Hoja de ruta

La etiqueta # jovullvotaradeuespanya ha sido el cuarto tema mundial de Twitter y el primero del Estado el pasado mes de agosto. Algunos se preguntan ¿por qué? No le demos más vueltas. Seguramente no tenemos otra solución. Hace tiempo, siglos, que intentamos encontrar un encaje que la experiencia nos ha demostrado, incluso con derramamiento de sangre por medio, que es imposible. Hemos sido solidarios y no nos ha servido de nada, al contrario: nos tratan de tacaños y aprovechados, como se trata estos últimos días a la Unión Europea porque ha amenazado de invertir sólo en los territorios que saben administrar. Hemos sido prudentes en temas de política lingüística y nos reprochan intolerancia, y aún hoy muchos españoles están convencidos de que en Cataluña se obliga a las escuelas a enseñar exclusivamente en catalán. Somos educados y elegantes en el deporte y nos piden que seamos menos violentos y que ya es hora de que utilicemos un juego limpio. No hay manera.

Todos los pueblos se construyen sus propios relatos y utilizan todos los medios de que disponen para repetirlos para crear un relato, un imaginario, común que cohesione sus sociedades, y en el ámbito externo, para darse a conocer de la forma que ellos mismos han decidido ser reconocidos. A menudo no se corresponden relatos y realidades, pero es igual: tener una idea positiva y clara de uno mismo es muy conveniente tanto individual como colectivamente. Nosotros hemos tenido y tenemos los medios para difundir lo que es y debe ser nuestro imaginario y no lo hemos hecho o al menos no lo hemos hecho suficientemente bien. Quizá es que no tenemos relato. Yo he sido crítica con mi querida TV3 porque le he pedido responsabilidades por no haber hecho con la cultura y el sentimiento de pertenencia nacional lo mismo que supo hacer tan bien con la lengua. Pero seguramente me he equivocado. La culpa no es del mensajero, es de quien debe construir el mensaje, es decir, de nosotros mismos. Hemos sido muy prudentes, somos muy prudentes, y eso está bien, pero no olvidemos la mítica frase de Jordi Carbonell expresada el once de septiembre de 1976: «¡Que la prudencia no nos haga traidores!»

Todos los pueblos que han alcanzado la independencia han construido, antes, su propio relato, su imaginario colectivo, y han utilizado todos los medios a su alcance para comunicarlo interna y externamente. He explicado muchas veces la gran diferencia que había entre las cartas que las mujeres de los colonos norteamericanos enviaban a casa (el imaginario), que hablaban del paraíso reencontrado, y la cruda realidad expresada en sus diarios personales. También he hablado muchas veces del papel de Hollywood, la industria de los sueños en la construcción del sueño americano. Digamos relato, digamos proyecto nacional, digamos sueño catalán, digamos hoja de ruta; digamos lo que queramos, pero hagámoslo. Nadie nos lo prohíbe y, además, es gratuito. No hace falta dinero para hacerlo, sólo hay que tener ganas de construir un país ideal para vivir.

No menospreciemos el poder de los relatos y los medios de comunicación.Revisemos, por ejemplo, lo ocurrido en la guerra de los Balcanes, que comenzó en los medios de comunicación debido, entre otras causas, a las prácticas mediáticas de los serbios. No quiero hacer ninguna comparación, pero me hizo pensar en este sentido la última actuación de TVE a raíz de la agresión de Mourinho a Tito Vilanova, de la que sólo mostró la reacción del último. En la entonces República Federal de Yugoslavia, manipulaciones diarias, en diferentes niveles y con diferentes personajes, provocaron que los serbios entraran en casa de sus vecinos, croatas o bosnios, y los degollaran, y viceversa. Durante la guerra de Bosnia, conocí a un soldado bosnio en edad de pasar plácidamente el día en un hogar de ancianos que iba al frente a matar tantos serbios como sus fuerzas le permitieran. ¿Saben por qué? Porque sus vecinos, serbios, le habían asesinado al hijo delante de él.

Son una realidad y una situación diferentes, pero debemos tener presente como ejemplo de cómo puede acabar afectando a la convivencia una persistente campaña de manipulación contra determinados colectivos o pueblos. Un amigo que ha hecho un viaje por España ha vuelto muy preocupado por las reacciones hostiles que ha observado con sólo de decir que era de Barcelona, ​​que era catalán. Yo pido a nuestros políticos que afronten el problema de frente. Necesitamos urgentemente una hoja de ruta y aclarar hacia dónde queremos ir, cómo queremos ir y qué queremos ser, y lo tenemos que hacer tan pronto como podamos. Por dignidad, por pragmatismo y por espíritu de supervivencia.

ARA