4232271/20150219/deu-consells-caure-parany-enquestes.html)

 

Volumen de la muestra

La calidad de un sondeo va también muy ligada al volumen de la muestra (cantidad de entrevistas válidas hechas). Las encuestas que se publican habitualmente en nuestro país tienen una muestra que oscila entre 800 encuestados y 2.000. Cuanto más entrevistados, más fiable es el resultado. El problema de las encuestas con muestras pequeñas es que no permiten los cruces de subgrupos con suficientes garantías. Es decir, las encuestas con una muestra de 800 individuos dejan ver tendencias a grandes rasgos, pero no ayudan a segmentar y analizar comportamientos más detallados porque la muestra resultante no es suficientemente fiable. Además, en el caso de sondeos electorales se hace muy difícil el hacer proyecciones de diputados porque hay que forzar demasiado la cocina.

 

Presupuesto

Es evidente que cuanto más recursos hay, mejor trabajo se puede hacer, si hay voluntad para ello. Como ya hemos dicho, hacer entrevistas presenciales es más caro que con métodos no fiables. Cuanto más entrevistas se quieran hacer, también se han de invertir más recursos en el trabajo de campo. Y si la encuesta quiere incorporar preguntas pensadas para detectar posibles incoherencias y descartar entrevistados poco fiables, también hay más tiempo, porque las entrevistas se hacen más largas. Finalmente, si hay recursos y no debe cerrarse el periodo del trabajo de campo en un tiempo demasiado breve, un equipo puede dedicarse a buscar los perfiles sociales más difíciles de encontrar. Todo ello hace que el resultado sea mejor.

 

Escenarios volátiles y nuevos actores

Las encuestas son herramientas que pueden pronosticar resultados con más precisión en momentos de estabilidad política, social y económica, que en momentos de convulsión. Los condicionantes ambientales hacen peligrar la validez de la encuesta si cambian a gran velocidad. Todo el mundo debe recordar que los resultados de las encuestas realizadas antes de las elecciones al Parlamento de Cataluña del noviembre de 2012 quedaron muy alejadas del resultado final. Cataluña había iniciado un camino que revolucionaba los fundamentos del comportamiento político y electoral hasta entonces. Era muy difícil de acertar las proyecciones de resultados pOrque los criterios establecidos para hacer ponderaciones y correcciones de la intención de voto directo ya no servían.

Esta dificultad de hacer buenos pronósticos en escenarios volátiles también se extiende a los pronósticos para nuevos actores del mapa electoral. Las proyecciones se realizan con cálculos aplicados al recuerdo de voto y a las tendencias establecidas en elecciones pasadas. Hacer proyecciones de voto de formaciones nuevas es un ejercicio que requiere mucha creatividad y que se debe poner en cuarentena.

 

Los cajones de sastre

Otro ejercicio que hay que hacer cuando recibimos resultados de una encuesta es vigilar los cajones de sastre. La voluntad de dar resultados deslumbrantes hace que a menudo se pongan encuestados muy poco homogéneos en un solo grupo para darle juego. Esto ocurre a menudo con medios de comunicación, que agrupan los votos en blanco, la abstención y los indecisos, por ejemplo. Y es evidente que estos tres colectivos no tienen nada que ver. En lo posible, hay que intentar desgranar grupos que se nos presentan con formas difusas como ‘otros’, porque va a parar todo lo que estorba. En el caso de las encuestas sobre el apoyo a la independencia, esto ha pasado con el grupo llamado ‘indecisos’, que en algunas ocasiones ha encerrado abstencionistas, votantes en blanco y gente que no quería responder -y quizás tenía muy claro el sentido del su voto.. El consejo es observar de cerca los cajones de sastre porque pueden ocultar datos interesantes.

 

El impacto de la corrección política

Un factor que no se puede pasar por alto a la hora de valorar el resultado de un sondeo es el efecto que los expertos llaman ‘deseabilidad social’. Es la corrección de pensamiento que hacen algunos individuos según qué creen que se espera que piensen. Por ejemplo, cuando se pregunta si se votó en las últimas elecciones, el nivel de participación que sale en las encuestas es mucho más alto del que hubo realmente. Porque votar está bienvisto. Es una cuestión de corrección política. También ocurre con preguntas sobre el racismo o el machismo, por ejemplo. Muchos individuos modulan las respuestas según qué consideren que es correcto de pensar.

 

La cocina

Esta es la madre del cordero de las encuestas. Cuando se hacen proyecciones o atribuciones de resultados o de diputados, se aplican una serie de correcciones y ponderaciones a la intención de voto declarada por los encuestados. La cocina tiene muchos ingredientes y cada empresa, instituto u organismo utiliza sus recetas. Eso sí que no es ciencia exacta. Es decir, que en este proceso hay un grado de interpretación muy elevado, con un margen de maniobra muy grande y sin pauta común. Además, los cálculos de la cocina no se hacen públicos junto con los resultados de la encuesta y son muy difíciles de valorar. El mejor consejo en caso de una encuesta es comparar siempre la proyección de voto y resultados con las tablas de intención de voto directo. Y que cada uno saque las conclusiones que considere oportunas.

VILAWEB