El año pasado se celebraron los cien años de la independencia de Albania . Durante mucho tiempo la realidad albanesa ha venido marcada en los medios occidentales por un abanico de prejuicios y un gran desconocimiento. Esas deficiencias informativas se enmarcaban en la tradicional política “informativa” que esos actores desarrollaron durante décadas bajo la excusa del supuesto aislamiento del país.
La muerte de Enver Hoxa en 1985 y la desintegración posterior del espacio soviético tuvieron sus consecuencias en Albania, donde el sistema hasta entonces imperante se vino abajo. Pero el cambio no trajo consigo la transformación “prometida”. La población albanesa fue seducida en parte por los cantos de sirena que desde Occidente se lanzaron, “para lograr la libertad y la prosperidad económica”.
Sin embargo la realidad fue bien distinta, convirtiendo el país en un estado emigrante, alterando las estructuras y la producción internas, y abocándolo al precipicio de una guerra civil. La crisis de la llamada banca piramidal y los enfrentamientos armados que siguieron a la misma a mediados de la década de los noventa mostraron las diferencias entre lo prometido y la realidad.
También en esos años resurgió el debate sobre la “cuestión nacional” albanesa, sobre todo a raíz de los acontecimientos en Kosova, que dará pie al debate sobre la población albanesa de Montenegro, Macedonia y Chameria, una región del noreste de Grecia.
Al igual que ha ocurrido en los países del antiguo espacio soviético, apenas quedan restos visibles del régimen socialista. La mayoría de monumentos, estatuas de Enver Hoxa, o referencias al sistema han desaparecido. Sin embargo todavía pueden verse decenas de ellos conmemorando a los partisanos y a los gestores de la independencia de 1912, y que en su mayor parte fueron erigidos durante el periodo citado.
La actual situación política en Albania es la herencia de las pasadas décadas. Con una fotografía con decenas de partidos políticos (muchos de ellos apenas tienen apoyo ni actividad política), pero con menos de une decena de ellos con algún tipo de influencia. Los dos principales partidos, el Partido Socialista (fruto de la reconstrucción del anterior partido dirigente, el Partido del Trabajo de Albania, y tras abandonar su anterior ideología) y el Partido Demócrata (una amalgama de individuos y organizaciones con diferentes intereses y puntos de vista, cuyo único lazo en común es su oposición al anterior régimen) se han ido alternando en el poder desde el cambio de régimen.
Los programas de ambas formaciones carecen de un posicionamiento claro en asuntos claves, lo que permite la paradoja de que en ocasiones la derecha apoye políticas sociales, mientras que la izquierda ponga en marcha políticas liberales. Más allá de esa situación, se pueden percibir algunas diferencias entre ambas formaciones. Así, históricamente, los dos subgrupos del país (ghegs en el norte y tosks en el sur) han dominado la política del país. Los primeros se han alineado mayoritariamente con los demócratas, mientras que los segundos apoyan por lo general a los socialistas.
Otras formaciones como el Movimiento Socialista por la Integración (socialdemócrata), el Partido Republicano (conservadores), el Partido por la Justicia, Integración y Unidad (minoría griega) o el Partido Unidad por los Derechos Humanos (centrista) pugnarán por conservar su presencia parlamentaria y condicionar las futuras alianzas.
Por su parte, los herederos del Partido del Trabajo de Albania, organizados en el Partido Comunista de Albania buscan fortalecer las alianzas con otras formaciones de izquierda y acceder al parlamento albanés.
La política en torno a la religión desarrollada en el país durante muchas décadas (incluyendo la declaración en la década de los sesenta como estado ateo) ha hecho que la misma no tenga hoy ninguna incidencia en la política y en las divisiones de la misma, algo que choca en ocasiones con otras realidades en los países vecinos.
El próximo 23 de junio se celebrarán las nuevas elecciones parlamentarias, y todos los análisis apuntan a una reñida pugna entre las dos principales formaciones del país, que probablemente necesiten del apoyo de otros partidos para alcanzar la mayoría. En la mente de muchas personas está la votación de 2009, que estuvo llena de irregularidades y que generó enfrentamientos en las calles y la muerte de varios manifestantes. Además, aquella situación supuso un freno en las ambiciones de Albania por ingresar en la Unión Europea (UE). Desde Bruselas se insiste en la necesidad, entre otras cosas, de celebrar unas elecciones “libres y justas” para poder convertirse en un país candidato a miembro de la UE.
El caos de 1997, la desestabilización de 1998 y las frecuentes crisis políticas e institucionales siguen planeando sobre la escena política albanesa, aunque con una menos intensidad que en el pasado.
La economía del país también sigue su curso. Considerado como uno de los países más pobres del continente europeo, se sustenta fundamentalmente en las remesas de dinero que llegan al país. Con una población de cerca de tres millones de habitantes, otros seis millones viven fuera del país.
Los cambios de la década de los noventa trajeron una transformación absoluta de la realidad económica albanesa, dando paso a privatizaciones en la industria y agricultura (en Albania también surgirán sus propios oligarcas), reformas que permitirán la llamada “economía de mercado”, liberalizando la misma y dando paso a situaciones como la crisis de la banca piramidal.
Además esa situación trajo consigo el cambio demográfico actual. La mayor parte de la juventud emigró al extranjero, y desde los las zonas rurales muchos otros se desplazaron a las principales ciudades, sobre todo a la capital, Tirana. Ello ha provocado el abandono de numerosos pueblos y un decrecimiento importante del peso de la agricultura.
A nivel industrial, Albania es el tercer productor mundial de cromo, y tiene también minas de hierro y cobre. Algunas compañías británicas están haciendo prospecciones en torno a bolsas de petróleo y gas, aunque son muchos los albaneses que comentan pesimistamente que en caso de prosperar las mismas, “la riqueza acabará en manos de los extranjeros y de algunos pocos políticos locales”.
El desarrollo hidroeléctrico durante al etapa socialista ha permitido al país un abastecimiento constante, a pesar de que en ocasiones se producen cortes puntuales de la energía eléctrica en diferentes zonas del país.
De momento, Albania, a diferencia de sus vecinos parece haber sorteado la crisis económica, sin embargo, muchas de las remesas que llegan al país lo hacen desde Grecia e Italia, por lo que no es descartable que finalmente la crisis en esos estados tenga también su repercusión en Albania.
El peso de la economía sumergida, la construcción incontrolada, sobre todo en la costa, la burbuja del ladrillo, son factores que pueden acabar condicionando el futuro del país a medio plazo. Algunos analistas comentan que a pesar de casi una década de conflicto violento, “Albania ha sido capaz de avanzar de forma sustancial en los últimos años, con una economía dinámica y una de las tasas de crecimiento económico más altas de la región”.
Sin embargo, a pesar de un aumento sustancial en el ingreso nacional y el nivel general de vida de los grupos más privilegiados muchos albaneses siguen viviendo las consecuencias de la falta de una infraestructura social.
Las teorías de la llamada “gran Albania” obedecen a intereses de determinados grupos más que a una realidad palpable en la región. El conflicto de Kosova dio pie a que muchos medios “descubrieran” la existencia de albaneses más allá de Albania. Posteriormente, los conflictos en Macedonia, y en menos escala en Montenegro alimentaron las teorías de una Gran Albania. Y ello se reforzaba si tomamos en cuenta la situación del noreste de Grecias, donde una importante comunidad albanesa lleva allí desde hace mucho tiempo.
Sin embargo, a día de hoy, ninguno de los actores mencionados apuesta por esa formulación de la Gran Albania. Hace unos años, unos y otros utilizaban ese término para defender sus propios intereses y debilitar las posiciones de sus adversarios o como unan “amenaza a la paz regional”, pero en la actualidad en las calles de Albania la mayoría prefieren mantener las actuales fronteras, y buscar un mayor acomodo de las minorías albanesas en los estados vecinos.
El cambio de los últimos años ha variado también el peso y las tradicionales rivalidades que los diferentes actores han mantenido en la región. El llamado conflicto de Kosova reactivó un nuevo espacio “político, económico y cultural albanés”, reestableciendo los lazos y las relaciones entre los distintos pueblos albaneses de la región, y también en la importante diáspora albanesa en otros lugares del mundo.
Estos días muchas miradas están puestas en el posible acuerdo entre el gobierno de Serbia y Kosova, lo que podría transformar la región y sobre todo las expectativas de esos dos estados de cara a su acceso a la Unión Europea. Algo que hace unos años se mostraba como inconcebible, puede acabar materializándose, y en buena medida gracias a la labor de los dirigentes serbios y kosovares, e incluso a que los estados de la UE y EEUU por una vez parecen haber aparcado sus propios intereses en la región, priorizando la posibilidad del citado acuerdo.
El próximo año se cumple el centenario del atentado contra el Archiduque Francisco Fernando de Austria en Sarajevo, y que dio pie a lo que algunos han venido a definir como “el barril de pólvora balcánico”, una interpretación que puede quedarse en los libros de historia.
Otro aspecto que utilizan los medios es la supuesta presencia mafiosa en el país. Es evidente que en algunas partes de Albania todavía prevalece el peso de una sociedad clánica, y donde los nuevos oligarcas locales han ganado espacio, pero probablemente la situación no será muy diferente en otros estados europeos.
En el pasado esos intentos por dar tanto protagonista a esos grupos mafiosos ha evitado conocer mejor la realidad de aquel país. Un ejemplo lo encontramos en las protestas de 1997, cuando mientras que gran parte de la comunidad europea ligaba los sucesos a maniobras mafiosas, la situación nos ofrecía otra realidad.
Determinados políticos, junto a oligarcas y mafiosos sustentaron un sistema bancario al hilo de la caída del anterior régimen. Sin embargo las protestas fueron dirigidas por la mayor parte de la población contra esos actores. Las erróneas teorías que ligaban todo ello al “crimen organizado” ocultaban un pueblo que se había forjado en mil batallas y con una enorme tradición partisana. Una insurrección modelada por dirigentes con pasado partisano, con fórmulas de organización locales, con acceso a armamento y con una importante educación fue la clave de los acontecimientos que desde Occidente no se quiso o no se supo analizar.
En la actualidad el mito “de la mafia albanesa” cae por su propio peso tras recorrer los pueblos y ciudades del país, y a pesar de que todavía se siguen dando situaciones donde esos sectores marcan un aspecto importante de la sociedad (la economía sumergida) la realidad de Albania es mucho más que eso.
El país sustenta una historia por donde han pasado pueblos e imperios, y donde se ha forjado su propia cultura y su identidad. Una población mayoritariamente joven tendrá que afrontar los cambios y los condicionamientos que se generen en el interior y exterior de sus fronteras.
* Txente Rekondo.- Analista Internacional
Publicado por Nabarralde-k argitaratua









