Analizamos en este informe los factores políticos que pueden influir en los comicios del 27-S
Las elecciones adelantadas para votar sobre la independencia de Cataluña se harán finalmente el 27 de septiembre. Así lo ha permitido el acuerdo entre CiU y ERC, por más que los republicanos habían pedido que se hicieran en el mes de marzo, antes de las municipales de mayo y de entrar dentro del calendario electoral español que culminará a finales de año con las elecciones a las cortes. Ahora ERC, la ANC, Òmnium y la AMI han aceptado las elecciones en otoño, a cambio de la unidad. En este artículo analizamos qué implicaciones puede tener el hacer las elecciones en septiembre y no en marzo.
Las municipales, nuevo sentido y nuevos efectos
Una de las primeras evidencias de un calendario electoral para el Parlamento de Cataluña en otoño es que las elecciones municipales se harían antes. Y esto dará un sentido muy diferente a las elecciones municipales. Las dinámicas específicas locales impedirán hacer una extrapolación de los resultados, pero sí se podrán interpretar las tendencias al alza o a la baja de los partidos soberanistas como un castigo o un premio a las decisiones tomadas en el proceso de independencia. Las elecciones municipales pueden convertirse en un termómetro de las que se hagan en otoño. La confrontación entre los proyectos de los partidos comprometidos con la independencia servirá para ver el grado de madurez del acuerdo alcanzado ayer en relación con el objetivo común del 27 de septiembre, al tiempo que se defiendan proyectos políticos diferentes a nivel municipal.
También habrá que ver qué alianzas priorizan los partidos para formar los gobiernos locales en las principales ciudades del país. Por ejemplo, ¿ERC optará por hacer tripartitos de izquierdas o buscará la unidad soberanista con CiU? Sea como sea, dejar las elecciones para el otoño dará a las elecciones municipales un sentido diferente y unas consecuencias de cara a las parlamentarias que no lo habrían tenido de haberlas hecho antes.
¿Las españolas contaminarán el debate?
Las elecciones españolas se han hacer este otoño como mucho. De momento, nada hace pensar que Rajoy las quiera adelantar y hacerlas justo después de las municipales y las autonómicas en la mayoría de comunidades españolas; más bien al contrario, hay rumores de que las pueda atrasar hasta el mes de enero. Por lo tanto, habrá una coincidencia en el calendario electoral catalán y español. ¿Cómo afectará esto a las elecciones adelantadas en Cataluña? Es una incógnita, pero seguro que el debate en Cataluña no estará exento de referencias a los aires de cambio en España y a las promesas que suelen hacer los candidatos de los partidos españoles en Cataluña. ¿Qué efectos tendría un ‘apoyaré’ federalista [al más puro estilo Zapatero] por parte de Pablo Iglesias o Pedro Sánchez?
Además, el panorama político español puede haber cambiado sustancialmente tras las municipales y las autonómicas en muchas comunidades. Si el PP ha recibido un castigo generalizado y ha perdido el poder en unas cuantas comunidades y capitales españolas, ¿qué efectos tendrá esto en las promesas de cambio que puedan hacer los defensores de la ‘tercera vía’? Sea como sea, la contaminación del debate sobre la independencia de Cataluña en unas elecciones que quieren tener un carácter plebiscitario será muy difícil de evitar si se hacen en otoño.
Factor Podemos, auge o declive
Uno de los elementos a tener en cuenta entrada en la dinámica electoral española es la evolución que pueda tener Podemos. Su irrupción en el panorama municipal y autonómico puede confirmar los grandes resultados que prevén las encuestas o puede desinflarlos. También habrá que ver qué opciones ha tomado la formación de Pablo Iglesias en los municipios, pero sobre todo en los parlamentos del País Valenciano y de las Islas, e incluso en Navarra en todos estos territorios, de su decisión sobre los pactos de gobierno puede depender la continuidad de los gobiernos del PP. El auge o declive del fenómeno Podemos puede tener unos efectos muy concretos en la campaña electoral en Cataluña y en la composición del parlamento resultante de los comicios en otoño: algunas encuestas los han situado como tercera fuerza parlamentaria y primera unionista en la cámara catalana. Conviene recordar que Podemos ya ha dejado claro más de una vez que no piensa apoyar una declaración de independencia en el parlamento.
Factor Unión, ¿aire para la federación?
La lista unitaria que propuso el presidente Mas a finales de noviembre comportaba resolver un conflicto pendiente dentro de Unió Democrática de Cataluña y entre esta formación y los socios de Convergencia. De entrada, una convocatoria electoral con una lista sin partidos y claramente favorable a la independencia obligaba al partido de Duran a hacer una votación sobre la independencia en su consejo nacional que se evitó antes de la consulta del 9-N. En el momento en que se convoquen elecciones para obtener un mandato sobre la independencia, Unió deberá decidir si puede ir en una candidatura a favor del Estado independiente. Si las elecciones se hicieran en marzo, esta decisión se debía tomar ahora. Haciendo las elecciones en otoño, la federación entre CDC y Unió puede continuar hasta que se convoquen. Por tanto, las candidaturas municipales de CiU pueden pasar de puntillas por esta cuestión y adaptar el discurso según la composición de cada delegación local.
¿Un presidente inhabilitado?
En este momento está en curso el proceso judicial que pretende la inhabilitación del presidente Mas, la vicepresidenta Ortega y la consellera Rigau. Según los expertos, este proceso puede durar un año aproximadamente. Unas elecciones en marzo habrían esquivado esta cuestión, mientras que los comicios en otoño pueden llegar con una resolución judicial en un sentido u otro. De momento, los primeros indicios que han llegado del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña apuntan a una absolución de los encausados o una pena menor por haber organizado el 9-N. Pero ahora mismo es una incógnita cuál será la sentencia y no se puede descartar que el tribunal decida desactivar a Mas antes de las elecciones. Y en cualquier caso, si aún no hay una resolución definitiva, sí es evidente que el proceso judicial habrá avanzado significativamente.
Una ANC sin Forcadell
La Asamblea Nacional Catalana (ANC) ha de celebrar elecciones para renovar la dirección esta primavera. Una de las víctimas de esta renovación será la presidenta Carmen Forcadell porque los estatutos de la entidad limitan los mandatos. Los dirigentes de la ANC pueden formar parte del secretariado un máximo de dos años. Por tanto, la ANC que llegará a otoño será diferente de la actual, por lo menos, en cuanto a su liderazgo. La entidad deberá encarar un nuevo Once de Septiembre previo a las elecciones con nuevas caras. Y también habrá que ver que los cargos salientes de la entidad, empezando por Forcadell, pueden acabar formando parte de alguna de las listas independentistas.
Por otro lado, la bronca que han protagonizado estos últimos dos meses CiU y ERC se ha trasladado al interior de la entidad. ¿Cómo gestionará la nueva dirección esta pugna hasta el otoño? ¿Quién asumirá el control de la entidad una vez Forcadell y algunos de sus máximos ayudantes tengan que abandonar los cargos?
El factor Diada
Que las elecciones sean el 27 de septiembre implica que la campaña electoral comience justamente el Once de Septiembre. Una jornada que los tres últimos años ha sido multitudinaria, pero que este año la ANC no había tenido en cuenta en la planificación porque contaba con que los comicios llegarían antes, esta primavera. Por eso no habían previsto ninguna movilización, y ahora la entidad empieza a pensar. Ayer uno de los miembros del secretariado, Ferran Civit, decía: ‘Desde la Asamblea no teníamos nada previsto para la Diada de este año. Por lo tanto, comenzamos la recogida de propuestas para sorprender al mundo de nuevo’.
El hecho de que la campaña comience el Once de Septiembre puede significar también de entrada un factor movilizador mayor para el independentismo, que podría poner en marcha con fuerza la cuenta atrás electoral. Ya hay gente que a través de las redes pide incluso un acto conjunto de inicio de campaña de las fuerzas independentistas.
El caso Pujol, más avanzado
Uno de los impactos más significativos que recibió el proceso soberanista en 2014 fue el estallido del caso Pujol y la confesión del expresidente. El estallido de aquel caso llevó a dos vías de actuación: la investigación judicial y la comisión parlamentaria sobre el fraude fiscal y la corrupción. La disolución del parlamento para hacer elecciones en marzo detenía el trabajo de una comisión que podía suponer un desgaste para CiU. También se evitaba que la vista judicial del caso coincidiera con la campaña electoral. En cambio, hacer las elecciones en otoño permite a la comisión continuar su curso y hacer comparecer a dirigentes y exdirigentes de CiU durante el primer semestre de este año. Y habrá que ver cómo avanza el proceso judicial contra algunos miembros de la familia Pujol y qué impacto tiene en la confianza en CiU y el presidente Mas.
Estructuras de estado y constitución
El adelanto de las elecciones al 27 de septiembre implicará, según el anuncio que hicieron ayer Mas y Junqueras, que durante estos ocho meses CiU y ERC trabajarán conjuntamente para tirar adelante, culminar o perfilar las iniciativas necesaria para poner en marcha algunas estructuras de Estado sensibles: hacienda propia, arquitectura diplomática institucional, sistema de seguridad autosuficiente, etc. Por tanto, la idea es que las elecciones se puedan hacer con una situación más avanzada de las estructuras de Estado que permitan hacer más seguro el salto hacia la independencia.
Esto irá acompañado de una hoja de ruta que CiU y ERC quieren negociar también con la CUP e ICV, además de entidades diversas de sociedad civil para concretar los pasos a seguir en el proceso de elaboración de una constitución para Cataluña. El propósito es que después de las elecciones, en caso de victoria del independentismo, comience una legislatura constituyente que, en palabras de Junqueras, permita ‘ejercer la independencia en 2016’.
La unidad y la estabilidad parlamentaria
Este último elemento es seguramente el que había quedado más dañado estas últimas semanas. El acuerdo de ayer se presentó también como una actualización del acuerdo de gobernabilidad entre CiU y ERC, y como una autocrítica por parte de los dirigentes políticos por la bronca, en palabras de Mas. Es un acuerdo también sobre la unidad reconstruida. Y habrá que ver qué continuidad que tiene durante estos meses, en cuestiones diversas como la comisión de investigación del caso Pujol o la aprobación del presupuesto.
La recuperación de las relaciones entre CiU y ERC ha abierto de nuevo el debate sobre la posible entrada de los republicanos en el gobierno; Junqueras lo había planteado en un artículo reciente, y ayer lo puso sobre la mesa de la reunión con Mas y las entidades en el Palau de la Generalitat. Mas declinó el ofrecimiento, pero no ha cerrado la puerta definitivamente. Junqueras insiste en que está dispuesto, pero recuerda que es Mas quien tiene la última palabra.
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