El miedo

En nuestra sociedad existen muchos miedos. Algunos tienen que ver con la inseguridad social que genera este modelo político y económico como el miedo a la exclusión, a la pérdida del trabajo, a la precarización social de las personas. Otros miedos tienen que ver con las posibilidades políticas de modificación, transformación y cambio del status quo actual, en esta tipología podemos reconocer la explícita manipulación que utiliza el poder político para perpetuarse y regenerarse a través de la política del miedo.

Identificamos en los discursos políticos nabarrófobos la idea del miedo como parte de la capacidad de gobernar. Si la gubernamentalidad tiene que ver con una serie de tecnologías del gobierno, la creación de sujetos temerosos podría ser parte de esa capacidad. La negación de parte del gobierno de la comunidad foral al reconocimiento y la aceptación de Nabarra como el Estado nacional de Euskal Herria se explica por el potencial de este concepto –Nabarra- como viabilidad política de la independencia.

La generación del miedo a la independencia es posible a través de relatos ficcionales que pretenden eliminar la identidad nabarra. ¿Cómo se relatan y justifican públicamente siglos de extrema violencia política? Solo a través de la creación de discursos y narrativas funcionales a los beneficiarios de la conquista y colonización. Es común encontrar en estos discursos proespañoles (UPN, PPN, PSN, etc.) los conceptos de tolerancia, justicia, igualdad, diversidad, paz, sin embargo en la práctica representan todo lo contrario. Estos relatos se caracterizan, además de su carencia de rigor histórico, por su capacidad de generar miedo en la sociedad. El objetivo de estos relatos es la estigmatización social de las experiencias colectivas independentistas, una especie de damnatio memoriae que permite una reinterpretación del pasado funcional al imperialismo y a la represión popular. Sobran ejemplos históricos que dan cuenta de la vulneración de los derechos humanos materializados en la criminalización y judicialización de la independencia: Desde las masacres en la conquista militar de los territorios nabarros, pasando por la represión de los intentos de defensa de los fueros, hasta el encarcelamiento en verdaderos campos de concentración, el exilio decimonónico, las desapariciones del franquismo y las prisiones españolas y francesas donde hoy en día se paga el precio por testimoniar a favor de la libertad. La manipulación del pasado, que niega los hechos mencionados más arriba pretende mitigar la resistencia desde la identidad. Estas medidas tienen por objeto generar miedo en aquellos que manifiesten voluntad de ser nabarros e intenten participar en experiencias políticas independentistas. Precisamente estas experiencias, que tienen una alta densidad social y política, se conceptualizan desde un enfoque bélico, como guerra antiterrorista. Esta conceptualización bélica habilita prácticas políticas de eliminación del otro, pensar en el otro como enemigo y por lo tanto exterminarlo. El miedo a compartir ese destino (de ser eliminado o encarcelado) tiene sus efectos. Ya Aristóteles hablaba del miedo como control social. Cuando la sociedad tiene miedo está dispuesta a cederle más atribuciones y derechos al Estado a cambio de una supuesta seguridad. El Estado aparece así como el gran garante de la seguridad de la sociedad a cambio de reducir derechos, cuando es el mismo Estado el que provoca la mayor parte de esos miedos. El discurso del miedo – que vienen los vascos, todo es ETA- permite a UPN y a España ampliar su potencial de violencia, su brazo armado, supuestamente para defender a la ciudadanía. De algún modo los ciudadanos atemorizados votan por estas promesas de seguridad.

Podemos afirmar que el Estado colonial de la Comunidad Foral genera los miedos que luego pretende combatir. Las demandas del incremento de la penalización y judicialización de la independencia provienen de los grandes sectores de poder (medios de comunicación, los grandes industriales, los bancos) para la seguridad de sus negocios. De esta manera UPN defiende los intereses de las grandes corporaciones en detrimento de los derechos del pueblo.

Si hoy en día seguimos pagando la derrota militar en Noáin, digamos a nuestro favor que el sueño de la independencia tiene una parte de realidad, en las prácticas políticas que modificaron muchas cosas, más allá de los resultados, por ejemplo a vencer el miedo que desde el poder colonial nos quieren imponer. Muchos de los procesos importantes de la Historia han surgido de derrotas, lo peor en la historia no es ser un derrotado, lo peor es ser un opresor, un traidor o un genocida.