Hace unos días, el señor Jaume Bosch, diputado de ICV, me dedicaba un escrito pleno de descalificaciones personales por haber osado cuestionar la figura de su jefe político en el artículo «El papel de estraza de Joan Herrera» (http://www.nabarralde.com/es/egunekoa/12653-el-papel-de-estraza-de-joan-herrera). Me tildaba incluso de mezquino y sectario. El mismo lenguaje que Mariano Rajoy emplea con el presidente Mas. Muy bien. Ahora hablaremos de eso. Sin embargo, quiero empezar agradeciéndole que haya elegido mi humilde persona para vaciar el buche a pesar de que las críticas que recibió Joan Herrera, algunas muy fuertes, para intentar desacreditar la consulta y alinearse con PP y Ciudadanos, diciendo «no iré a votar», fueran numerosísimas en todos los medios de comunicación. Es todo un honor tanta distinción. Claro que también puede ser que lo haya hecho porque piensa que soy el más débil. Ya se sabe, hay figurones con las que es mejor no meterse, ¿verdad, señor Bosch?
Sin embargo, no sé a qué secta cree el señor Bosch que pertenezco, por el solo hecho de no comulgar con las ruedas de molino del señor Herrera. Los sectarios, como todo el mundo sabe, son los que defienden un partido político por más execrables que sean las acciones que cometa. Este es el caso del señor Bosch, hasta el punto de que su escrito sería un buen modelo de sectarismo en una facultad de periodismo. Sobre todo teniendo en cuenta que actúa como servidor del señor Herrera, no sea que este se manchara las manos.
En todo caso, tal vez es por mezquindad y sectarismo, por lo que el señor Bosch aprovecha su artículo para colgar medallas a ICV y hacer reproches a «todo el mundo». Huelga decir que «todo el mundo», son CiU, ERC y la CUP, el resto de partidos soberanistas. «Si no fuera por nosotros…», nos viene a decir el señor Bosch. Sólo le falta añadir que CiU, ERC y la CUP son unos locos iluminados. De hecho, son tantas las medallas que se cuelga, que casi echo de menos que no acabe reivindicando un monumento. A mí también me reprocha que «olvide» que el gobierno que homenajeó al fascista Samaranch en 2010 era tripartito, no sólo de ICV. Pero se equivoca de medio a medio. No es ningún olvido. Hay varios artículos míos entonces denunciando aquel acto infame. Ocurre, sin embargo, que el texto publicado días atrás en Nació Digital se centraba sólo -sólo- en la persona de Joan Herrera, que ya era dirigente de ICV en 2010. Sin embargo, el señor Bosch debe pensar que implicando a terceros la culpabilidad se diluye.
Resulta especialmente escandaloso el argumento con que Jaume Bosch pretende excusar la celebración de ese homenaje. Lo fundamenta diciendo que estaban obligados porque Jordi Pujol había concedido la Medalla de Oro de la Generalitat a Samaranch en 1985. Dios mío, ¡qué osadía! Ahora resulta que la culpa era de Pujol. Jordi Pujol era un gobernante de derechas, señor Bosch, ¡pero se supone que ICV es de izquierdas! Y es como persona de izquierdas que yo también soy, por lo que se lo reprocho. No hay ninguna ley, ninguna, en ningún país democrático, que obligue a un gobierno nacional a homenajear a dirigentes fascistas. ¡En ninguna parte! Los gobiernos que homenajean a fascistas lo hacen porque les apetece, sea cual sea el número de asistentes. Y el partido dirigido por el señor Herrera, en el que usted militaba y milita, homenajeó al hombre que era mano derecha de un régimen que asesinó miles y miles de catalanes de izquierdas. Pero aún hay más. Fue su partido, señor Bosch -su partido-, junto al PSC, quien en 1987, en calidad de gobierno municipal, otorgó la Medalla de Oro de la ciudad de Barcelona al fascista Samaranch. ¿Lo recuerda, o se lo recuerdo?
El atrevimiento, sin embargo, continúa, si tenemos en cuenta que el mismo día del homenaje póstumo en 2010 a Samaranch, el señor Bosch declaró a la prensa que el personaje tenía claroscuros entre los cuales «su pasado no democrático vinculado al régimen franquista». Como si no fuera el mismo partido del señor Bosch quien le estaba homenajeando en el Palau. Está bien, eso de ser gobierno y oposición al mismo tiempo. Ya lo hacía en Joan Saura, que dirigía policialmente las manifestaciones en las que participaba.
Para más descaro, el señor Bosch dice que «hace reír» que los herederos del PSUC, líderes en la lucha contra el franquismo, se deban defender de haber homenajeado a un dirigente fascista. Mira por dónde, es justamente por eso lo que deben hacer. Porque su acción de gobierno, con ese acto repugnante, ensucia sin escrúpulos la memoria de unas siglas históricas. De hecho, si algunos viejos dirigentes del PSUC hubieran comandado el partido del señor Bosch en el año 2010, aquella bajeza nunca se habría celebrado. Y digo «algunos», porque había otros de la ‘gauche divine’, muy ricos, que eran muy amigos de Samaranch y que compartían las noches con él en Bocaccio.
Por supuesto no faltan los que «justifican» el homenaje a Samaranch por los Juegos Olímpicos que concedió a Barcelona. ¡Ahí es nada! Se ve que una concesión hecha por la famosa secta de magnates olímpicos a una ciudad exculpa a los dirigentes de un régimen que cometió miles de crímenes contra la humanidad. ¿Hay que recordar que los crímenes contra la humanidad no prescriben? Ni en sueños me puedo imaginar a los Verdes alemanes -amparándose en una antigua medalla de oro- haciendo lo mismo con viejos dirigentes nazis en la sede del gobierno de su país. No lo harían en ninguna parte, pero mucho menos en la sede del gobierno alemán, casa de todos los alemanes en la misma medida en que el Palau de la Generalitat es la casa de todos los catalanes. Homenajee a Samaranch en su casa lo que quiera, señor Bosch, pero tenga la ética y la dignidad de no hacerlo en la nuestra.
NACIÓ DIGITAL
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