Parece ser que la denominada Conferencia de Paz de Donostia ha supuesto un verdadero banderazo de salida para el nacionalismo español, que se apresta ahora a intensificar al máximo la agresividad con que suele operar su maquinaria propagandística sobre el conflicto político vasco, ante la que parece ya inminente despedida de ETA.
Y esta repentina hiperactividad de políticos y medios de comunicación españoles en pos de un adecuado adoctrinamiento social sobre ETA, las víctimas y el contencioso vasco-español lleva camino de superar todos los límites conocidos de desvergüenza e inhumanidad.
Así, el primero en insultar a la inteligencia de los ciudadanos vascos ha sido el mismísimo Lehendakari, Patxi López. Para el mandatario socialista, además de dirigirse a la Conferencia de Paz en términos condescendientes y poco respetuosos para con su labor, ha insistido en las últimas jornadas en el discurso sectario de las mejores ocasiones, remarcando la idea de que con el fin de ETA llegarán “por fin a Euskadi la Paz y la Libertad”. Una aseveración que, además de sectaria, es manifiestamente falsa porque, ¿acaso el fin de ETA va a darnos a los vascos la posibilidad de elegir, con verdadera libertad, lo que queremos para nuestro futuro? Mucho me temo que no, porque los españoles, con Patxi López a la cabeza, nos seguirán impidiendo hacerlo, si es necesario recurriendo para ello a la violencia de sus Fuerzas de Seguridad, sus jueces y sus medios de comunicación. Por lo tanto, es falso que la desaparición de ETA vaya a traer la paz y la libertad a Euskadi, ya que la violencia latente con que los españoles nos imponen por la fuerza su soberanía y sus obsesiones identitarias seguirá existiendo. Sólo si eres un nacionalista español henchido de soberbia y radicalidad puedes llegar a sentirte realmente libre y en paz con la desaparición de ETA, pues sólo una persona así percibirá que, una vez desaparecida ETA, la única violencia posible, la del estado español, estará ahí para amordazar la voluntad mayoritaria de los vascos en favor de sus particulares intereses políticos.
De manera que Paz y Libertad sólo para los que apoyan el uso de la violencia, siquiera como amenaza, para obligar a los vascos a permanecer en España. Pero no sólo Patxi López ha comenzado la carrera por la propaganda. COVITE se ha presentado en Donostia, ante el Palacio de Aiete, con el reclamo de llevar la voz de las víctimas a la Conferencia de Paz. Sin embargo, si atendemos a su intervención, más pareciera que ha ido a pedir el voto para el Partido Popular.
Los representantes de COVITE que se han personado en Donostia han realizado afirmaciones tan repugnantes como que “en Euskadi unos han matado y otros hemos puesto las víctimas”. Ante palabras como estas solo podemos entristecernos y contener la náusea. Porque es duro ver cómo unas personas que se presentan como representantes de víctimas, no sólo se olvidan, sino que ocultan conscientemente a todos aquellos seres humanos que han sido igualmente víctimas de la violencia, pero de la violencia de las fuerzas policiales o parapoliciales españolas; personas que también han sido asesinadas y torturadas durante décadas. Debemos preguntarnos por qué una autodenominada asociación de víctimas puede “olvidarse” de aquellas otras personas que, como ellas, han sido víctimas de comportamientos criminales por motivos políticos. Y sólo encontramos una respuesta: por puro y simple sectarismo político. Porque COVITE no ha actuado en Donostia como portavoz de quienes han sufrido en su propia carne comportamientos criminales, sino como portavoz oficioso del nacionalismo español, y en especial del Partido Popular, haciéndoles el trabajo más sucio en pos de ese objetivo conjunto de extender la idea de que sólo ETA ha ejercido la violencia.
¿Acaso cabe comportamiento más inmoral?¿De verdad cree Patxi López que sobre “esta” memoria de las víctimas, interesadamente cercenada y manipulada, es sobre la que ha de fraguarse la convivencia en Euskadi?
COVITE ha finalizado su intervención pidiendo que a los miembros de ETA se les exija el reconocimiento del daño causado, que pidan perdón por aquel y que condenen “los fines totalitarios que radican en la acción terrorista”. ¿Tienen las víctimas de la violencia española derecho a algo similar, esto es, a que desde el estado español se reconozca el daño causado y se pida perdón por él? ¿Podrán esperar que desde España se reconozca el aliento totalitario de su violencia contra los vascos? Habría que oír a Basagoiti y López contestando a estas preguntas para saber de una vez hasta dónde llegan su cinismo y su inhumanidad.







