¿Debemos hablar de una generación pérdida?
De alguna forma, lo que podemos aseverar, es que las hijas de aquella generación -los hijos que somos, testigos-, iniciaron el largo y a veces escabroso éxodo hacia su liberación como mujeres. Y que no se ponga en duda, que las cotas de autonomía que alcanzó la mujer, repercutieron directamente en la humanización del “digno varón”.
Son ciertas anécdotas que me proporciona la convivencia con mi suegra, sana ribera, pero muy ribera, las que me han impulsado a devanar algunas glosas, que para muchos pueden parecer prerrománicas… Aunque a la postre, pueden no serlo tanto…
Mi suegra –como tantas paisanas de su entorno-, es una forofa de “Cine de barrio”. Es algo que no le puedo reprochar, teniendo en cuenta, tanto la educación que recibió, como las perentorias encrucijadas en que se vio inmersa, para sacar adelante a sus hijos en un medio rural.
La buena mujer, no es que se entere demasiado del mensaje de tales bodrios cinematográficos. Ni siquiera pone especial interés en unos diálogos tan arrabaleros como embrutecedores… Simplemente se entusiasma o se carcajea o canta con aquellos rostros, escenas y ademanes, que junto a los axiomas del padre Astete, implementaron su educación de mujer…
Por supuesto, a las “incontestables verdades” del Padre Astete, sumémosles los principios sacrosantos de la “Mujer ideal” de Pilar Primo de Rivera.
Así es que madres y suegras de nuestras entretelas, se sabían todas las coplas habidas y por haber –machismo torero, gracia sandunguera y mucho carácter y olé- de la Estrellita Castro, la Concha Piquer, la Carmen, la Lola, la Sara, la Lucero, la del alba sería… y el Valderrama, el Escobar y toda la jarca del “bel canto” folklórico…
¡A! –en honor a la verdad- y algunas jotas y mexicanas de esas, que también entraban en los códigos permitidos y en el acerbo moral y cultural de nuestras madres…
Añadamos a esto, ciertos apremios ilustrativos sobre los godos, los árabes –de estos, vaguísimos ecos granadinos- Colón, los claros varones… y el santoral cristiano… Una buena mujer ya no debía saber más. Más conocimientos resultaban superfluos o pecaminosos…
De Vasconia absolutamente “ná de ná”.
Con ciertos quebrantos –porque hablar de la cultura de nuestro pueblo era pecaminoso o simplemente estaba prohibido- fuimos dando a los suegros, ligeras nociones sobre su mundo, en el que siempre habían vivido, pero sin conocerlo
No perdamos el hilo. Pues en cierta ocasión, como que se nos entusiasmaba mi señora suegra “copleando”, -perdón la osadía por el neologismo, pero es que como se ha copleado tanto…- aquello de “la hija de la Tirana”-copla que en nuestra infancia se nos inculcó hasta la sociedad-.
Y la verdad que me pareció dicho cantar, una perfecta síntesis del mundo tan agobiante en que nos había enjaulado el nacionalcatolicismo.
Muchos coetáneos recordarán la estrofa: Por dónde quiera que voy/con el dedo me señalan/”mira que bonita es/ mira que bonita va/ que lástima que su madre/ fuera fulana de tal”.
Por cierto, tema muy recurrente en aquella, vamos a decir “lírica franquista”, henchida de hipócrita moralina –porque “la que no tenga pecado, ponga en su puerta un renglón”- y de murmuración de patio de vecindad.
Épocas obscurantistas donde los hijos –sobre todo las hijas, quedaban marcados por los pecados de los padres, máxime si se trataban de “¿pecados…?”, políticos…
Y es que la represión de la legítima sexualidad de la mujer por parte de la clerecía y de la sección femenina fue brutal. Dejemos a parte la vida intocable –corrompida o no- de la mujer de la aristocracia “político-oligárquica-militar” cuyos “defecticos” permanecían impunes.
A la mujer de a pie tan sólo se le ofrecían tres alternativas: buena esposa, amargada solterona o sospechosa y anatematizada ramera.
Había una cuarta, muy digna por cierto… Estaba encaminada a las hijas de María, físicamente desfavorecidas, se trataba de tomar los hábitos para engrosar la sacra y nutrida corte del cordero. ¡A si los muros de los claustros pudieran gritar!
Por favor señores ¿vamos a dudar, del gran apoyo humano, moral, pedagógico, asistencial –sí, también, pero con sus falacias y trapacerías…- que el monjerío supuso para el franquismo?
Pues bien, que a esto vienen estas frívolas disquisiciones. Uno daba por liquidados aquellos tiempos en que nuestras féminas eran tan esclavizadas, como vilipendiadas, cuando no torturadas… Parecía que esa misoginia tan traumática, tan sólo se vivía en los reductos trentinos e inquisitoriales de los gurús vaticanistas, pues no…
Hace pocas jornadas, el diputado priista, Alejandro Moreno Merino se despepitaba tan ancho como estúpido: “No hay mujer bonita que no llegue a meretriz”. La verdad, me supo a rejalgar.
Pero claro, luego pensé, a qué anidar tan lejos, si en nuestras propias narices, el Gallardón y sus colegas peperos en el gobierno, nos están rociando diariamente con involuciones antifeministas. Justamente estas que nos hacen evocar la ética franquista más reaccionaria, que comento.
Y claro, ¿todas estas mujeres que han puesto su confianza en ellos lo estarán con sus mensajes?
No lo entiendo, porque si algo me está quedando claro, es ver hoy día, en los momentos libertarios la decisión y la entereza de la mujer. Y lo digo con toda convicción. Actualmente tengo más fe en la insurgencia femenina que en la masculina.
Veo más en la calle la insatisfacción de la hembra que la del “varón…” Al macho lo veo más imbricado en las grescas futboleras.
Evidentemente se me puede objetar y quizás con razón, que ahí está la Thatcher, la Merkel, Cospedales, Barcinas etc… por nombrar a las que más de cerca hemos padecido. Pues sí, pero justamente éstas son lo que son, por haber pisado o haberse movido en los mismos parámetros de corrupción o ambición, diseñados por la insolidaria política machista…
Pero a pesar de todo y al margen de cualquier apriorismo, sigo teniendo la esperanza de que las “periclitadas” hijas de María, una vez liberadas de esas estructuras “morales” que las esclavizaban y anulaban, constituyan ese gran activo insurgente, que espabile a esta sociedad tan enferma como dormida.
Publicado por Nabarralde-k argitaratua







