Una de las grandes fuerzas ocultas que mueven el mundo -o más bien el immobilitzen- es la envidia. Si alguien ha luchado toda la vida por un determinado objetivo y ve que otro puede conseguirlo -aun sumándose quizás a última hora a este objetivo- podría ser desgraciadamente normal sentir envidia de él, y de alguna manera preferir el fracaso de la causa que su triunfo si es otro quien se lleva los laureles.
Un presidente recibe mucha atención y reconocimiento, la presidencia es un premio de mucho valor, y sobre todo ahora, cuando desde el Gobierno se pueden hacer cosas decisivas de cara a alcanzar el Estado propio. Sin embargo, para algunos sería preferible que esto no llegara si lo tiene que hacer de manos de Mas y Convergencia: ¿por qué ellos y no nosotros? Esta es la eterna pregunta del envidioso: ¿por qué él y yo no, si lo puedo hacer tan bien como cualquiera? El envidioso siente que el otro recibe una atención y una estima que no merece; y por eso se dedica sistemáticamente a boicotearle, incluso a magnificar los problemas que el otro pueda tener que enfrentar, todo para tratar de celebrar su fracaso y usurparle la corona. El envidioso ayuda poco; es cosa sabida.
En política, la envidia es una fuerza motriz poco denunciada, muy oculta, aunque muy presente. Todo lo que hemos visto a raíz de la comisión parlamentaria derivada del caso Pujol tiene más relación con la envidia hacia el presidente que con el justo afán de aclarar una verdad que de principio ya se sabía que no podría aflorar en esta institución. Envidia por ignorancia, porque sí, ya se sabía que no había nada que aclarar, pero el afán de desgaste ha podido más que la prudencia o el ser razonables.
En ningún país de Occidente ha llevado al presidente a una comisión de investigación; sólo en el caso de de impeachment contra Clinton y sus felaciones -ovales- motivaron una pantomima similar, allí en EEUU. El resto de países -d’estats- tienen más cuidado. Aquí queremos ‘estructuras de Estado’, pero las que tenemos -como la presidencia- nos encargamos sistemáticamente de ponerlas en la picota. Somos la democracia más pura del mundo; tanto que ni siquiera tenemos vocación de construir instituciones perdurables, no sea cosa de que alguien haga algo que supere las expectativas.
En esta misma columna ya lo adelantamos: la comisión no serviría para nada -de cara a la verdad ‘de los hechos’, que por cierto ya están en manos de un juez que sí hace su trabajo, no como los miembros de una comisión de investigación que no habían investigado nada…-. Pero todo ello ha servido para otra cosa: para debilitar la presidencia -ha sentado un feo precedente-, al tiempo que reforzar la figura del presidente.
Ya el 9N fue utilizado por algunos como prueba de fuego contra Mas; para tratar de ponerlo contra las cuerdas y evaluar su pureza independentista (y le ha costado una querella que puede acabar con su vida política: no lo olvidemos). Mas superó la prueba, salió reforzado y 3 millones de personas lo han agradecido.
Ahora, algunos tratan de quemar el presidente con otra prueba de fuego: a ver si la corrupción se lo lleva y nos deja el campo libre. Sin embargo, con la habilidad que gastan, el tiro les ha vuelto a salir por la culata (también ya advertimos esto).
Mas ha salido indemne, lo que les debe hacer rabiar aún más (seguro que ya preparan otras ordalías, pues, y ya veréis qué novela de terror será la negociación de la ‘Hoja de ruta’; será otra excusa para la culpa y el desgaste …). Sólo podemos esperar, pues, que continúen con la mecánica de la envidia, y que traten de ponerle trabas o de disminuir los méritos enormes de lo que ha hecho de cara a sacar adelante este proceso dificilísimo. No es de extrañar que ya se pida que no haya ningún tipo de negociación ni hoja o programa; que se practique el sálvese quien pueda convencional y electoral, y el 27S ya hablaremos de pactos y programas. Lo que sea con tal de ahorrarnos el ridículo dentro de la convocatoria a las urnas.
ERC, sin embargo, muerde con timidez, no fuera cosa que ayudara, con su estrategia, a hacer el trabajo sucio del PP y Ciudadanos. Demasiado tarde. Nueva paradoja del envidioso: ni come ni deja que otros coman. Aquí se está haciendo el ridículo, diciendo que se están dando lecciones de democracia. Al mismo tiempo la izquierda «nacional» catalanista y verde de Iniciativa se desmarca del proceso nacional, elevada por Podemos, un partido que hace suyo el discurso de un nuevo nacionalismo exacerbado, el griego, el Estado como triunfo la fuerza contra los dictados de los dueños del dinero alemán.
Los de Iniciativa tampoco lo ven muy claro. Que el resentimiento (otra manera de decir ‘la envidia’) les arrastra las mejillas es más que evidente. Ahora se apuntan a todo lo que exhale olor a ‘desmontar’ el poder o ‘la clase gobernante’, o ‘la casta’, como si esto no fuera lo que se pretende con el proceso independentista… Las primeras víctimas de la caza de casta serán los mismos, porque siempre es contra el más cercano quien actúa en estos casos. Están condenados desde el inicio al corto alcance y a la división. ¿Si no soportan el mundo, como pueden soportarse a sí mismos?
Hasta el próximo viernes.
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