La España que se resiste a conocerse

Escribía  unos días atrás que España  no se reconoce a sí misma. En tanto que proyecto nacional tiene la dificultad de ser aceptada por las naciones a las que domina y su propio imaginario histórico es resultado del maquillaje  que oculta la violencia con la que fue construido el Imperio español. Junto a ello, los esfuerzos de la intelectualidad española, por  adecuar el discurso evolutivo de su Historia a los procesos de los Estados europeos cercanos. De nuevo la intelectualidad española reacciona ante el peligro de la ruptura de su Estado. El discurso de los intelectuales no utiliza de manera abierta la tropelía de insultos, amenazas y pretendidas argumentaciones utilizados en la palabra escrita y -permítaseme la expresión- de boca que gusta a militares, responsables políticos y tertulianos en general.

Una vez más, la referencia al federalismo, también a una política de izquierda. Recurso este de casos extremos, cuando ha pasado la oportunidad. Con todo, la argumentación es similar, salvo las concesiones a esa oferta de federalismo y de política de izquierda. No vamos a considerar la independencia la panacea de nuestros problemas, pero los firmantes ¿De izquierdas? del citado manifiesto no son exactos, cuando afirman que España no espolia, ni tiene sometida a Cataluña ¿Como explican el categorismo del artículo segundo de la Constitución que declara intocable la unidad de España? ¿ Las Guerras en contra de Cataluña -a título de ejemplo las sucedidas en tiempo de Felipe IV y V- no tuvieron lugar? ¿Tampoco tuvo lugar el Decreto de Nueva Planta? Cuando menos Cánovas y Franco eran más coherentes. No parece suficiente hablar de guerras civiles, con fracturas sociales en todos los territorios del Imperio, porque  esos males son una constante universal en toda guerra de independencia. Igualmente constituyen una realidad universal en las colectividades con problemas nacionales la entremezcla de motivaciones, materiales y culturales, porque, en definitiva, el ser humano y la sociedad se encuentra conformada de tales elementos. Está de más la acusación que late en la argumentación de los españoles de que los catalanes miran antes que a nada al dinero. Da la impresión de que nuestros manifestantes recorren todos los recovecos dialécticos con el fin de conseguir apariencia de racionalidad, como en los casos que en el propio subconsciente siente la falta de argumentos ¡Lo siento! Pero afirmar  que va  a tener lugar la fractura social y que todos debemos seguir unidos en España, a fin de facilitar la superación de la crisis y otros lugares comunes, como la marcha hacia una Europa Unida, son variante suave de …»la Unión hace la fuerza» franquista.

Los intelectuales españoles se engañan. Su discurso recurre al eufemismo paternalista de los políticos autoritarios, cuando intentan la aquiescencia de los que se encuentran bajo su yugo que ellos mismos presentan como báculo. Lo que sucede en Cataluña -y en Navarra- no es resultado de manipulaciones, ni de cálculos oportunistas ¿ Acaso son realidades nuevas, surgidas de la intriga, o más bien pueden encuadrarse en procesos históricos profundos que muestran conflictos no resueltos?  Son los propios españoles -particularmente esos grupos denominados intelectuales, a  quienes el establisement reconoce como expresión más acabada de la cultura propia  y concede el derecho a aparecer como críticos- quienes deben examinarse a sí mismos. Negar la existencia del conflicto constituye una insensatez -lo hacen los turcos, denominando turcos de montaña, a los independentistas kurdos-. No tiene ningún sentido desde una perspectiva democrática negar lo que evidencia la realidad histórica y actual. Cada uno es libre de señalar donde le duele.

Para contrariedad de los intelectuales españoles, quienes en el presente manifiesto proclaman los males que sobrevendrán -caso de llegarse a la recuperación de soberanía por parte de Navarra y Cataluña- esos males afectan ya, muy profundamente, a las colectividades que mencionan.  La propia independencia constituye por sí sola un instrumento con el que abordar soluciones. En unos tiempos que han evidenciado las limitaciones de los imperios europeos -los Estados-Nación-, no carece de cierto simplismo volver a recurrir a fábulas como las de solidaridad y unidad. No son los soberanistas quienes promueven las fracturas sociales y políticas. Las dificultades y contradicciones que agitan los Estados europeos son resultado de la resistencia de algunos de ellos a aceptar las exigencias de los tiempos. Insistir que la unidad  entre colectividades nacionales pasa por necesidad por la unidad estatal tradicional, como viene siendo impuesta en Europa  históricamente -y, más en particular, durante los últimos siglos-, no es una actitud que mira hacia adelante, sino que sigue la estela de los sistemas de poder autoritarios e impositivos, surgidos con las monarquías autoritarias y absolutistas y desarrollados por los actuales Estados-Nación que se resisten a desaparecer.

Los soberanistas queremos una Europa Unida y la independencia no debe ser otra cosa que el inicio de un proceso de unificación respetuoso con la voluntad de los individuos y los colectivos nacionales propios. El fracaso del actual modelo de Europa deriva del temor a perder el control  por parte de esos Estados sobre las naciones a las que han sometido  en las diversas etapas históricas de su existencia;  temor que evidencian y proclaman permanentemente;  en particular, cuando se presentan situaciones similares a las  actuales en Navarra y Cataluña. Igualmente es obligado tener en cuenta en este capítulo la desconfianza de tales grupos, o colectividades, frente a Estados rivales. Lo revela el recelo que se manifiesta con ocasión de acuerdos transnacionales que implican   el traslado a organismos internacionales; aspectos que consideran básicos para la propia soberanía. La propuesta de los soberanistas navarros ve irrenunciable la recuperación del status de Soberano, como punto de arranque de acuerdos dirigidos a la Unidad de Europa, volviendo atrás de todo lo hecho; cuando menos como acta fundacional europea. Lo que resulte posteriormente en el orden político-institucional, a partir de acuerdos de base autenticamente democrática, -por ser resultado de la representación más exacta de la sociedad europea-, es una cuestión que no nos causa ningún temor, porque -entendemos- responderá a las expectativas y aspiraciones individuales y colectivas. que sean vistas como convenientes para la configuración de una Nación europea. Será el signo de los tiempos y la decisión corresponderá a quienes se encuentren en tal coyuntura ¡ Debería ser este el futuro de la Humanidad! Nos parece, por el momento que los procesos de intensificación de las relaciones humanas no se están ajustando a los proclamados principios de libertad e igualdad  exigidos y reconocidos sobre el papel.

Como colofón -y poniendo blanco sobre negro como gusta decirse hoy- los firmantes del manifiesto a que ha dado lugar este escrito, no pueden obviar honestamente la realidad de los hechos; hechos que van más allá de los intereses del President Mas y de los cálculos  de políticos y sociedad catalana. Esos mismos firmantes y quienes se oponen al soberanismo en su casi generalidad, han incurrido en el conjunto de errores de percepción tradicionalmente expresados por los grupos dirigentes españoles.  Su discurso es criticable desde cualquier punto de vista. Puede ser tildado de oportunista, atropellado, amenazador y falto de honestidad… y de lo que se quiera…   Lo más grave de todo, es que se llegue a ignorar la realidad presente -y desde luego, la histórica-. Esta es la de los artículos 2 y 8 de la Constitución española que contradicen flagrantemente los principio de libertad proclamados como referente insoslayable de la cultura contemporánea. Sobra cualquier argumento racional o ad hóminem ante su contundencia. Su presencia explica el resto. Por el momento las descalificaciones y desprecio presentes en el actual debate relativo a la Soberanía en el conjunto social y cultural español en general, junto a, la conciencia histórica que guardamos en relación con los procedimientos utilizados por España para afrontar el conflicto, desde Olivares, hasta el todavía próximo Franco, permiten no albergar ninguna confianza sobre promesas o buenas palabras procedentes de la clase dirigente española.

Se me había olvidado comentar la acusación que se hace en ocasiones a las pequeñas nacionalidades, como generadoras de inestabilidad y conflictividad, por la cortedad de miras de su pequeño Nacionalismo. Se puede objetar que en el bagaje de los conflictos a nivel europeo y mundial, esa conflictividad ha sido superada en proporción geométrica por la cantidad y dimensiones de los catastróficos conflictos generados por el protagonismo de los Estado-Nación más representativos.

 

Publicado por Nabarralde-k argitaratua