Crisis malograda, tiempo perdido

Me desplazo a una fábrica donde nuestra empresa tiene que hacer una instalación. Teníamos que empezar a las nueve y plegar a las doce. Por falta de puntualidad e incumplimientos diversos, empezamos a las doce y acabamos a las tres. Tiempo y dinero perdidos. De esta experiencia, mezclada con otras impresiones del día a día, saco dos conclusiones. Primera, la hispanización de los hábitos catalanes es un hecho incuestionable que no había tenido lugar nunca antes con esta intensidad. Segunda, las únicas lecciones de la crisis que aplicamos son aquellas que, desde fuera, se nos imponen por el método del «¡trágala!». Sólo puedo ser pesimista.

Paro. Principal problema del país. Cataluña tiene un 19% de parados. Ninguna otra región europea con el nivel económico nuestro sufre una tasa de paro similar. A diferencia del norte de Italia, la estructura económica de Cataluña ha sido estrujada hasta convertirse en meridional. Los parados son consecuencia de esta acción.

Estructura del PIB. Salimos de la crisis sin un nuevo oficio para el país. Hay reactivación, y ya se piensa en el sector de la construcción y se encarama el turismo como salvador. Gobiernos indolentes han dejado que el roscón del PIB catalán adoptara, gracias a los caciques locales, una distribución nociva. Que se alejara de la tradición industrial para aproximarse a las economías tumbonas y de baja profesionalidad. La crisis no ha hecho disminuir esta vocación.

Endeudamiento. Una característica específica de la crisis española es el endeudamiento privado -llegó a equivaler a dos veces el PIB-. Deuda final adquirido con instituciones extranjeras -para hacer préstamos, los bancos españoles pidieron dinero prestado en el extranjero-. Desde 2008 esta deuda privada había disminuido tímidamente. Aunque equivale a 1,8 veces el PIB. Pero el año pasado volvió a crecer. Es decir, la recuperación económica proviene, en buena parte, del endeudamiento. Ya estamos otra vez.

Déficit público. A pesar de todos los ajustes que se han llevado a cabo, las administraciones públicas españolas siguen gastando un 6% más de lo que ingresan. Las reducciones anuales han sido muy pequeñas, y la disminución grande del 2014 ha sido resultado de haber incluido la prostitución, las drogas y las armas en la contabilidad del PIB. Nos hacemos trampas y nos felicitamos por los resultados.

Productividad. La competitividad la componen (básicamente) dos factores: el coste por unidad producida y el número de unidades producidas por hora. Nosotros hemos aumentado la competitividad gracias a la reducción de salarios exclusivamente, y no por la incorporación de tecnología y la implantación de nuevos procedimientos y formación que permitan aumentar el output por hora trabajada. Si no es para utilizarla para decir banalidades en Twitter, continuamos despreciando la tecnología y la innovación.

Mercado de trabajo. No se han hecho las reformas que había que haber hecho -vigents en toda Europa-. Seguimos teniendo trabajadores de primera y los nuevos incorporados lo hacen en condiciones lamentables. Las patronales y los sindicatos son un claro ejemplo de inmovilismo y de incompetencia interesada, protegidos por los gobiernos. Siguen siendo los mismos de siempre.

Hábitos. La crisis era una magnífica oportunidad para cambiar de hábitos (familiares y profesionales). No se ha hecho nada. Específicamente en el tema de los horarios. Un acuerdo entre sindicatos, patronales, comunidad educativa y TV3 cambiaría los hábitos horarios radicalmente. No se hace porque no se quiere.

Banca. Se ha avanzado en lo que no es mérito nuestro: la creación de una autoridad central bancaria europea -se reducen las posibilidades de corrupción por proximidad al poder local-. Ahora bien, ha habido tiempo suficiente para que cada uno se fuera haciendo su rinconcito. Las cajas han quebrado sin responsables que paguen por los hechos (principalmente políticos). Después de la limpieza con dinero del contribuyente, los escombros se los han repartidas cuatro: Santander, BBVA, La Caixa y Banco Sabadell. Ahora España es un auténtico cortijo bancario. El cliente ha perdido abanico de oferta y el caciquismo ha aumentado. Las autoridades han velado para que las entidades hundidas no fueran a parar a bancos extranjeros -que habrían ventilado el mercado español-. Supongo que todos estos burócratas tendrán premio cuando plieguen de la administración.

Resumen. Ha sucedido lo que me temía: empezamos a salir tímidamente de la crisis y lo hacemos sin haber aprendido nada. Sigue siendo imprescindible una absoluta colonización de Europa avanzada sobre nosotros. No sólo de hábitos públicos políticos, sino también privados. Al igual que Latinoamérica (¡quién, si no nosotros, se lo enseñó!), Somos incapaces de aprender de los propios errores y, menos aún, de esforzarnos por corregirlos.

ARA