Tras debatir en el pleno municipal de Pamplona sobre la conveniencia de ofrecer en el formulario de preinscripción de las escuelas infantiles la posibilidad de elegir modelo lingüístico, el concejal delegado de Educación, Fermín Alonso, resumió en Twitter su intervención de esta peculiar manera: «He defendido la opción que prefieren el 80% de padres para sus hijos en escuelas inf: el inglés. Los nacionalistas, solo escuchan al otro 20%». Poco después añadió: «Me ciño a los datos de preferencias en el 0-3: castellano; castellano+ing; euskera; euskera+ing». Intenté contestarle, pero no pude porque sus dos tuits me produjeron perforaciones en las córneas, y tuve que salir derrapando hacia urgencias. El parlamentario Juan Carlos Longás o es de córnea resistente o tuitea con protección -léase gafas de soldador-, porque fue capaz de rebatir con tino al concejal Alonso, aún sin mencionarlo directamente: «Ley de Say: toda oferta crea su propia demanda. En economía no funciona, pero a UPN sí cuando se trata de reprimir el euskera». Realizan una oferta amañada, acallan la demanda y presentan el resultado de la campaña de prematriculación como una expresión libre y democrática de la voluntad ciudadana. En las escuelas infantiles no se puede elegir modelo lingüístico, solo centro. Las dos únicas escuelas infantiles en euskera están en la Txantrea: obligan a elegir entre cercanía y euskera. Solo el 14% de las plazas son en euskera: quien elige euskera corre el riesgo de quedarse fuera. Lo sé bien. Nuestra hija Maddi se quedó sin plaza por haber marcado como primeras opciones las dos escuelas en euskera. Con los mismos puntos, habría entrado sin problemas en la más cercana a nuestro domicilio. Esto es, se quedó fuera por ser euskaldun. ¿Qué diríamos si se hubiese quedado fuera por ser negra? Pues eso. En estas condiciones, hacer el tipo de cuentas que hace Alonso es un ejercicio de sarcasmo corrosivo. Enfrentar euskera con inglés, una triquiñuela barata. Mentar el nacionalismo, quizás un desliz freudiano y autodefinitorio: según el catedrático de Lingüística General en la Universidad Autónoma de Madrid, Juan Carlos Moreno Cabrera, «el nacionalismo lingüístico consiste en pensar que tu idioma está por encima del de los demás, e intentar imponerlo». Para acabar, un dato sin trampa ni cartón: según las encuestas sociolingüísticas del Gobierno foral, el 66% de la ciudadanía está a favor de ofertar enseñanza pública en euskera en todo Navarra.
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