La clac del Garzón

Desde el día en que se hizo pública la sentencia contra en juez Garzón, por haber ordenado escuchas ilegales de las conversaciones entre abogados y sus clientes (mafiosos implicados en el caso Gurtel), me he hartado de oír coros de esbirros emitiendo todo tipo de muestras de apoyo al juez español, que son un auténtico ejemplo del sucursalismo baboso que impregna el pensamiento (digamos así, por deferencia) de algunos de nuestros opinadores.

Uno de los grandes méritos del juez Garzón es haber hecho cerrar el diario vasco Egunkaria, con encarcelamiento y tortura de su director incluidos. Todo ello acabó en nada, porque ninguno de los cargos imputados tenía la más mínima fundamentación. Eso sí, la empresa quedó arruinada, y muchos profesionales perdieron el puesto de trabajo. Más aún, Egunkaria era -en aquel momento- el único diario escrito en euskera. Su cierre, por tanto, sería equivalente a clausurar el 100% de la prensa escrita se español. Imaginemos, sólo por unos instantes, que un juez cierra todos los periódicos en español. ¿Lo calificaría de progresista alguien que no fuera rematadamente imbécil?

El delito por el que le han condenado es haber obtenido información mediante métodos ilegales y propios de regímenes totalitarios. En este caso han sido las escuchas ilegales, y resulta esclarecedor de cómo funciona la justicia española que lo hayan condenado ahora, y no cada vez que obtuvo la información que perseguía, mediante la tortura. En 1992, este ‘paladín de la democracia’ instruyó un proceso contra 38 independentistas catalanes, muchos de los cuales fueron torturados en dependencias policiales. Hay que recordar que en 2004, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos condenó al Estado Español por estas torturas, y también por negarse a investigarlas. En cambio, el Tribunal Supremo español nunca se ha dignado perseguir el juez Garzón por este motivo.

Soy consciente de que el pensamiento humano queda a menudo atrapado en las trampas poco sutiles de la ilusión de alternativas. Una foto que ha circulado recientemente, con las caras de Camps y Garzón, respectivamente acompañadas de los términos ‘Inocente’ y ‘Culpable’, es una buena muestra. ¿Cuál es la dificultad -para un cerebro normal- de entender que ambos pueden ser igualmente culpables, igualmente antidemócratas, igualmente retrógrados? ¿Es que poner una foto de Sadam Hussein junto a una de Bush nos debería hacer pensar que uno es menos culpable que el otro?

Es evidente que para el alto tribunal español son más importantes los derechos de los mafiosos que sobornaban políticos corruptos y de los abogados de éstos, que no los de los catalanes y vascos torturados. Después de todo, los primeros son inequívocamente españoles, y los otros -por el contrario- reniegan de ello. Pero no se trata ahora de analizar el inquietante sesgo ultranacionalista de las instancias judiciales españolas, sino el profundo servilismo de todos los que han salido en defensa del obstinadamente antidemocrático juez Garzón.

Me resulta comprensible que los supremacistas españoles que no se consideran de derechas (me estoy refiriendo a perfiles políticos como los de Rubalcaba, Chacón o Cayo Lara, por citar sólo tres ejemplos) estén entusiasmados con el juez-estrella, y vengan ahora a defender su imagen. Ahora bien, que personas que -tanto por origen como por filiación política- no deberían ser sospechosas de adhesión a este tipo de supremacismo sean capaces de expresar apoyo a este individuo, y se conviertan en su clac, me repugna profundamente. Más aún, me parece un ejemplo ominoso del estilo pensamiento secuestrado y de servilismo intelectual, que es -sin duda- consecuencia directa de los siglos de saqueo que hemos sufrido, y que nos lastra -como pueblo- tanto o más que la misma dependencia.

DE L’HORTA ESTANT