Testimonios de algunos supervivientes del bombardeo de Gernika
Dos libros sobre el trágico ataque revelan nuevos datos sobre lo realmente ocurrido en la villa en 1937

Han pasado 75 años desde que Euskadi sufriera uno de los episodios más negros de su historia y los interrogantes que planean sobre el bombardeo de Gernika son todavía importantes. ¿Hasta qué punto estuvo implicado el régimen franquista en el ataque? ¿Cuál fue el nivel de destrucción del bombardeo? ¿Cuánto tardó el municipio en reconstruirse de sus cenizas? ¿Cuántas bombas se lanzaron? ¿Cuáles fueron las consecuencias del ataque?
Aunque algunas de estas cuestiones se daban por resueltas, dos nuevos trabajos de investigación sobre aquel fatídico 26 de abril de 1937 arrojan aún más luz sobre el ataque fascista perpetrado contra la villa. Se trata de los libros The Day Guernica was bombed (El día que Gernika fue bombardeada) y El Gernika de Richthofen. Un ensayo de bombardeo de terror. El primero es un trabajo que recoge 129 entrevistas realizadas en 1972 a supervivientes del bombardeo que eran adultos en el momento del ataque. Su autor, Willian Smallwood, conocido como Egurtxiki, es un biólogo y antiguo piloto de guerra de 82 años que en 1966 decidió aprender la lengua materna de muchos de sus amigos de Idaho y años más tarde llegó a Euskadi para ponerla en práctica.
El segundo es el último trabajo de Xabier Irujo, profesor del Centro de Estudios vascos de la Universidad de Nevada, que se ha pasado los últimos seis años recabando información sobre el bombardeo y se ha hecho con más de 12.000 documentos procedentes de una veintena de archivos de Europa y América. Gracias a esa labor de investigación, Irujo detalla en su libro numerosos aspectos sobre el bombardeo de los que no se tenía constancia. Por ejemplo, explica que en el ataque participaron el 21% de los aviones del bando rebelde en el conjunto de la península. También revela que en el bombardeo tomaron parte 24 bombarderos y unos 13 cazas alemanes y 3 bombarderos y al menos 10 cazas italianos. Además, el nivel de destrucción de Gernika fue del 85,22% -el 67,58% del total de los edificios destruidos en Bizkaia, excluyendo Bilbao- y durante el ataque se lanzaron entre 31 y 41 toneladas de bombas, parte de ellas incendiarias.
Ambos trabajos serán presentados hoy a las 11.00 horas en la antigua fábrica de armas Astra Unceta de Gernika y contará con la presencia de sus dos autores, Xabier Irujo y William Smallwood, Egurtxiki, que volverá a desplazarse desde Idaho hasta la villa para realizar en euskera la presentación de su último libro. Una obra que comenzó a gestarse hace más de cuarenta años, cuando su amistad con muchos vascos que emigraron a Idaho le incitó a conocer más sobre aquellos pastores que solamente hablaban euskera. En 1966 decidió pasar cuatro meses en los montes de Idaho para empaparse de la lengua vasca, y allí fue donde Basilio Iriondo le bautizó con el sobrenombre de Egurtxiki, que es la traducción literal de su apellido, Smallwood. Su hambre por seguir aprendiendo el idioma y la cultura vasca le llevaron años más tarde hasta Baiona, Uztaritze y, finalmente, Gernika.
Hablar de política Pero, ¿qué le empujó a recoger testimonios de los supervivientes del bombardeo? Según explica Xabier Irujo, paseando una mañana por la villa observó que las tejas de las casas del centro tenían un color más vivo que las de la periferia. «Estas deben ser las casas que se destruyeron», pensó. Siguió caminando y llegó a un bar de la villa cuyo dueño había hecho las Américas y había puesto a su negocio el nombre de Bar Boise. En ese momento, Egurtxiki se le acercó y le preguntó si conocía a algún superviviente del bombardeo. La cara amable del tabernero cambió en segundos y le aconsejó que no hablara de política, ya que más de uno había sido castigado por ello.
En un intento por hacerle entrar en razón, se acercó a Egurtxiki y le contó una anécdota de lo que podría pasarle por hablar de lo que no debía. «Tras el bombardeo, el nuevo sacerdote repetía a los feligreses desde el púlpito, en castellano, que debían purgar su pecado con severas penitencias, por haber rociado con gasolina y reducido a cenizas sus hogares, y a escombros el conjunto de la villa. Un día, habiendo escuchado el sermón en silencio, dos mujeres acudieron a la sacristía y trataron de explicar al sacerdote, en privado, que ellos no habían quemado Gernika, que habían sido los aviones de Franco los que habían destruido sus hogares. Por la mañana, la Guardia civil acudió a sus casas, les obligaron a salir fuera y les raparon el pelo, frente a sus casas, en plena calle. Después, las pasearon con las manos atadas a la espalda por las calles de Gernika y les condenaron en juicio sumarísimo a 36 meses de reclusión, de los cuales cumplieron 27».
Sin poder dar crédito a lo que estaba escuchando, Egurtxiki se juró a sí mismo que tenía que escribir un libro sobre el bombardeo para descubrir qué pasó realmente en Gernika. Tras perfeccionar su euskera recibiendo clases particulares, fue recogiendo uno a uno los testimonios de 129 supervivientes cuyos relatos permiten hoy percibir la magnitud del horror vivido en Gernika. Entre esas personas se encuentran gudaris, enfermeras, un médico, un enterrador y diversos civiles que sobrevivieron al ataque.
Muy pocas personas tenían constancia de este trabajo hasta que una conversación entre Xabier Irujo y el exsecretario de Estado de Idaho Pete Cenarrusa -mientras escribían el cuarto memorial del Parlamento de Idaho sobre la paz y la independencia de Euskal Herria- llevó al primero a hacerse con un manuscrito sobre el bombardeo de Gernika firmado por Egurtxiki. Tras leer toda la información, se puso en contacto con él y este le invitó a su casa, donde paso a paso le fue contando cómo se las ingenió para recoger los 129 testimonios que más de cuarenta años después por fin verán la luz.
l Iñaki Rezabal, gudari. «Hundido mi cuerpo en el suelo, elevé un poco mi cabeza, miré arriba con ojos de espanto, vi un aparato, en sus alas leí Junker, en su cabina descubrí dos hombres. Observé que un paquete rasgaba el aire con la velocidad del rayo. Enseguida, un ruido atroz; era una bomba de mano que estalló sobre mi cuerpo. Temblé, me quedé electrizado, se me cortó la respiración, lancé un grito de dolor y quedé sepultado entre tierra, piedras y humo. (…) Rotas las carnes y roto el hueso del brazo, mi antebrazo izquierdo, pendiente de unos tendones, estaba mezclado con la tierra. Me agaché, y, con una serenidad que jamás creí había de tener, con mi mano derecha sujeté primero mi brazo herido, y, horrorizado, yo mismo lo crucé instintivamente sobre mi espalda, y a través de mi ropa sentía cómo la sangre descendía del hombro hasta los pies como un río de fuego. Como enloquecido eché a andar sin orientación fija. Gritaba y pedía auxilio. Los aviones seguían bombardeando. Yo cruzaba cadáveres de mujeres y niños que habían sido muertos, según huían del pueblo, por las bombas y ametralladoras de los aviones. Ayes de moribundos y agonizantes destrozaban mis oídos. Nunca podré olvidar aquel cuadro trágico en el que una mujer llevaba entre sus brazos a un niñito y lo estrechaba contra su pecho. El niño gritaba: «Amatxo, hiltzera noa» (voy a morir), y la madre envolviendo a su hijito con sus cabellos desgreñados, mientras corría inconsciente al azar, le respondía: «Ez beldurtu ume; biak hilko gara» (no te asustes niño, moriremos los dos). Apenas había terminado de hablar la madre, un avión, descendiendo a veinte metros, los ametralló y los mató».
l Maria Olabarri, madre que perdió a sus dos hijas. «De pronto, se oyó el ruido de los motores y vimos izar las banderas. Como estábamos en las afueras, cerca del campo, nos adentramos en él, a todo correr, mis hijas y yo y una vecina. Enseguida, desde el lugar en que nos hallábamos, vimos caer las bombas. Los aviones daban vueltas y vueltas por encima de nosotros. Parecía que nos buscaban. Y era verdad: buscaban cuatro mujeres. Había allí cerca un caserío. Corrimos hacia la entrada. Estaba cerrada. Entonces nos pegamos materialmente al quicio de la puerta queriendo protegernos unas con otras. Yo quedé en medio. Un avión dio la vuelta al caserío, tirando, con la ametralladora. Saltaba la tierra delante de nosotras. De pronto oímos un crujido espantoso: sobre el caserío cayó una bomba. La trepidación me lanzó al suelo en medio de piedras y ladrillos. Mi hija mayor, que tenía veintisiete años murió instantáneamente, aplastada. La otra, la más joven, que se iba a casar, tuvo tiempo de cogerme la mano, apretarla un poco y exclamar: «¡Ay!». Dio un suspiro, y con los ojos clavados en mí, murió. No sé cuánto tiempo estuve allí entre mis dos hijas muertas. La sangre me corría por el cuello. Al cabo de un rato me recogieron».
l Juan Sistiaga, gudari de la compañía Zarragoiti. «Había una gran mansión al norte de una pequeña plaza, en la parte noreste de Gernika. La mansión tenía un muro de piedra a su alrededor y una bomba había caído y roto parte de la pared. Yacían cerca de ahí dos niñas y un hombre que habían buscado refugio cerca de la pared. El hombre y una de las niñas habían muerto. La otra niña estaba viva, pero su abdomen había sido desgarrado por la explosión y sus intestinos colgaban fuera de su cuerpo. Tenía los ojos abiertos y parecía estar suplicando que le ayudase. Yo sabía que ella estaba herida de muerte, pero me arrodillé sobre ella, que hacía esfuerzos por levantarse. La abracé por debajo de los hombros y traté de convencerla de que alguien traería una camilla y la llevaría al hospital tan pronto como fuera posible. Ella solo me miró. Nunca dijo nada. Era una muchacha muy hermosa, con el pelo castaño claro. Yo estaba todavía abrazándola y hablando con ella, a la espera de una camilla, cuando oí el sonido de nuevos aviones. Miré hacia atrás por encima del hombro y los vi. Eran esos grotescos bombarderos trimotores alemanes. Volaban bajo, y venían hacia nosotros. Me di media vuelta y volví a mirar a la chica. Había muerto».
Las claves
· Novedades. El trabajo de investigación desarrollado por Xabier Irujo (en la imagen) durante seis años permite conocer con más detalle lo sucedido en Gernika hace 75 años.
· Efectivos. En el ataque hubo 24 bombarderos y unos 13 cazas alemanes, así como 3 bombarderos y al menos 10 cazas italianos.
· Destrucción. El nivel de destrucción de Gernika fue del 85,22%.
· Armamento. El 26 de abril de 1937 se lanzaron entre las 16.20 horas y las 19.40 horas un total de entre 31 y 41 toneladas de bombas, buena parte de ellas incendiarias.
Los libros se presentan hoy a las 11.00 horas en la antigua fábrica de armas Astra Unceta de la villa vizcaina
http://www.noticiasdegipuzkoa.com/2012/08/10/sociedad/el-bombardeo-de-gernika-en-vivo








