Sin embargo persistiremos

Es muy bien cierto que están desbordados. Quieren disimularlo mediante la prepotencia y cubriéndose con sábanas para intimidarnos, como hacen los niños cuando juegan a fantasmas, pero no lo consiguen. Nos desprecian, nos insultan, nos difaman, nos amenazan, nos amordazan, nos acosan la lengua, nos ahogan económicamente, nos denigran a través de sus medios de comunicación…, pero no lo consiguen. Ahora ya ni siquiera provocan enojo, sólo hilaridad. Buscan desconcertados aquella Cataluña que conocían, la que era todo bondad con sólo que España fruncíera las cejas, pero no la encuentran. «¿Dónde se ha metido?», se preguntan. Y mientras se lo preguntan se ven obligados a reaccionar a toda prisa -Consejo de Estado, Consejo de Ministros, Tribunal Constitucional-, porque el proceso catalán hacia la independencia no sólo no se detiene ni se debilita, sino que avanza con paso firme y se fortalece.

Cada día que pasa, Cataluña desenmascara más y más la falsa democracia española ante el mundo. Lo ha hecho el Reino Unido, recientemente, admitiendo con naturalidad el referéndum por la independencia de Escocia, y ahora lo hace Cataluña en el camino hacia el 9-N. Es decir, que en muy poco tiempo han quedado al descubierto los gravísimos déficits democráticos españoles y la mascarada de la llamada Reforma después de la muerte de Franco. Ahora todo el mundo puede ver que los que removían las cerezas entonces son los mismos que las remueven hoy. Algunos tenían cargos entonces y los siguen teniendo hoy y otros son sus continuadores. Detrás, sin embargo, siempre encontramos a Castilla, la Castilla imperial que, poco a poco, perdiendo colonia tras colonia inexorablemente, se va encogiendo y retornando a su tamaño original.

Por ello, tanto las amenazas de Alicia Sánchez-Camacho, diciendo que todos los que convoquen concentraciones contra la sentencia del Tribunal Constitucional ante los ayuntamientos «cometerán un delito de sedición», como las de José María Mena, ex-fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, en una línea pinochetista contra las libertades más elementales, son la viva constatación de la impotencia y de la desesperación. Estas son las amenazas de Mena: «Desde el momento en que [la consulta] sea ilegal por una suspensión automática y de efecto retroactivo, las autoridades, funcionarios y particulares que realicen actividades proclives, material y directamente, a la ejecución de la consulta o a la decisión del gobierno de Cataluña, cometen un delito. Delito, que conlleva la inhabilitación para alcaldes, concejales, ciudadanos… Incluso para los titulares de los locales donde se realicen actos o se preparen las instalaciones para la votación de la consulta».

Y no satisfecho con ello, Mena añade que habrá miles y miles de «juicios rápidos» contra todo tipo de particulares. Igual que en una dictadura. Franco sabía mucho de hacer juicios a gran velocidad, y Pinochet también. Y en China tienen la mano rota de tanto hacerlos. Todos los regímenes dictatoriales, por más que se disfracen, los practican contra los que se atreven a desafiar sus leyes absolutistas. Esta es la razón por la que los catalanes -aunque sometidos al Estado español- nos vemos obligados a reivindicar el año 2014 el mismo que reivindicábamos hace cuarenta años bajo el régimen franquista: la libertad de expresión. Hoy, como entonces, volvemos a cantar ‘La estaca’ como himno contra un Estado dictatorial que criminaliza las urnas, que criminaliza el voto, que criminaliza a los votantes, que amordaza el pueblo catalán y que amenaza con perseguir, detener, inhabilitar, sancionar y encarcelar a presidentes, alcaldes y ciudadanos que no se sometan a los designios del nacionalismo español.

También pueden prohibir que los escritores catalanes hablemos en el extranjero y pueden enviarnos legiones de policías españoles. Seguro que lo pueden hacer. Ya lo están haciendo. Sin embargo persistiremos. Persistiremos, porque ninguna amenaza impedirá que nos concentramos ante los ayuntamientos contra un Estado dictatorial. Persistiremos, porque ningún heredero ideológico del franquismo impedirá que nos mantengamos unidos contra leyes antidemocráticas. Persistiremos, porque una Constitución no puede ser nunca una cárcel de pueblos. Persistiremos, porque el Tribunal Constitucional español no nos representa ni lo reconocemos. Persistiremos, porque nunca consentiremos que un tribunal designado por el Partido Popular y por el Partido Socialista decida el futuro de Cataluña. Persistiremos, porque nunca consentiremos que doce individuos sentados en un despacho de Madrid decidan el futuro del pueblo catalán.

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