Los días van pasando, y aquellos que prefieren seguir formando parte de España, aquellos que tienen que ofrecer una reforma de la Constitución con la que la mayoría de catalanes se sientan cómodos, no concretan -a pesar de partir de un modelo ya existente sobre el que pueden trabajar y hacer simulaciones-. Me adelanto y oso detallar aquellos aspectos mínimos que, pienso, debería recoger una nueva Constitución que permitiera que un buen número de catalanes se sintieran confortables.
Reconocimiento de principios. Reconocer que, en el pasado, Cataluña ha sido una nación despreciada, los derechos constitucionales de los que fueron devastados por la Guerra de Sucesión. Hacer explícito que España y la Corona trabajarán activamente para reparar moralmente los agravios acumulados: persecuciones culturales e ideológicas, condenas vejatorias (como la del presidente Companys), etc.
Reconocimiento nacional. Dejar claro que en España hay cuatro naciones: Cataluña, Euskadi y Galicia (estas dos últimas, si así lo manifiestan y lo desean motu propio) y la España castellana. La España castellana se articula en regiones autónomas. Cataluña, y las otras naciones, pueden tener un Estatuto o una Constitución propios que pasarían a formar parte, al tiempo que constituirían, la Constitución española completa. Las naciones deberían tener reconocimiento internacional a efectos de selecciones deportivas y otras cuestiones de relevancia.
(Este punto persigue evitar la generalización de lo que debe reservarse sólo a los hechos nacionales; ha quedado demostrado que la generalización igualitaria, además de ser artificial, hace que España sea ingobernable, inviable económicamente e -importante para nuestros intereses- consigue diluir el hecho diferencial catalán.)
Derechos históricos y otros. El reconocimiento de Cataluña como nación deriva de su historia y de su vocación. En consecuencia, Cataluña tiene lengua y derecho propios que articulará como ella desee mediante sus leyes correspondientes. Cómo se explique la historia y la realidad de Cataluña en las escuelas del resto de España será materia de especial atención en la Constitución española, y se castigará la mentira y la xenofobia.
Lengua y cultura. Reconocimiento explícito que el catalán ha sido una lengua perseguida. Y que si bien ahora mantiene una cierta igualdad en el número de hablantes respecto del castellano, el hecho es debido a la persecución e imposición de los sucesivos gobiernos españoles, no fruto del darwinismo lingüístico. Hacer explícito en el texto constitucional que si bien la dictadura franquista significó opresión para todos los españoles, en el caso de los catalanes esta represión fue doble, ya que se sufrió un genocidio cultural.
El catalán pasa a ser oficial en toda España, no con el objetivo de que sus ciudadanos tengan que aprenderlo obligatoriamente, sino con la intención de que sean de aplicación forzada todas las disposiciones de mercado y culturales en vigor en todo el territorio español en igualdad de condiciones (vía adoptada en Suiza y Canadá para solucionar, de una vez, y entre otros, el problema de etiquetado de productos, por ejemplo).
Concierto económico. Cataluña recaudará todos los impuestos y pagará a España el importe correspondiente por los servicios recibidos. Adicionalmente se pagará un plus de solidaridad voluntario (negociable anualmente según los objetivos, el uso que se haga de los fondos y la situación económica del entorno).
Legislación y participación internacional. No habrá competencias compartidas y España sólo mantendrá aquellas que, por lógica y eficacia, no tiene sentido pasar a nivel subsidiario (ejército, impresión de moneda, aplicación de tratados internacionales aunque afecten a Cataluña si antes han sido acordados con nosotros, etc.). Articulará la forma de representación de Cataluña en la UE basándose en lo que ya hacen otros países y se propondrán iniciativas a los organismos internacionales para dar representación a las naciones sin estado.
Conclusión. Estos son unos puntos mínimos a los que, pienso, aspiran la mayoría de los que no quieren romper con España. De hecho, es lo que obtendrá Escocia, sin ir más lejos. Me atrevo a decir que incluso los votantes catalanes del PP suscribirían estos puntos -porque todos los catalanes, íntimamente, aspiran a estos mínimos-. La cuestión es: ¿si todos sabemos que nunca, nunca en la vida, obtendremos estos mínimos, me quieren explicar los señores Iceta, Duran, Herrera y otros por qué se dedican a practicar la frivolidad y el engaño de manera descarada y sostenida ?
ARA









