Wertigo

Durante la campaña electoral de las recientes elecciones catalanas habrán oído ustedes a los dirigentes del Partido Popular, como los he oido yo, la exigencia a CIU de que se olvidaran de aventuras soberanistas y se centraran “en lo que realmente importa a los ciudadanos”. Un argumento que también hemos oido los vascos, hasta hartarnos.

Pues bien, parece que los líderes populares, cuando decían estas cosas, tenían en mente cuestiones -crisis, paro, desahucios, despidos, EREs- distintas a las que ‘realmente importan’ en España. Se conoce que la crisis sólo preocupa en Catalunya.

¿Por qué digo esto? Pues porque el ministro de educación del gobierno del PP, el ya famoso Wert, ha pergeñado una nueva, enésima, Ley de Educación que, contrariamente a lo que han defendido los propios líderes populares -centrarse en la crisis y sus derivados- pone el énfasis en “españolizar a los alumnos catalanes”, en palabras del propio Wert. ¿Pero no habíamos quedado que toda decisión que se centre en cuestiones identitarias o ideológicas es contraria a ‘lo que realmente importa’? Tal vez lo que ocurre es que en España la crisis, el paro o los desahucios no son lo que más importa a los ciudadanos, más centrados, a lo mejor, en sus obsesiones identitarias. Como en España no hay paro…

No sólo eso. La carga ideológica que lleva la nueva ley destaca sobremanera por encima de cualquier otro elemento de juicio. La ley no pone el acento en medidas destinadas a evitar el ridículo de los alumnos españoles cada vez que los señores del informe PISA envían sus encuestas. Ni en las medidas necesarias para evitar que el fracaso escolar en España afecte al 40% de los alumnos. O que el paro juvenil supere el 50%. No. La ley encuentra toda su razón de ser en la imaginaria situación de indefensión que, según el Wert Campeador, padece el castellano en tierras vascas y catalanas, especialmente en las segundas a causa del sistema de inmersión lingüística existente en ese país.

Por supuesto, para obtener esta conclusión el señor ministro tiene que hacer abstracción de la cruda realidad. Así, olvida que su propio partido interpuso una querella de inconstitucionalidad contra la inmersión lingüística catalana, precisamente con el citado argumento de la indefensión del castellano. Y que el Tribunal Constitucional le dijo que nones, que la norma catalana era plenamente constitucional porque de ninguna manera el castellano sufría recesión alguna. El señor ministro lo debería tener claro: si hubiera sido remotamente cierto que el castellano sufría persecución o minoración alguna con la norma catalana, el TC lo habría declarado inconstitucional, porque la Constitución es tajante al respecto. Por lo tanto, si los jueces del Tribunal Constitucional le dieron su plácet, es porque lo que arguye el señor Wert no existe. Es mentira.

Y hay otro dato más. Como bien dejó claro el president Mas en su momento, precisamente en contestación a los argumentos del señor Wert, parece bastante llamativo el hecho de que, con la supuesta persecución y todo, los alumnos catalanes obtienen mejores notas en la asignatura de Lengua Española que los de las Comunidades únicamente hispanohablantes. Tal vez debería el señor Wert utilizar sus cañones contra sus propios convecinos.

Mucho me temo que lo que ocurre con el señor Wert, como ocurre siempre con el Partido Popular, es que su objetivo, al argumentar como lo ha hecho, no ha sido otro que intentar legitimar, con un baño de victimismo, su verdadera pretensión de imponer, por las buenas o por las malas, una situación de primacía fáctica para el castellano sobre las otras lenguas oficiales, léase catalán y euskara principalmente. Puro nacionalismo español, pura imposición, pura soberbia de conquistador revenido. Castellanismo necio en la peor de sus acepciones.

Por no hablar de los delirios franquistas que se adivinan detrás del modelo propuesto por el señor Wert: laminación de la educación pública en favor de la concertada-religiosa, encarecimiento insostenible de la educación pública universitaria para evitar el acceso de los más pobres, apoyo a colegios religiosos que promueven la segregación por género del alumnado, revalorización de la asignatura de religión católica, reposición de las viejas ‘reválidas’, infravaloración de las asignaturas de lengua cooficial -euskara, catalán, galego- hasta quedar jerárquicamente, en el curriculum, por debajo de asignaturas como religión o educación física, etc.

Desde luego, no ha sido la lucha contra la crisis o contra los tradicionales males de la educación española lo que ha movido al ministro de educación. Es el impulso nacionalista, el impulso radicalmente ideológico. Y eso hace prever mucho calor, y mucha inestabilidad, en los próximos meses. Si Wert sigue así, lo del referéndum catalán va a salir adelante por goleada. Le van a acabar haciendo una estatua en Las Ramblas.

 

http://www.izaronews.info/euskadi/2012/opinion/14259