Quien no conoce su historia no se entiende a sí mismo, ni sabe por qué las cosas suceden de una cierta manera y no de otra, ni puede saber cómo será el futuro. Citando de manera indirecta a Salvador Espriu, es ésta una gran carencia en la «piel de toro»…
Explica Pierre Vilar que «la identidad catalana viene de muy lejos. De 1250 a 1350 el Principado catalán es el país de Europa a propósito del cual sería menos inexacto, menos peligroso, pronunciar unos términos aparentemente anacrónicos: imperialismo político -o «Estado nación»-, Estado que tenía su propio sistema fiscal al margen del monarca y que era gestionado por una Diputación que asumía la representatividad de todo el país, los tres brazos: los nobles, los oficios y la iglesia.
Precocidad en la formación y precocidad en la decadencia. A finales del siglo XV, la guerra civil, la peste, el bandidaje, hacen que Cataluña tenga 300.000 habitantes, pierde 200.000 en un siglo. Castilla tiene 8 millones. La unión entre Fernando e Isabel es motivada por la Corona de Aragón por el peligro de Francia. Con la unión, Cataluña no recupera su política, no tiene fuerza para imponerla y el objetivo del Mediterráneo después de Lepanto se pierde porque para los Austrias la guerra y la expansión europea son prioritarias, son intereses dinásticos más que nacionales. Las colonias americanas la financian.
Esta expansión imperial la paga y la padece más Castilla que Cataluña que queda exhausta y no sabe, no puede, tomar el tren de la industrialización a partir del siglo XIX. Hay un paralelismo entre la Guerra de los Comuneros a mediados del siglo XVI con la llegada de Carlos I como primer monarca de la dinastía de los Habsburgo en España y la Guerra de Sucesión dos siglos después contra Felipe V, primer Borbón. En ambos casos se defendían las libertades propias contra el absolutismo impuesto… Cataluña mantuvo hasta 1714 sus instituciones y sus cortes que legislan y fijan impuestos y negocian las contribuciones que pagan a la corona. Son Pierre Vilar, Jaume Vicens y su discípulo Josep Fontana los que señalan acertadamente la fuerza de Cataluña en los siglos XVI y XVII. El absolutismo hace perder a Castilla y Cataluña sus libertades. Castilla se aproxima a la corte del monarca, único centro de poder, Cataluña está al margen pero no renuncia y una y otra vez las reclama.
La afirmación de que Barcelona debía ser bombardeada periódicamente y las palabras de Ortega: «El problema catalán hay que conllevarlo» demuestran desde la barbarie y la inteligencia la dificultad de comprensión de esta carencia que Cataluña siente y reivindica. Escribe Fontana: «La revuelta de 1640 era la reacción de una tierra ‘rica y plena’ contra las repercusiones de la decadencia castellana, mientras que la de 1705 nacía ‘del deseo de consagrar una esperanza’ por parte de unos grupos que tenían un proyecto propio de país». Identifica Fontana la relación entre el renacimiento económico iniciado en el Principado, las aspiraciones al comercio libre y el comercio colonial, con las actitudes políticas que llevarían a la Guerra de Sucesión. Sin entender la historia de estos años no se puede comprender ‘la renaixença’ (‘el renacimiento’) catalana del XIX. Hay una permanencia interrumpida con la Guerra de Sucesión del sistema de libertades y privilegios basados en leyes que no eran concesiones reales sino textos aprobados en las Cortes y sancionados por el rey. «Tú eres más que nósostros pero todos nosotros juntos somos más que vos». Eran estas las palabras repetidas en las Cortes en Barcelona.
«Que haya una relación directa y definida entre la existencia de un sistema parlamentario, que garantice la estabilidad de las leyes y la equidad del reparto de impuestos y el desarrollo capitalista moderno es un hecho que hoy se reconoce universalmente». Es una afirmación que Fontana hace y que justifica la política catalana que al no tener Estado desde 1714 se concentra en la iniciativa civil en la fuerza del asociacionismo. Se cubre la carencia…
En momentos álgidos para el nacionalismo conviene saber de dónde venimos y el porqué de estos rasgos diferenciales, pero conviene también que termine una historia larga de fracasos en procesos políticos y de éxitos en culturales y económicos.
Los catalanes quieren que estas dos trayectorias converjan pero debemos saber ser pacientes. La aspiración catalana de afirmación nacional es estable y no circunstancial. Ante este hecho el oportunismo puede no ser buen compañero.
EL PUNT – AVUI








