No es que PP y PSOE no sepan nuestra historia, lo que quieren es abolirla. Cada pueblo es el compendio de unas circunstancias económicas sociales, culturales y políticas. Cada pueblo de nuestra tierra es el resumen a escala local de nuestro devenir en el tiempo, por eso tiene su ayuntamiento. Es quien amasa, modela, empuja el día a día. En un país de historia milenaria, como bien recuerdan historiadores tan diversos como Jaume Vicens Vives, Pierre Vilar o Josep Termes, con interrupciones violentas externas y también internas, pero siempre con voluntad de ser, la fuerza es la continuidad.
Ahora con la excusa de la grave crisis, desde Madrid y con intención centralista avalada por un supuesto reajuste técnico, pretenden borrar del alma, la personalidad, el ser, el espíritu de nuestros pueblos. Quieren eliminar ayuntamientos, grandes y pequeños, quieren cortar la raíz a todo este conjunto de agrupaciones humanas que desde la noche de los tiempos han conformado la Cataluña de hoy. Horroriza la mentalidad avariciosa y agresiva, de destrucción ciega de buena parte de las derechas e izquierdas españolas. E irrita aún más que sean los descendientes nunca arrepentidos de quienes desangraron las venas de América, derrochando civilizaciones, culturas y tesoros ajenos, los que ahora pretendan ser guías de nuestro futuro. Es la misma gente corrupta o inepta, no sé qué es peor, que ha permitido los casos Bankia o CAM, los AVE a la nada, aeropuertos vacíos y mil cosas más.
Los catalanes tenemos el ahorro metido en la cabeza, es un ADN fruto del trabajo, ya que junto con baleares o valencianos somos los que más sufrimos el expolio fiscal y hacemos más esfuerzo económico para salir del abismo. Los que por la vía de los hechos, con recortes y continencia en el gasto, más hemos demostrado, con dolor y quejas, el deseo de equilibrar los presupuestos. Es difícil creer que abolir todos los ayuntamientos de municipios menores de 20.000 habitantes supondría ahorro para Cataluña. Sea como sea, siempre deberá haber una ventanilla abierta para los vecinos de los pueblos abortados. Y las funciones de todo orden y los servicios se prestarán a la gente. Se pueden agrupar servicios y actividades. Muchos de estos criterios en Cataluña hace años que se aplican, pero no por ello se ha querido borrar la personalidad, el tintineo, el duende propio de cada pueblo. Estos políticos ignorantes de todo eso no han pensado que llevarlo a la práctica significaría que dos terceras partes del Principado no tendrían administración ni propia ni cercana.
Los países los hace la gente, con sus quehaceres diarios, mitos, imaginarios colectivos y proyectos de presente y futuro. Si un país lo definimos como un árbol, las ramas más diversas son los pueblos y ciudades, unas más grandes y otras más pequeñas, pero por todas partes circula la savia que da vida al tronco. Desde siempre la fidelidad al pasado, la lealtad a nuestros antecesores es hacer un país mejor. Los servicios, cuanto más cercanos, más propios y más humanos, mejoran la calidad de vida de la gente, en el vivir cotidiano, en las escuelas y parvularios, en la basura y la higiene, en la salud, en la cultura que debe ser verdadera y plural. También en el incremento de riqueza y preservación del medio. No es incompatible el ser de los pueblos y los ayuntamientos con medidas de racionalización económica.
Con esta presunta decisión de reducir burocracia, ergo eliminar ayuntamientos, lo que pretenden el PP con la complicidad vergonzante del PSOE es irnos ahogando y hacernos languidecer de forma lenta y maliciosa, limando desde la base los fundamentos que fueron y son el inicio de nuestra personalidad más fuerte y arraigada. Quieren conseguir que cada vez seamos más débiles, reducir los sentimientos más íntimos y profundos de miles de personas, borrar toda identidad local.








