Votaría en contra de esta constitución

Pensar cómo debe ser el Estado que ha de nacer con la independencia de Cataluña es un ejercicio que me parece saludable y necesario. Me parece saludable porque creo que el resultado de las decisiones debe fundamentarse en un debate sereno y sin prisa. Y creo que es necesario porque hay que llegar a mucha gente que no votará la independencia porque sí, sino que lo hará en la medida en que se sienta corresponsable de construir un futuro colectivo diferente. La independencia no la queremos para continuar como ahora. No es sólo la erradicación del déficit fiscal lo que nos empuja a anhelar un Estado independiente para Cataluña. Es un proyecto de cambio y de regeneración que abarca casi todos los ámbitos de la vida pública. En este sentido, bienvenida sea cualquier aportación que se haga para contribuir al debate y al combate de ideas y proyectos. También la propuesta de constitución del juez Santiago Vidal presentada el pasado sábado en Barcelona. Si un documento abre un debate de contenidos y proyectos, hay que recibirlo y leerlo.

Hecho esto, también es cierto que en el debate se encuentra el derecho de criticar lo que no nos guste o que nos parezca inapropiado. Y demasiado a menudo parece que criticar una propuesta entre independentistas sea un ataque intolerable y antipatriótico. Y no es así. Por ejemplo, se ha de poder decir que es desafortunado el redactar una propuesta de constitución fuera de tiempo, sin ningún encargo institucional y medio a escondidas. Y es un error abrir una fórmula de presentación de enmiendas que puede confundir a algunos despistados sobre la oficialidad de la propuesta. Si unos señores quieren reunirse a puerta cerrada para escribir una hipotética constitución, que lo hagan, pero que no confundan a la gente con procesos de debate constitucional que deben ser vehiculados por el parlamento y las instituciones del país. La participación es buena si va acompañada de transparencia. Si no, es muy fácil de instrumentalizar en beneficio de quién sabe qué interés.

Hay muchas maneras de contribuir al debate sobre cómo debe ser la Cataluña del futuro en un Estado independiente sin arrogarse la facultad de redactar una constitución. Entre otras cosas, porque sí me parece imprescindible que la constitución sea el resultado de un proceso de revisión y debate a fondo de la ciudadanía, la sociedad civil, las instituciones y los partidos. Si se tiene la impresión de que el diseño del futuro Estado se hace con propuestas cerradas o ya escritas, será más difícil de implicar a toda la gente que sería bueno que participara.

Tengo otra consideración que hacer antes de pasar a comentar cuestiones concretas del contenido del documento. Nunca me han gustado los jueces estrella. Ni los de allí ni los de aquí. Creo firmemente que la justicia es una de las instituciones más delicadas del sistema democrático. Y cualquiera que quiera ejercer la función de impartir justicia -con todas las implicaciones que tiene para los afectados- debe mantener muy lejos de los focos y de la exposición pública su ideología o sus objetivos o deseos políticos.

La propuesta de constitución que hace Santiago Vidal y su equipo no me gusta nada. De entrada me parece un texto de redacción poco afortunada, desde una perspectiva literaria. En un país de poetas y buenos escritores como el nuestro, no debería costar mucho hacer un texto más exitoso. Defiendo una constitución breve y flexible que dé la oportunidad a los ciudadanos -con su evolución- de ahormar la administración pública y las leyes siempre que quieran. Es decir, que la gente pueda hacer cambios de verdad cuando vota en unas elecciones y los partidos sean verdaderas alternativas. Si la constitución es tan reguladora y concreta como esta del juez Vidal viviremos en una nueva prisión después de habernos escapado de la española. Yo quiero que en mi país la política que haya que hacer la decidan los ciudadanos con su voto y su participación, y no una constitución intervencionista.

La propuesta presentada sábado está bañada con ese tono ‘buenista’ que ya tenía el estatuto , pero que era tan poco eficaz jurídicamente. Los derechos de los ciudadanos no los garantizan un puñado de artículos de la constitución, sino una política eficaz, bien fiscalizada, y una sociedad informada e impregnada de virtud cívica. Ya podemos ir llenando el mundo de derechos, que sin deberes y sentido de la responsabilidad no saldremos adelante.

Por último, más allá de todas estas consideraciones, hay dos razones que me harían votar contra esta constitución. Primera, la desastrosa propuesta sobre la oficialidad de las lenguas. No debería ser tan difícil el informarse y dejarse aconsejar por la gente que hace años y años que estudia estas cosas. Si la voluntad de los redactores era empujar el catalán hacia la desaparición, puedo entender la propuesta. Sin embargo, espero que sea una cuestión de ignorancia que todavía se pueda resolver. Y segunda, el artículo sobre la limitación territorial. Dice: ‘Cataluña limita al norte con Francia, al sur y al oeste con España. Se compromete a mantener los actuales límites territoriales, sin perjuicio de fomentar los especiales vínculos con las tierras de habla catalana bajo soberanía de otros estados’. ¿Que dice que qué? Señor Vidal, ¿quiere que le explique todas las aportaciones de ‘las tierras de habla catalana’ que han contribuido a hacer de usted un independentista? ¿Quiere que le explique dónde estaríamos ahora mismo los principatinos sin todas estas aportaciones?

Podría hacer un repaso exhaustivo de todas las cosas que corregiría de esta propuesta. Pero me parece que vale más que reenfoquemos el debate sin atascarnos en este texto concreto. Me parece más razonable la forma cómo ha trabajado este otro grupo que ha redactado uno, lo ha colgado y ha contribuido al debate sin hacer tanto alboroto. Aunque también votaría en contra. De todo ello trataremos de sacar provecho. Y es una pena que el juez Vidal se encuentre con la guillotina del poder judicial sobre el cuello. Es una auténtica vergüenza. Discrepo de muchos aspectos de su propuesta. Incluso de haberla hecho, como ya he dicho. Pero esta discrepancia -absoluta, en ciertas cuestiones- no impide que exprese por él toda la solidaridad del mundo. Porque no le quieren castigar por haber hecho una mala constitución, sino porque es independentista. Es decir, por un delito de pensamiento y opinión. Una razón más para elaborar una buena constitución basada en la libertad y la prosperidad de todo un pueblo (entero!).

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