Serafín Olave 1883, Diputado por Alta Navarra en las Cortes españolas del partido republicano federalista de Pi y Maragall: «Navarra está dispuesta a admitir una libre reincorporación de los territorios de La Rioja, vascongadas y la Sexta Merindad de Ultrapuertos (hoy francesa), que antes fueron navarros; constando ya que, en algunos de ellos, existe la patriótica tendencia a tan fraternal y conveniente unión, cuando las circunstancias lo permitan»
José Antonio Agirre logró huir del nazismo que asolaba Europa y llegar a Nueva York tras pasar más de un año huyendo con una identidad falsa para retomar la Lehendakaritza del Gobierno Vasco en verano de 1941. En pleno exilio, siendo profesor de la Universidad de Columbia de cara lograr la residencia americana (Agirre era licenciado en derecho por la universidad de Deusto), recibió en el año 42 el encargo de escribir la historia de los vascos por una editorial norteamericana, así, para el Aberri Eguna de 1946, ya había escrito 520 cuartillas que abarcaban hasta el siglo XIII en 8 tomos, por ello, en la alocución habitual de conmemoración de esa fecha, en su discurso a la nación, habló sobre las libertades vascas que nacieron en el Pirineo con el primer rey baskón Eneko Aritza hasta Sancho el Fuerte.
Esta profundización en la historia vasca, le llevó a escribir a Agirre esta reveladora carta donde daba un vuelco a lo hasta entonces mantenido por el nacionalismo vasco en cuestión histórica. Se trata de una carta dirigida a Ceferino de Jemein, “Keperin” uno de los hombres claves del movimiento “Aberri”, ex presidente de Juventud Vasca de Bilbao y del EBB (1930), sabiniano extremo y, en tiempos de guerra, secretario de sanidad militar.
La carta es todo un documento ya que el Lehendakari Agirre tenía gran sensibilidad sobre la necesidad del conocimiento de la historia y con Galindez, Gurrutxaga, Jon Bilbao, Isaak Lopez Mendizabal, Landaburu y un grupo de estudiosos más, quiso dejar a las siguientes generaciones una historia vasca escrita por estudiosos vascos. Esta carta hay que encuadrarla en estos estudios (sacado del blog del jeltzale Iñaki Anasagasti):
Mi querido Keperin:
“(…) Descuido del caso Ortueta.- Yo distingo el hombre del historiador. Censuro como el que más su actuación en diferentes épocas de nuestra empresa patriótica en las que me tocó, como a Vd. un papel activo. Pero esto no quita para que alabe su obra como investigador. Contra lo que Vd. crea Ortueta ha basado su tesis sobre textos auténticos y su obra ha tenido el exterior una acogida seria por no citar sino la opinión de Enrique de Gandía, probablemente el primer historiador sudamericano. No creo que el recuerdo de la conducta de Ortueta deba ofuscarnos hasta negarle los méritos que tenga en sus escritos. (…)
Cuando en páginas que Vd. leerá juzgo el reinado de Sancho el Mayor sostengo que su genio indígena no solo sintió la unidad nacional sino que supo realizar una Confederación de Estados nacionalmente homogénea. Y traigo como testimonios además de los hechos históricos probados los de Menéndez Pidal y Serrano Sáenz. Yo hubiera querido testimonios de autores vascos, pero aparte de los de Campión, Estornes Lasa y Ortueta pocos hay que utilizar entre los contemporáneos. La tesis confederal que Arana Goiri instituyó corno norma política actual tiene conmoción histórica porque en esencia se refiere a la unidad nacional y de él es el mérito de haberla definido y sobre todo programado.
Esta tesis no solo encuentra eco en los tiempos del Mayor sino también en los que precedieron a la Monarquía Pirenaica en esos trescientos años de lucha contra el invasor germano que es cuando se forma realmente la nacionalidad vasca con voluntad de existencia y de lucha. Llame Vd. como quiera al sistema de aquellos tiempos remotos. Para mí basta que aquellos hechos reflejen una unidad nacional histórica. Arana Goiri no estudió detenidamente los designios de la Monarquía pirenaica, ni pudo estudiar la Baja Edad Media vasca, entre otras razones por falta de tiempo y porque no conoció textos necesarios entre ellos los que contienen “Momenta Germania Histórica” o cualquiera de las colecciones de documentos medioevales. Hizo en cambio lo que nadie hizo, ni haremos nosotros, es saber despertar para siempre una clara conciencia nacional y darnos un programa de salud patria. Pero esto no quita para que su obra cultural e histórica que la muerte interrumpió a los treinta y ocho años (38) necesite de complemento y de perfección y en diferentes puntos históricos de ratificación.
No debemos empequeñecer la figura de Arana Goiri haciendo mutable sus opiniones en materia histórica. No nos tomaría en serio nadie. Sabino no definió en Historia, ni pudo completar su obra en la que se observa el mejoramiento de cada día. Fue un intuitivo genial, y hoy estoy seguro que con un estudio de nuevas fuentes y otras comparativas hubiera perfeccionado su obra prodigiosamente. Yo he leído íntegramente la producción histórica de Sabino con la profunda reverencia que siento por él. Pero sé que le interpreto si nos empeñamos en mejorar la obra histórica nacional y sobre todo si excitamos a la nueva generación estudiosa a bucear en el pasado, superando lo escrito hasta hoy en todo género de manifestaciones culturales que en conjunto nos den, ¡al fin!, la verdadera historia de nuestra nación y de la entraña y fundamentos de nuestra civilización indígena. (…)
Vd. me cita textos de Labairu y de Arana Goiri y del P. Estella para probarme la independencia de los Estados vascos principalmente de Bizkaia. No la niego a partir del siglo Xlll en términos generales. Pero antes. ¿Costará mucho probarlo documentalmente? Es desde este siglo para atrás donde se nota un vacío histórico que lo ha llenado el arbitrismo -aquí viene la leyenda- no en su totalidad pero sÍ haciéndonos creer en personajes legendarios como Juan Zuria y sus sucesores hasta el siglo XI, sin contar todos aquellos de la época romana que hicieron las delicias de nuestros escritores del siglo XVIII y de bastantes del siglo XIX. En cambio, ¡qué olvido de cerca de siete siglos de lucha nacional y unidad por la defensa de la independencia y la constitución de un Estado!. ¡Qué olvido de las ideas y de las formas políticas de la época en que los hechos se produjeron!. ¡Qué menosprecio por lo que pasaba a nuestro alrededor o en el mundo conocido de aquel entonces y que fácil aceptación del límite pirenaico como barrera histórica siguiendo inconscientemente el espíritu de los cronistas hispánicos!
De aquí que nuestra producción histórica carente de visión nacional y fragmentada en exceso no ha tenido aceptación en el exterior de donde se deduce la ignorancia que ha existido sobre nuestras cosas. Empeñados en empequeñecer nuestra historia la hemos hecho incomprensible para quienes desean estudiarnos. Las lagunas abarcan siglos y para llenarlas se ha acudido a la interpretación abstracta de normas evolutivas aplicables en general a todos los pueblos, cuando no se han tomado como historias hechas que el más ligero examen científico rechaza.
Me haría interminable si siguiera, porque entrar en el análisis de estos temas me haría llenar páginas y páginas. Muchas las tengo ya escritas y aquí en mi poder las que se refieren a la época que llega precisamente hasta el siglo XIII.
Se trata de la época más fundamental de nuestra Historia. El resto de la Historia vasca es más fácil de comprender porque está contenida en documentos más recientes y conocidos.
Seguro estoy que esto sería lo que Sabino haría hoy y lo que en todo momento quiso fuera el resultado de acuerdo con sus apreciaciones o fuera en contra.
Volvamos los ojos a aquella tradición de unidad -que es unitarismo- y no desdeñemos su ejemplo, que nos ha de servir no solo para explicar racionalmente y comprensiblemente nuestra historia, sino para dar un fundamento a nuestra lucha actual por la libertad, con nuestras ideas democráticas eternas y nuestra concepción republicana vasca. Porque el ayer fue el ayer, y el hoy, es nuestro. Lo que no tenemos derecho es a quebrar una clara línea de unidad nacional que nuestros mayores nos dejaron.
(…) Aceptemos que nuestros antepasados tuvieran una idea patriótica a su manera y según el tiempo en que vivieron. ¿Qué sentido tiene de otra manera una lucha de trescientos años, coordinada al Norte y Sur del Pirineo, contra francos y visigodos, y como explicar los doscientos años de lucha de la Monarquía nacional por el mantenimiento de la Rioja, caída la cual, cayó Bizkaya, privada de soporte por el Sur.
(…) Con la unidad de todos los vascos llegará también la libertad. Y el pueblo dirá su voluntad y seguirá escribiendo nuestra historia más al estilo del siglo VIII ó del XI que no de aquellos otros siglos de división y confusión. (…)”. Hasta aquí la carta.
En el prólogo del libro del Lehendakari Agirre “Fin de la dinastía pirenaica- reinando Sancho El Fuerte”, Ildefonso Gurruchaga decía por el propio Agirre: “Sabía que el conocimiento de la historia propia desarrolla en los pueblos la conciencia nacional, y da, asimismo, al dirigente político perspectiva de lo que pasa en el presente y cierta previsión de futuro” (edit. Ekin Buenos Aires).
Telésforo Monzón, el que fuera alcalde de Bergara, presidente del G.B.B., miembro del Gobierno Vasco, fundador de la Ertzaina y amigo personal desde la infancia de Agirre (cuyo padre era de Bergara donde pasaba Agirre de joven parte del verano), también entendió perfectamente lo que era un Estado y el papel mojado que era un estatuto el cual -como él mismo confesó- ni leyó, así como la necesidad de retomar el Estado anterior de los vascos, aquél con el que fuimos libres durante 1.000 años, por ello recuperó el símbolo del “arrano beltza” que creía era la primera bandera de Nabarra y no lo que es, el sello personal de la familia real pirenaica o de nuestro último Jefe de Estado reconocido por los nabarros occidentales, Sancho VII el Fuerte (1194-1234), el cual no pudo defender la Nabarra Occidental ante la superioridad militar de los castellano-españoles.
Telésforo Monzón decía: «Resulta ridículo e indignante oír hablar de que Nafarroa… ya vendrá, ya se incorporará, ya se sumará a las instituciones vascongadas. Nafarroa no tiene por qué venir a ninguna parte, ni incorporarse a nada, ni sumarse a nadie. A Nafarroa le corresponde estar y ser (Egon eta Izan). Nafarroa es Nafarroa. Nafarroa comienza en las playas del Cantábrico, que es el mar de Nafarroa. Nuestra lengua es la «Lingua Navarrorum». El arrano beltza da sombra a todos los vascos de la tierra. Iruña es la capital de Euskal Herria entera. Una sola consigna suprema, un solo grito por encima de todos los otros: Gora Nafarroa Batua!».
Años más tarde, muerto ya Agirre (1960), el getxotarra Federico Krutwig (Getxo 1921-Bilbao 1998), el cual firmaba como Fernando Sarrailh de Ihartza en 1962 su libro “Vasconia”, hablaba de qué supuso el Congreso Nacional Vasco de 1940 y la Constitución redactada y después leída por Manuel Irujo: «de un nacionalismo defensivo pasó a un nacionalismo expansivo, a una dinámica positiva con la que se reivindican los territorios que fueron robados a la patria vasca, es decir, los territorios que correspondieron al Reino de Navarra. Es más, parece que existe a este respecto un acuerdo firmado por los nacionalistas vascos en el exilio londinense y el coronel (sic) de Gaulle, en que éste se compromete a dar la autodeterminación al País Vasco, en caso de ganarse la guerra».
“Todo buen vizcaíno, guipuzcoano, riojano etc. que se diga nacionalista debería sentirse navarro y desear la restauración de ese estado en forma de República Vasca tal y como promulgaba Irujo durante el exilio en Londres. (…) Es muy de lamentar que esta visión que seguramente nos hubiera llevado hace tiempo a la independencia vasca, siguiese en París un Gobierno diciendo defender un Estatuto ridículo, obtenido de un Gobierno republicano que sólo lo concedió a última hora y porque no tenía otra posibilidad ante la anarquía y el desorden que reinaban en el territorio español después de la sublevación militar del general Franco” (…) “En lugar de platear el problema vasco claramente sobre la necesidad del establecimiento de una República Vasca, que englobe a los territorios de Navarra y del ducado de Vasconia, se sigue defendiendo un estatutillo por política de poca categoría”.
“Las razones históricas pueden ser fundamentos secundarios, que sirvan para acrecentar la personalidad de una nación, pero nunca son razón suficiente para la independencia”. (…) «De la historia sacamos, por otra parte, la lección de que la independencia nacional es una hecho que depende siempre del interés que demuestran los sometidos por su liberación. No hay duda de que el opresor no estará dispuesto a conceder la independencia a una conquistado si observara que éste no muestra por su parte interés innegable por la consecución de la liberación nacional y que la idea de la independencia y soberanía es la segunda naturaleza del oprimido».
“La fórmula “zazpiak-bat” es un símbolo de un falso planteamiento del problema vasco y habla de estrechez mental” (…) “Un movimiento nacionalista vasco sobre bases étnicas tendrá que reclamar, desde el punto de vista histórico, el restablecimiento de una Euskadi que incorpore la vieja Navarra y el Ducado de Vasconia (…) No cabe duda de que históricamente considerando, el futuro Estado libre vasco deberá comprender al sur de los Pirineos y al norte los territorios que correspondieron a la corona Navarra y Ducado de Vasconia (…) soberanías que en su origen son las mismas”. (…) “En realidad se puede decir que todo el País Vasco ha sido parte integrante de la corona Navarra (…)”
F. C. Krutwig Sagredo, euskaltzain entre otras muchas cosas de su azarosa vida, en un escrito sobre “Aberri-Egunaren erran-nahia orain eta lehen” (Anaitasuna marzo 1978): «Euskalherriaren garhaipen historiko bat hospatzen den egun batetan finkatu behar lizateke. Neure aburuz hunelako fetxa historikoa Euskalherrian, Orstaroaren 15/a izan da (abuztua), noiz euskaldunek Frantziaren harmada Orreagan suntsitu bait zuten. Euskaldunen viktoria hau mundu osoan ezagutzen da. Eta hunela kanpotar iainko baten heriotza ta phizteaz xinta-mintaka egoitearen ordez, euskaldunek, beren herrirat kanpotar iainko hori ethorri baino lehen, beren Historian iaraietsi duten ekhintza nabusiena ta ezagutuena hospa lezakete. Hunen araura flamenkoek bere nazional jaiaz, Kortijken frantsesen kontra irabazi zuten «urrhezko ezporen bataila» hospatzen dute, eta Alemaniko patriotek beren nazional jaia bezala germanoek Arminius buruzagiaren manupean Varusen legioneak deuseztu zituzten eguna dute.»
Esta línea de pensamiento toma un nuevo y definitivo giro en el año 1999 con el libro “La Navarra marítima” del ronkalés Tomás Urzainqui (ex vicepresidente de Eusko Ikaskuntza y ex presidente de Nabarralde entre otros cargos) y del gipuzkoano Juan María Olaizola (fallecido pocos meses antes de la publicación), libro que ha marcado un antes y un después del movimiento nafarzale. Según comentaba el propio Tomás en una entrevista:
“Principalmente esa obra da respuesta a cuestiones que condicionan el devenir de nuestra sociedad. Por qué nos subordinan o por qué motivo vamos a ser españoles o franceses, y en esa clave se hace imprescindible conocer qué pasó aquí y quiénes somos. Ése es el núcleo del problema hoy existente. Hay que aclarar los dos conceptos de vasco y navarro, algo que resulta imprescindible para recuperar la libertad individual y colectiva. Navarra es el referente político estatal de los vascos. El pueblo navarro objetivamente es independiente y subjetivamente soberano. Independiente, porque tiene su Estado propio, que es Navarra, y soberano porque constituye una sociedad que no puede estar subordinada a las sociedades soberanas española o francesa. Navarro o vasco son nombres que hacen referencia a la misma sociedad, a la misma gente. Mientras que el concepto navarro tiene un significado estatal, político y nacional, el concepto vasco se refiere al euskara. Existía un campo histórico bastante ocultado que era la realidad navarra de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya, y también de La Rioja. Y esa carencia del conocimiento de nuestro pasado estaba influyendo gravemente en la situación actual, porque se había llegado a la barbaridad de contraponer dos conceptos que se refieren a lo mismo, como son vasco y navarro. Desde hace treinta años han puesto en marcha desde el ámbito del aparato estatal español una campaña de reacción planificada, vestida de visceral, centrada en una buscada fractura entre lo navarro y lo vasco, ante un posible proceso de recuperación de los derechos políticos del conjunto de esta sociedad que es a la vez navarra y vasca. Por lo que era preciso rebobinar la historia para mostrar cómo sustancialmente es lo mismo. La nuestra era una sociedad política estructurada con la forma del Estado de Navarra y sus habitantes eran navarros en los hoy territorios occidentales de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya, tal y como recoge la documentación de la época. Los textos jurídicos, también se referían a esa denominación de navarros, tanto en el Fuero de Vitoria, como en el de San Sebastián y otros. La forma en que se fracturó el territorio influyó en un olvido con intereses políticos de esa unidad de Navarra”.
El propio Tomás Urzainqui en el artículo “Construcción o liberación de un estado propio” remarca la importancia de lo que aquí se ha tratado de este modo: “Algunos de estos nacionalistas «fundadores», sin duda con buena fe, confundieron el tocino con la velocidad. Supusieron que la división territorial político-administrativa en la que ellos habían nacido era originaria y existía desde el comienzo de los tiempos, ignorando que eran divisiones sobrevenidas tras la invasión, surgidas como consecuencia de la dominación nacional. Sobre este tema se trata con más detalle en el libro «La Navarra marítima».
Pero no se conformaron con dar por bueno ese error de apreciación histórica, sino que, dando rienda suelta a la imaginación, construyeron en el aire el mito de los «Estados Vascos», como premisa lógica de las engañosamente justificadoras teorías político-pactistas. Así, la falsedad ya había cerrado el círculo completo: «Araba, Bizkaia y Gipuzkoa, como Estados soberanos, habían pactado, de igual a igual, de potencia a potencia, con España, su voluntaria entrega». Planteamiento que en la práctica ha tenido un efecto disgregador y secesionista intra-nacional. Por otro lado ha facilitado el surgimiento del estatutismo constitucional español. En todo el siglo XX sólo se redacta un Proyecto propio de Constitución estatal en el año 1940 por el Consejo Nacional Vasco en Londres (…) Hoy «el conflicto político con los Estados español y francés», «la territorialidad» y otros problemas evidenciados, no se pueden contemplar por separado, pues todos ellos se reducen a uno: la realidad del Estado nacional propio secuestrado por los Estados español y francés. (…) No se trata de construir la nación, sino de liberar el Estado nacional. Liberar, en el más amplio sentido”.






