Mariano Marzo es catedrático de estratigrafía y profesor de recursos energéticos y geología del petróleo en la Universidad de Barcelona. Asegura que las exploraciones petroleras en la costa catalana no suponen ningún riesgo para las personas, el entorno y la fauna marina
-De un tiempo a esta parte, varias compañías petroleras internacionales han mostrado interés por explorar las aguas profundas de nuestra costa, con la esperanza de encontrar una mina de oro negro. ¿Era antes un gran desconocido este tramo del Mediterráneo?
-Hasta hace poco, no era posible saber qué había bajo el subsuelo de las formaciones geológicas salinas originadas como consecuencia de la desecación del Mediterráneo en el Mioceno final. Las ondas sísmicas no podían atravesar esta capa, porque la sal absorbía la onda y creaba una frontera. Pero desde hace unos años disponemos de la tecnología necesaria para explorarlo, y esto, sumado a la escasez de hidrocarburos, lógicamente ha hecho que nuestra costa sea más atractiva en este sentido. Las compañías que ya han obtenido la licencia correspondiente se encuentran en la fase exploratoria de obtener imágenes geológicas que aportarán los datos necesarios para evaluar las posibilidades de encontrar formaciones susceptibles de albergar gas o petróleo. Se trata de nuevos sistemas de exploración sísmica que ofrecen un registro continuo a lo largo de una determinada ruta, de manera que se obtiene cuál es la estructura marina y de las rocas que hay en el fondo del mar.
-¿Científicamente, hay indicios, de que la costa catalana, valenciana y balear sea una esperanza para la industria extractiva?
-Se abre la posibilidad de explorar áreas hasta ahora vírgenes en este sentido, y lo que se imagina la ciencia es que habrá rocas generadoras de petróleo y estructuras geológicas por debajo de esta sal. Hay una cierta probabilidad de que existan, pero eso es teoría, hay que ver qué pasa en la práctica. El área que se quiere sondear es tan extensa que ya da una idea de que no hay un objetivo concreto, sino que se trata de averiguar qué hay bajo esta inmensa área cubierta de sal.
-Actualmente hay cuatro grandes proyectos de exploración petrolera solicitados por compañías internacionales, algunos de los cuales todavía no tienen la autorización y quedan a la espera de los estudios de impacto ambiental. Con todo, se ha generado un rechazo social importante. ¿Hay riesgos objetivos?
-De entrada, debe quedar claro que el hecho de que una empresa pida un permiso para obtener líneas sísmicas no significa en ningún caso que haya un compromiso de la administración para explotar un hallazgo. Y en segundo lugar, diría que la alarma social en torno a las exploraciones sísmicas la han provocado entidades ecologistas y lobbies del sector turístico sin conocimiento de causa y de forma imprudente. Esta práctica está regulada por la UE, que tiene unas leyes muy concretas sobre cómo se deben llevar a cabo estas prospecciones para no incidir directamente sobre el comportamiento y el hábitat de los animales y que no afecte a la biología de la zona. Esta legislación se cumple y se debe cumplir. Que esta legislación sea escasa o suficiente, eso sí se puede discutir, pero no es una cuestión salvaje como quieren hacer ver algunos lobbies.
-Aseguran que habrá impactos sobre el paisaje, el fondo marino y los animales marinos, además de perjudicar la imagen turística del país. ¿No es cierto?
-¡Que miren Noruega! Un país con una sensibilidad ambiental extraordinaria tiene todas sus costas del mar del Norte con una franja de permisos de exploración y de explotación de hidrocarburos. De lo que se trata es de ver cómo se hacen compatibles diversas actividades económicas, no querer tener un monopolio exclusivo con la cuestión de los intereses turísticos, que es la razón que está dirigiendo todo el movimiento de protesta.
-La sociedad está hipersensibilizada con esta cuestión. El proyecto Castor, los derrames de petróleo de la plataforma de Repsol en Casablanca -14 derrames en 10 años-. Quizá las administraciones y las compañías mismo no informan bien.
-La información llega muy distorsionada y enfocada a intereses concretos. Pero la realidad es la que es. De estos derrames, ¿cuántos han perjudicado el sector turístico? Ni uno. Es evidente que se producirán derrames, como se ha producido ahora un porque se ha hundido un barco petrolero, o como hace unos días, que embarrancó un petrolero frente a las costas de Marruecos. ¿Y cuanto hidrocarburo derramamos al mar proveniente de la condensación del consumo del petróleo en nuestras ciudades? ¿Debemos creer que al sector turístico los clientes les llegan sólo nadando y a pie? Debemos ser serios y no dejarnos llevar por los intereses de determinados lobbies que bajo la excusa de que lo que quieren es preservar unos puestos de trabajo, supuestamente en peligro por la agresión al paisaje, se oponen a cualquier discusión un poco crítica sobre los parámetros que rigen el sector turístico.
-Haga la crítica.
-Es un sector energéticamente superintensivo, pero paradójicamente no está dispuesto a renunciar a este consumo. Planteemos el problema en toda su dimensión y hablemos a fondo de todo, no sólo de lo que interesa a unos cuantos. Pero no es ético generar alarma social y no decir la verdad. Muchos dicen no al petróleo pero llenan el depósito de gasolina, y son los mismos que aplican el dicho de «muerto el perro, se acabó la rabia», es decir, si detienen los procesos de estudio y de explotación, que están regulados por la UE, erradicarán el problema de las energías fósiles. Si realmente no se cumple la normativa, que nadie sufra, que habrá sanciones, seguro.
-La cultura del ‘not in my backyard’, no en mi patio trasero.
-Exacto, pero sólo hay que mirar un poco fuera de casa para ver qué pasa en el mundo con el petróleo. Por ejemplo, Escocia plantea la viabilidad de la independencia conforme a sus recursos petroleros, y Noruega y Brasil, por ejemplo, hacen compatible la actividad petrolera con una sensibilidad ambiental extrema, generando riqueza pero cumpliendo estrictamente la normativa. Pero aquí, en vez de ir a trabajar en positivo buscando ese compromiso, de alguna manera se pretende anular esta posibilidad de raíz, jugando con la desinformación. Porque estamos hablando de actividades que en ningún caso pueden generar algún tipo de derrame o incidencia sobre las costas, al margen de que esta exploración desemboque finalmente en algún hallazgo de yacimiento de petróleo que se acabe explotando.
-Quizá no hay petróleo en nuestras costas.
-Puede pasar. En cualquier caso, yo pediría que si la gente no sabe en qué consisten estas pruebas, se abstenga de opinar. Sobra opinión, falta conocimiento. Cualquier persona con sentido común puede entender que si estas pruebas de exploración comportaran un riesgo para la población o el entorno, no serían autorizadas. Se hacen en todo el mundo, y lo único que verá la gente es un barco que pasa por alta mar. No verá absolutamente nada más, esto no es un Castor, y aunque se diga prospección sísmica no tiene nada que ver con los terremotos, son cañones de aire comprimido, y tampoco tiene nada que ver con una explotación de petróleo como la de Repsol en Casablanca.
-¿Las ondas que limpian los cañones comprimidos no pueden tener incidencia sobre la fauna marina?
-Es lo único que podría pasar, pero los barcos que hacen las prospecciones llevan personal a bordo para que en caso de que se detecte que en aquellos momentos hay una concentración de cetáceos o que entra en una ruta de migración, se controla el momento exacto en que se hace la prospección. Por tanto, tampoco hay problemas en este sentido. Pero determinados lobbies se aprovechan del sentimiento de antipatía que generan en nuestra casa los hidrocarburos -aunque representan el 80% de la energía que se utiliza en el mundo, también en los Países Catalanes- y del desconocimiento de las técnicas de extracción para generar más rechazo en la sociedad y crear un estado de alarma social que les favorezca. Es una mezcla de intereses concretos, falsas creencias e ideologías, todas muy respetables, pero que acaban convirtiendo en verdad absoluta y conocimiento lo que sólo es una opinión.
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