Nacionalistas divisores

Jose Manual Durao Barroso, a la sazón presidente de la Comisión Europea, ha hecho un bonito discurso en un acto en el que ha recibido el IX premio europeo Carlos V por su aportación a la unificación europea. En dicho discurso, como no podía ser de otra manera en presencia del príncipe de España y de Mariano Rajoy, ha criticado con dureza a los ‘nacionalismos extremos’, a los que ha presentado como contrapunto de la unidad y la fraternidad que representa, según él, la Unión Europea.

Por supuesto, esta crítica ha merecido grandes aplausos del público presente en Yuste, lugar de entrega del premio. Faltaría más. Sin embargo, sus palabras bien podrían haberse entendido de una forma bastante diferente. Para ser precisos, de forma totalmente contrapuesta a como, seguro, la han entendido Rajoy o el Borbón.

¿A qué ‘nacionalismos extremos’ se refería el señor Durao Barroso? ¿Al de los secesionistas catalanes, vascos, escoceses o irlandeses? ¿O tal vez al de aquellos que, enrocados en una concepción napoleónica del estado-nación, están haciendo imposible que la unificación europea avance de verdad en la única dirección que, a decir de los principales expertos en gobernanza, va a hacer posible la pervivencia de la UE a medio plazo y la prosperidad de los europeos?

Porque tenemos que ser plenamente conscientes de una cosa: aquellos que critican ahora a los catalanes o los escoceses por promover su conversión en estados-nación independientes, son los mismos que impiden el avance de la unificación europea, porque ello supondría la disolución efectiva de sus amados estados-nación -al parecer esos sí importantes; esos sí necesarios- en una unidad estatal superior, la verdadera Europa unificada. Los más nacionalistas son, curiosamente, los mayores detractores del nacionalismo … de los demás.

Este planteamiento tan abiertamente esquizofrénico se repite a nivel local. Un ejemplo lo hemos visto hoy mismo en Catalunya con una intervención de la máxima responsable del Partido Popular en el Parlament. En su discurso, la señora Sánchez-Camacho ha insistido una vez más en la idea de que la propuesta ‘secesionista’ liderada por Artur Mas va a dejar a Catalunya ‘frustrada’ y ‘dividida’. Sobre todo, dividida.

Es una idea cachonda que tanto PP como PSOE gustan de utilizar en Euskadi cada vez que a la mayoría abertzale del Parlamento vasco se le ocurre levantar un poco la cabeza: sólo las propuestas de PNV o EH Bildu dividen a la sociedad vasca. No divide a la sociedad vasca, por lo visto, que España imponga por la fuerza su identidad nacional o cultural, rechazando de plano, incluso constitucionalmente, la existencia de una identidad colectiva vasca que nos permita, por ejemplo, participar como vascos en competiciones deportivas oficiales de carácter internacional. No divide a la sociedad vasca, por lo visto, que las instituciones y los partidos políticos españoles insistan una y mil veces en que la única ‘nación’ existente es la española. Una nación española que engulle a catalanes y vascos, lo quieran estos o no.

Dicho de otro modo, para el discurso político-sectario del nacionalismo español, lo que divide a las sociedades vasca o catalana es la reclamación mayoritaria de dichas sociedades de poder ‘existir’ como identidad colectiva, como nación, pero, misteriosamente, no las divide la imposición identitaria y política que España ejerce sobre vascos y catalanes, con el apoyo de menos de una tercera parte de la población. En la misma línea, sólo las opiniones, valoraciones o reclamaciones de la mayoría, en Euskadi o Catalunya, ‘rompen la convivencia’ en ambas sociedades, mientras que, por alguna extraña razón mística, las constantes imposiciones identitarias o de soberanía que provienen de Madrid, y que rechazan de manera abierta, radical, la inmensa mayoría de los ciudadanos vascos o catalanes, sólo provocan paz ciudadana.

El cinismo radical se ha instalado en los representantes políticos del nacionalismo español. Y cuando se intentan aplastar la verdad, la voluntad de la mayoría y los procesos democráticos con cinismo y manipulando el lenguaje, lo que es seguro es que ganará la división social y perderá, seguro, la convivencia.

IZARO NEWS