Fernando Sánchez Aranaz. Escritor e historiador
Sánchez Aranaz duda de que la ciudadanía sepa qué festeja este fin de semana. Tal vez lo haría si leyera su libro ‘La Batalla de Vitoria’, un fiel retrato de la Gasteiz de 1813 alumbrado tras cinco años de intenso trabajo. El colaborador de DNA presenta su obra hoy en el Zapateneo.

Vitoria. Mucho se ha escrito sobre la Batalla de Vitoria, aunque el ciudadano justo conozca el resumen. ¿Qué ofrece su libro que nos anime a conocer más el conflicto?
Siempre me había atraído este tema y cuando paseaba por los montes de alrededor de Vitoria, siendo historiador, relacionaba acontecimientos… Así que fui metiéndome en el tema, recopilando información. Sobre todo me interesaban los estudios de Emilio Larreina, acerca del propio desarrollo de la Batalla, y los de José María Ortiz de Orruño, que van más sobre la situación socioeconómica durante la ocupación napoleónica. Todo ello dio lugar a una estructura con tres partes: la primera, sobre la situación histórica general, cómo se llega a esa Guerra de la Independencia, que yo la llamo Peninsular porque afectó también a Portugal, la importancia de la Constitución de Cádiz y su repercusión…; una segunda, que se centra en cómo era la Vitoria de 1813 y las relaciones socioeconómicas de la capital burguesa con las aldeas; y una tercera, con la descripción en sí de la Batalla.
¿Qué es lo que estamos conmemorando en este bicentenario?
Sinceramente, no sé muy bien qué estamos celebrando. ¿Que ocurrió una batalla hace doscientos años? Pues muy bien. A los historiadores nos encanta eso, pero la ciudadanía no sé si llega a saber qué festeja, más allá de que haya conciertos y representaciones teatrales, que me alegro porque tengo amigos músicos y actores. Curiosamente, cuando se celebró el primer centenario lo tuvieron muy clarito: se hizo el mamotreto de la Plaza de la Virgen Blanca, donde pone «A la Independencia de España». Y ahora no sé si piensan lo mismo. La cuestión es que la Constitución de Cádiz dictó que la soberanía española la tenían los representantes en las Cortes, y eso fue causa de muchos conflictos posteriores. No nos damos cuenta, pero en los últimos 220 años el País vasconavarro ha pasado la Guerra de la Convención, la Guerra Peninsular, la Rebelión Realista, la I y II Guerra Carlista, la Guerra Civil… Tenemos una historia que como para celebrar batallas. Aparte de que las hemos perdido casi todas.
Pero ésta la vamos a festejar, y con un intenso programa lúdico-cultural.
A ver, es bonita, muy vistosa y tal… No estoy en contra de que se recuerde. Pero creo que la ciudadanía no entiende lo que se celebra. Además, una batalla, con muertos y destrucción, no debería de ser un motivo de celebración, ¿no?
¿Cómo era la Vitoria de 1813 que retrata en su libro?
En el libro he imaginado a un viajero que recorre sus calles, como si fuera una visita turística. Claro está, era muy diferente. Vitoria era lo que es ahora el Casco Viejo, pero amurallada. Estaba construido el Ayuntamiento y la Plaza Nueva, y las casas que están detrás de Los Arquillos. Donde la delegación del Gobierno se encontraba el convento de San Francisco, derribado en 1930. El río Zapardiel discurría al aire libre. En definitiva, era un pueblo grande.
¿Y de qué vivía ese pueblo?
Entonces había tres municipios: Ali, Elorriaga y Vitoria. Del de Vitoria dependían 43 aldeas de los alrededores, que constituían el 80% de la población. En Vitoria se vivía de la comercialización de los excedentes de esas aldeas. Y Vitoria era un centro de distribución de mercancías.
¿Cómo se percibía la situación política de ese momento?
En aquellos tiempos, la postura era aguantar lo que se podía. Las aldeas fueron las que más sufrieron, se vieron obligadas a vender los comunales para pagar los tributos que exigían los franceses. Y se produjo una situación curiosa. Los burgueses pagaban un impuesto a los franceses y éstos les daban un recibo que, en realidad, era un préstamo y así pagaban las tierras que compraban a los aldeanos. Pasó la guerra y aquellos recibos no valían nada, por lo que los aldeanos se encontraron con papel mojado. Supuso el principio de la decadencia de los concejos.
Como para convertir la Batalla en un motivo de alegría…
La ocupación en sí fue ruinosa, pero tras el fin de la guerra tampoco levantaron cabeza.
Y aun así, tenemos hasta himno, el de Beethoven.
También se dan hechos curiosos, como la creación de una obra de teatro que no se llegó a representar nunca, editada en 1813, de un autor conocido en la época, Antonio Valladares. Se llama El Triunfo mayor de España, por el gran Lord Wellington.
Cuéntenos algo de Lord Wellington, ése al que las instituciones nos venden como nuestro salvador.
La figura de Lord Wellington es muy interesante, se esté o no de acuerdo con sus ideas. Era un noble británico nacido en Irlanda, estuvo en la India porque un hermano mayor suyo fue destinado allí y fue con él. Su vocación era la de músico pero por estas cosas de las familias nobles se hizo militar. Y muy amigo del General Álava, que empezó siendo marino y luego pasó al ejército. Otra vida muy interesante.
¿Cómo era ese otro gran protagonista de la Batalla de Vitoria?
El General Álava al principio era liberal. Cuando se proclamó la Constitución de Cádiz los Fueros se abolieron, pero la provincia le nombró diputado general siendo ilegal ese cargo. Después, cuando volvió Fernando VII y los Fueros regresaron, volvió a jurar el cargo, pero esta vez por la Constitución. Y se hizo un constitucionalista furibundo. Tenía contradicciones. Además, sería muy interesante conocer su opinión sobre Fernando VII, porque por sus acciones estuvo condenado a muerte por este rey. No se caían muy bien.
El caso es que, como dice aquella obra de teatro, el gran triunfo de España…
… Lo ganó un británico. Por tanto, ¿qué celebramos? Normal que a mucha gente le chirríe.
Ahora no tenemos guerras, pero sí un modelo que sigue chirriando.
Efectivamente. Con la crisis y el lío de Europa, se ve que el sistema se desfleca, que no tiene mucha base. También esta conmemoración queda como deslavazada. Quizá si la hubiéramos ganado nosotros, tendría sentido celebrar La Batalla, a pesar de que las guerras conlleven muertes y desastres, cosa que no es para festejar. Pero es que encima la ganaron los ingleses.







