Han pasado 6 años y medio (febrero 2005) desde que el Gobierno de UPN decidiera, para sorpresa de casi todos, invertir 173,5 millones de euros en la compra de acciones de Iberdrola, y casi 4 años y medio (marzo 2007) desde que el Gobierno de UPN tuviera que pagar otros casi 91 millones por las mismas acciones por una operación de cobertura que trataba de asegurar lo que no pasó entonces y sí pasó después, que el precio de las acciones bajara. En total, 264,5 millones de euros.
Una inversión que se justificó, según el informe de la Cámara de Comptos de 2007, por «el impacto económico de su actividad en el PIB de Navarra, equivalente a 600 millones de euros, por sus 160 empleados estables, por sus 473 megavatios de potencia instalada, por su contribución fiscal de 312 millones de euros en los últimos años, por su implantación en todo el territorio, por permitir el posicionamiento estratégico del Gobierno de Navarra en el mercado energético». Sonrojante razón esta última tras vender EHN y llamativas también las demás. ¿Es que acaso Iberdrola hubiera alterado de forma significativa su presencia en Navarra si no hubiéramos comprado esas acciones? Mucho se ha hablado sobre esto y no sé si alguna vez sabremos de verdad qué es lo que hizo que el Gobierno de UPN diera ese paso. Lo que no dudo es que al margen de las razones de fondo, estaban convencidos de que la iban a poder vender como una operación muy rentable en un plazo no muy largo y encima colgarse una medalla ante la ciudadanía. Sin embargo, ahí es donde los números no les están saliendo en absoluto.
Según el mismo informe de la Cámara de Comptos al que me he referido, durante 2005, 2006 y 2007 el Gobierno de Navarra ingresó aproximadamente 21,5 millones de euros de Iberdrola en concepto de dividendos y pagó en torno a 12,2 millones de euros de intereses del préstamo que pidió para la operación. No tengo el dato de los dividendos cobrados ni el de los intereses pagados desde entonces (2008-2011), pero sobre la base de los dividendos por acción que Iberdrola pagó en esos años, he estimado que ha podido cobrar en torno a 24,5 millones de euros. En cuanto a los intereses abonados, he estimado que han sido 3 millones de euros ya que el préstamo teóricamente se cancelaba en 2008. Asumo que puede haber cierto margen de error en esos números, pero no afecta de forma significativa a la conclusión general del presente artículo. En esa hipótesis, en estos años se habrían cobrado unos 46 millones en dividendos y se habrían pagado unos 15,2 millones de intereses, es decir se habrían cobrado unos 30,8 millones netos.
En resumen, hasta ahora habríamos invertido 264,5 millones en unas acciones y habríamos obtenido 30,8 millones limpios. Nos falta una pieza: ¿Cuánto valen ahora esas acciones? Según la cotización del 29 de agosto (5,04 euros por acción), valen 181,7 millones de euros.
A primera vista, se podría decir que, tomando la cotización de ese día, la pérdida sería de 52 millones de euros. Sin embargo, creo que no es exacto. A esos 52 millones de euros le tendríamos que añadir los intereses que hubiéramos conseguido colocando los 173,5 millones de 2005 y los 91 millones de 2007 en un depósito sin riesgos. Si supusiéramos que habríamos podido colocar esos fondos de media al 4% (por ejemplo cancelando anticipadamente deuda pública de Navarra) habríamos conseguido unos 67,5 millones de intereses a nuestro favor. Es decir, con la cotización de hoy 29 de agosto, estaríamos perdiendo la friolera de unos 120 millones, más o menos. Por cierto, la cotización el 17 de marzo de 2011 al cierre de la sesión, fecha en la que se aprobó en el Parlamento la resolución de venta de las acciones de Iberdrola, fue de 5,89. A ese precio, las pérdidas se habrían reducido unos 31 millones de euros, y habrían sido de casi 90 millones de euros. Según mis hipótesis, las acciones tendrían que venderse hoy aproximadamente a 8,35 para no perder y eso es imposible. Ya me imagino que al Gobierno UPN-PSN este tema le produce urticaria, pero creo que, a la vista de los números, deberíamos tener una posición clara y argumentada. A mi juicio, las opciones están claras:
1) No vender y seguir defendiendo su carácter estratégico contra viento y marea.
2) Fijar un precio mínimo de venta, asumir ese riesgo y no venderlas hasta ese momento.
3) Venderlas cuanto antes para hacer caja y tener esos fondos disponibles para otras prioridades.
Lo que sí es obvio es que cuanto más tiempo pase más caras las tendríamos que vender para no perder, ya que estamos renunciando a los intereses que generaría el dinero que obtendríamos por la venta. Por ejemplo, si esperásemos 2 años más, tendríamos que venderlas aproximadamente a 9,1 para no perder.
Como parlamentario foral, además de solicitar información sobre los datos que no tengo, voy a registrar una pregunta oral al respecto al consejero de Economía y Hacienda, pero, visto lo visto, ¿conseguiremos realmente que se moje el Gobierno de UPN y PSN en este tema y nos concrete cuál es su idea? No sé por qué, pero sospecho que nos van a decir que es contraproducente ser claros y que nuestros intereses como accionistas se gestionan mejor desde la discreción. Veremos.






