De Navarra a Buenos Aires

Cuando Francés de Beaumont y Navarra se embarcó rumbo al Río de la Plata en el año 1598 para ocupar sendos cargos burócratas lo hizo consciente de que cumplía un destino al menos dichoso. Nacido en Pamplona en 1560, pertenecía a la familia que en 1512 abrió las puertas del Estado vascón a los castellanos. Ese pasado de infamia no significaba una carga para él, por el contrario se creía predestinado a continuar prácticas caracterizadas por la codicia, la traición y al menos el desinterés por la condición humana. Así traficó esclavos, fue contrabandista, político y fiel ejecutor de las órdenes que desde España se impartían con el objeto de apropiarse de los recursos naturales americanos. El genocidio de los pueblos originarios no fue impedimento para satisfacer a sus superiores. Cuando falleció en 1620 legó $ 2.000 a la orden de los franciscanos, de esta manera Francés pagaba sus culpas y pecados en este mundo. La posteridad, orgullosa de sus actos, le reservó un lugar en los libros de Historia, autores navarros, argentinos y paraguayos aplauden en sus páginas su ejemplar “vida y obra”.

Una herencia menos gloriosa de sus actos tuvieron los Pampas, Querandíes, Chaná, Timbúes, Charrúas, etc. El pueblo Chaná fue exterminado, cuentan los cronistas que acompañaron a los conquistadores que las mujeres chaná abortaban para que impedir un futuro de esclavitud. Del pueblo Pampa-Het sólo se conservan cuatro o cinco palabras de su lengua, la misma suerte corrieron los Querandiés, los Timbúes y los charrúas.

No es este el lugar de analizar las motivaciones que originaron el genocidio americano. Si me parece necesario puntualizar las explicaciones que pretenden justificar lo injustificable y lo que es peor aún su permanencia en el presente. En otras palabras ¿desde donde la historia oficial convierte en héroe al traidor? ¿Cómo se defiende la continuidad en el tiempo del genocidio como condición necesaria para el progreso capitalista y el beneficio personal de aquellos que construyeron la “Hispanidad”?, ese mito que todo lo justifica. La hispanidad es un discurso claramente determinado por la voluntad de administrar una memoria única, de gestionar la historia y de encubrir el engaño y la manipulación del incipiente capitalismo moderno mediante el cultivo extremo de las formas culturales, un discurso culturalista guiado por la supresión de la disensión y de la conciencia crítica para promover una cultura oficial al servicio del silencio.

Nadie en América piensa que San Martín o Bolívar fueron guerrilleros o terroristas que atentaban contra el bien común, por el contrario todo el mundo acepta que salvaron a sus pueblos de la esclavitud para ser independientes. ¿Porqué en Euskal Herria no se valora de igual modo a los que luchan por su independencia?