Desde una ONG vasca: aproximación a Mesoamérica

Mesoamérica, como una encrucijada de sectas, narcos, maras, marginación…

 

1.-Las ONG, son meros paliativos implementados contra la marginación tercermundista, un intento del colonialismo de lavarse su rostro insolidario.

Que  realmente son un impedimento para el resurgimiento y soberanía de los pueblos, pocos cooperantes lo dudan.

No se trata exclusivamente de la constatación de que el 90% de los proyectos habitualmente fracasan. Eso sería un mal menor. En general, estas organizaciones, lo he podido comprobar hablando con bastantes activistas y gentes especializadas, solo enseñan a los nativos a pedir e incluso a exigir… “Dan el pez, no enseñan a pescar”.

Lo habitual es, que rescindida  la donación, se arruine el proyecto y las teóricas expectativas de la ONG.

He contemplado con tristeza, los restos y ruinas de algunas empresas propuestas y subvencionadas por “Oneges” -en este caso vascas-, que dejaron de funcionar en el momento de cesar la aportación.

Pongamos un ejemplo. Entregas a varios campesinos un par de vacas, para que organizados cooperativamente exploten el producto lácteo. Cabría esperar con un mínimo sentido común, que en tres o cuatro años, el pequeño ganadero duplique su cuadra. Pues no. Las luces de muchos de estos pequeños ganaderos no van muy allá que se diga. No sólo no amplían su cabaña, tan sólo esperan a que se les muera una, si no es que ya la han vendido para resolver una necesidad puntual, para solicitar a la ONG, otra. Es un ejemplo entre multitud de situaciones similares.

Las “Oneges”, no suelen ser escuelas de autogestión o de una lucha que genere iniciativas y  compromisos en los entornos socioeconómicos en que se desarrollan.

No es este el motivo fundamental de estas líneas. Lo traigo a colación, por la implicación que pueden tener en el desarrollo de estos pueblos y sobre todo porque personalmente, visitar una de estas entidades -las “Oeneges” vascas menudean en estas latitudes-, me ha permitido acercarme a este mundo complicado y agónico de Mesoamérica.

Un mundo agónico, convulso  y sobre todo al menos por el momento, con perspectivas no muy halagüeñas o por lo menos con un futuro tan nebuloso como impredecible.

Lo triste y sorprendente, es que los pueblos de Mesoamérica son entornos privilegiados. Las posibilidades paisajísticas –incluyamos los yacimientos arqueológicos-, hidrológicas,  agropecuarias, piscícolas,  diversas materias primas etc…  convenientemente explotadas y racionalizadas deberían haber configurado un conjunto de sociedades prósperas.

Lamentablemente pues, el intervencionismo, el colonialismo causante de la pérdida de identidad, soberanía patrimonio y cultura de los pueblos aborígenes, han situado a Mesoamérica al borde de un colapso socioeconómico.

Ni siquiera los esperanzadores movimientos insurgentes, fueron capaces de encontrar los cauces oportunos para poner al servicio de los pueblos tanto el dominio de los propios recursos, como el ejercicio de una auténtica soberanía.

No fueron pocos los obstáculos que impidieron esta auténtica reconquista. A la intervención decidida del pentágono para detener los procesos guerrilleros con envenenados tratados de paz, hay que añadir tanto la cerrazón de las viejas oligarquías criollas, como la inconsistencia de los líderes guerrilleros y la de los políticos de la insurgencia, que embadurnados con los mejunjes y prebendas del “statu quo”,  han traicionado   la fe que el pueblo depositó en ellos.

He viajado por Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala. Tratar de definir por unas pocas vivencias a estos pueblos, aparte de engreimiento  y falta de respeto, ha de ser  obviamente inabordable e insolente. Otra cosa es dibujar, aunque sea superficialmente mis impresiones.

Lo primero que te llama la atención es la contaminación ambiental, la inmensa suciedad –comentaba con unos canadienses que también destacaban este aspecto- y el deterioro de pueblos y vías de circulación. La invasión del plástico, la libre proliferación de aguas residuales, auténticos albañales, salvo en algunas zonas turísticas, resulta agobiante. Calles, bosques, arroyos –cuya superficie queda engullida por plásticos flotantes- lagos…

Saco a colación el hecho, porque el entorno físico de un país, de alguna forma define a sus moradores. En este caso, la agresión a la vista es  brutal…

Claro que no está todo perdido. Todavía quedan amplísimos espacios vírgenes. Paisajes, donde lagos de ensueño,    espectaculares e impenetrables selvas o arrogantes volcanes, construyen un cuadro único y con infinitas potencialidades…

Pues en este, todavía paraíso, palpita un mundo que se mueve entre el odio, el hambre, la miseria compartida, la riqueza desperdiciada, el dolor , la alegría a veces  tan incontenible como  inconsciente…

Una amalgama de sentimientos y pasiones, inexplicables para el alma fría e insolidaria de lo que ellos califican como gringo o simplemente extranjero…

Todo aquello –en una primera impresión- se me figuraba un magma hirviente de pobreza, incultura, miseria, fanatismos religiosos, rituales ancestrales, pícaros y peligrosos delincuentes…

Realmente, cuando convives con aquellas gentes y penetras en sus entrañas, sabes que lo que realmente esta fluyendo, es la vida de unos pueblos  a quienes se les han quemado sus raíces, y se les ha hurtado su patrimonio cultural. Es decir, no saben de donde vienen, ni quienes son, caso de que se les permita ser algo…

Y los que nos sentimos vascos lo tenemos bien claro. La identidad y la autoestima, nos lleva a la soberanía y ésta a la lucha por un estado propio y pròspero.

En consecuencia, al menos de momento, se ven incapaces de construir un proyecto de futuro que les impulse a recomponer su autoestima. El único camino para moverse entre las naciones sin el sambenito o el complejo de pordioseros.

Claro, que es evidente que este tercer mundo está donde está, porque así conviene a los programas tan económicos como  insolidarios del primer mundo.

Dentro de este guión, el protagonismo de las oligarquías de los países pobres, de las organizaciones delictivas –maras en nuestro caso-, de las iglesias y sectas y sobre todo de la corrupción de los gobiernos, cualquiera sea su signo, es obviamente crucial.

Las sociedades de Mesoamérica, viven aterrorizadas.  Allí donde una vida humana puede valer unas docenas de dólares, el estado, los medios, las prédicas religiosas, la proliferación de policía, agentes de seguridad etc… son los mejores agentes de un ambiente escénico, donde el miedo y la inseguridad son endémicos.

Mucho se ha hablado de las maras y no sin razón. Su impronta sobe los pueblos salvadoreños y Guatemaltecos, hoy día resulta alarmante.

Aitor, lo refleja con toda claridad a continuación, en estas breves y jugosas líneas:

 

2.- Maras, Estados Unidos, y el valor de la vida.

Extraño título, os diréis algunos, bueno, intentaré cerrar un círculo en el cual unir estas 3 ideas entre si.

No ocultaré mi escasa simpatía por el país que siendo el 3% de esta pequeña gran aldea que es nuestro planeta, consume un tercio de lo que este produce.

También es el que emite un tercio de los malos humos a la atmósfera, y los que nos exportan toda la bondad de sus creaciones (Mac Donald´s, sus estratégicamente creadas necesidades de consumo, el «use and abuse» junto a la obsolescencia programada, y en definitiva todo el «desarrollo» insostenible).

Bueno, pues las maras también fueron una de sus creaciones directa y/o indirectamente.

Estas pandillas originariamente y en su mayoría, fueron conformadas por inmigrantes, principalmente salvadoreños, que llegaron a los EEUU a principios de los ochenta, huyendo de la cruenta guerra civil en El Salvador (1979-1992), en la cual, como no y no por casualidad, los gringos también tenían metidas las garras.

Las Maras más famosas y crueles (la del 18 y la Mara 13 o Salvatrucha), nacen en Los Ángeles en las calles 13 y 18 como respuesta defensiva ante la sociedad anglosajona, blanca y protestante, que margina y excluye a este grupo social al que el sistema capitalista gringo no da cabida en su país.

Esta situación fue el caldo de cultivo ideal para la creación de estas bandas, en las que la violencia es tan natural como la vida misma.

Tras la repatriación, mejor dicho, expulsión de estos salvadoreños que habían nacido y se habían criado en los EE.UU, las maras se extienden además de por El Salvador, por Guatemala y Honduras.

Esta transculturización crea un fenómeno que hoy en día, es un gran problema para estos  países tan empobrecidos. Su poder se sustenta en el miedo y la violencia. Extorsionan a chóferes de bus, a dueños de tiendas, a repartidores… y si alguien no paga, se le multiplican las posibilidades de ser asesinado.

«Mejor no llevarte mal con los taxistas abusadores, porque esos hijos de puta son capaces de mandarte matar», me dice Hugo, y es que preguntado a la gente de aquí, he determinado que el valor medio de una vida es de entre 25 y 500 dólares, precio por el cual puedes contratar a un sinfín de sicarios (que en su mayoría son adolescentes), y mandar  que maten a cualquiera que te haya mirado mal.

Para intentar limitar el poder de estos grupos, el anterior gobierno de Francisco Flores y posteriormente el de Antonio Saca implementaron la ley de la «mano dura», a lo cual las maras respondieron con más violencia, incluso comenzaron a aparecer más cuerpos decapitados y desmembrados.

Como respuesta a este aumento de violencia, implementaron la ley de «súper mano dura», esperando combatir (policialmente, como no) a estas pandillas que hoy en día y por lo menos aquí en El Salvador, están llenas de niños y adolescentes, quienes vieron en la mara, la familia que no habían tenido o vivido, y a los que no les quedó otra salida, o no supieron encontrarla, en una sociedad en la que siempre parece haber lugar para más excluidos.

Uno de los días en los que volvemos desde San Vicente al conflictivo Ilopango donde vive Hugo, nos para la policía. Mis pintas de extranjero no son suficientes, y me preguntan si llevo tatuajes, a lo cual respondo que si. Me hacen quitarme la camisa para ver si tengo alguno relacionado con las maras, y es que hoy en día, estar «manchado» o tatuado con los símbolos de la 18 o la salvatrucha, supone cárcel, así que los mareros ya no se tatúan ni visten de forma tan obvia, ahora se tatúan el interior del labio inferior, junto a la encía, para que no los reconozcan, e incluso van vestidos de manera común.

Hace poco, y en protesta contra la nueva ley «antipandillas», las enemigas maras 18 y salvatrucha se unieron para hacer la llamada «rebelión de las maras», la cual paralizó la gran mayoría del transporte del país. Parafraseando a un amigo ex combatiente, «han conseguido lo que el ejercito(FMLN), jamás consiguió, paralizar el transporte».

El poder de las maras es tan grande, que ejercen una gran presión sobre el propio gobierno. Aun así, no son pocas las voces que acusan a este y a anteriores gobiernos de instrumentalizar a las maras en beneficio político, para endurecer las leyes al más puro estilo texano, para promover la ley de escuchas, y un estado controlado policial y militarmente, como hicieron los gringos tras el 11S o los españoles con la excusa perfecta de E.T.A.

Lonely, sniper, silent, hunter, moussi, la crazy…, son algunos de los nombres (transculturización gringa), que se escuchan todavía hoy en día, aunque la mayoría de ellos están en las cárceles o en Estados unidos, desde donde siguen controlando parte de las actividades de sus «homies» o hermanos de pandilla.

Los nuevos «bichos» (niños), son usados como «check» o «poste», para vigilar los barrios y la seguridad de la «clica» (grupo local de una pandilla), o incluso para transportar drogas, ya que al no estar manchados ni fichados, no levantan sospechas.

Muchos de ellos sueñan con ir al país que los vomitó como un desecho, al país del «hermano lejano», en el cual ya hace un tiempo, aprendieron, que mientras no seas como ellos (blanco y con dinero), tu vida vale menos que un puñado de dólares…

 

3.-Las sectas.

El gerente de la ONG vasca que visitaba, me llevó a visitar a su amigo, que se encontraba enfermo. Una buena excusa para acercarme al alma rural, en este caso de una aldea del Salvador. Izalco, cerca de la ciudad de Sonsonate.

Las condiciones de habitabilidad, no son para contar. Chabolas construidas sobre tierra apisonada, cuatro palos o postes en el mejor de los casos y unas chapas oxidadas. Eso define a grandes rasgos, el meollo de tantos y tantos hogares, sobre todo en las zonas rurales y en los suburbios de San Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua.

El amigo llevaba postrado en cama seis días con un severo ataque de diabetes. En la pequeña estancia unas mujerucas rezaban, incluso la que parecía llevar la voz cantante hasta imponía las manos al enfermo… Dios es bueno, se hará su voluntad mascullaba… y las consabidas boludeces de rigor.

Entramos.

–         ¿Desde cuando está así?

–         Seis días lleva, D. Hugo…

–         ¿Pero como no han llamado a una ambulancia, no ven que se ahoga…?

Recorrimos media región para encontrar una ambulancia. Quizás el ver a unos europeos y los veinte dólares de “la voluntad”, hicieron el milagro. Nos dirigimos delante de ella a la mísera aldea.

–         Dios es bueno –decía la bruja impositora de manos-.

–         En este caso –intervino con cierto enfado mi esposa-, más bien, Hugo que se ha molestado en buscar la ambulancia.

En realidad, todo hubiera sido igual. Si aquel buen hombre que se asfixiaba con los ojos desorbitados moría –lo que sucedió a los dos días-, era voluntad de Dios, si revivía, milagro. El Dios de los tontos y destalentados (quizás tan solo pobres desheredados) siempre acierta.

Y así es. Los sectores desamparados,  necesitados de amor, de identidad, de consuelo, de pan, de justicia, de respuestas… son el caldo de cultivo perfecto para  la proliferación de las sectas.

Las autoridades políticas, casi siempre “católicas”, están encantadas con esta reevangelización, que desprecia cualquier esfuerzo para despertar a estas gentes sumidas en la marginación y en la injusticia.

Tal inflación, auténtico mercado o mercadeo religioso, está suficientemente claro, es el resultado de la expendeduría yanqui, que conscientemente las financia para mantener el clima de alienación e inmovilismo, que tanto favorecen a sus métodos imperialistas.

Comentaba jocosamente a un amigo, que veía mas locales y cenáculos sectas, que Euskalherría  bares.

La trifulca entre la teología de la Liberación  y la casposa ortodoxia vaticanista ha desangelado profundamente la incidencia de la Iglesia católica. Como resultas, surgió un amplio campo de indefinición en el que prestamente se colaron decenas de confesiones y chiringuitos de tintes protestantes.

Evangelistas –impresionante su implantación en Guatemala-, testigos de jehová, mormones, pentecostales, la Iglesia universal del Reino… En fin, la de Dios es cristo y toda la mara celestial…

Predicadores/as, farsantes o desgarramantas… pululan como hongos. En autobuses, plazas y mercados… se te cuelan hasta en la sopa.

Utilizan un verbo agresivo contra la mente y los tímpanos. Sus argumentos son reiterativos hasta el hastío. Se apoyan en la biblia que portan en sus manos, citando a destajo versículos que incrustan sin pies ni cabeza en sus discursos. Incongruentes, simplistas, con un tremendismo escatológico a caballo entre el fin del mundo y el fuego eterno… En fin, auténticos orates… ¡Para que quieres más anticristo!

Van dirigidos a un público entre sencillo e inculto, y casi siempre desprovisto de formación y argumentos para responder a las vociferaciones desgarradas de estos profetas de la angustia de la tragedia y de la desesperanza.

En una intensa velada platicando con exguerrilleros del FLMN, estos reconocían que la teología de la liberación había estado en la base de toda la dinámica guerrillera.

El asesinato de Monseñor Romero, de Ellakuría, Kortina, fue algo perfectamente premeditado a fin de desmontar el alma de este espíritu liberador.

La posterior invasión de Mesoamérica por parte de las sectas yanquis, fue algo perfectamente estudiado y pactado entre el Vaticano y el Pentágono.

Sobran testimonios a este respecto.

Por curiosidad asistí un Domingo, a las prédicas de algunas misas dominicales en la vieja Antigua. Aquellos sermones desvariando sobre el sexo de los ángeles, efectivamente, ya nada tenían en común con la  teología de la Liberación.  Y de la posterior procesión mariana, tras la que un conjunto armonizaba el paso procesional cantando la Wamba, pues a parte de la ridiculez y del ambiente cutre de aquel ritual, no me quedó más alternativa que una mezcla de bochorno y cachondeo.

Probablemente, nuestras mentes tan escépticas o agnósticas, sean algo cerriles a la hora de entender la profundidad y el significado de aquella expresión de fe… Probablemente.

Esta religión –todo lo católica que se quiera-, ya no molesta, ni a los dirigentes, ni al pentágono, ni a las multinacionales… Es perfecta para mantener en la inopia a los pueblos subdesarrollados.

Esta plaga de religiones viscoso magma de fundamentalismos, intolerancias, supercherías, y mil esclavitudes, ennegrece el futuro de Mesoamérica. Se trata de estabilizar la involución en contra de cualquier intento de insurrección liberadora

De momento, no se entrevé una democratización que legal y civilizadamente haga despegar a estos pueblos de su secular marginación.

 

4.- Cierto que los recursos económicos, son escasos. Esto es debido sin duda al subdesarrollo, la falta de planificación y sobre todo, porque la titularidad y el dominio de los bienes raíces ha estado tradicionalmente en manos de un reducido grupo de oligarcas.

A pesar de esto, la falta de iniciativa de la burguesía es brutal.

La vecina Costa Rica, probablemente  con menos recursos turísticos que el resto de sus vecinos –por allí se dice que las posibilidades de Nicaragua o Guatemala, son muy superiores turísticamente, lo que no dudo- ha mejorado notablemente el nivel de vida del pueblo costarricense.

Quizás el tipo de turismo costarricense, ni sea el más aconsejable, ni el mas conveniente…y se deba reconducir, pero ahí está.

Hay en estos países mesoamericanos, elementos  de un potencial turístico incalculable.

Centros como Antigua o el pequeño pero bellísimo enclave colonial de Suchitoto,  la señorial Granada a orillas del majestuoso lago de Nicaragua, los impresionantes e innumerables volcanes custodiando los lagos de Atitlan, el citado lago de Nicaragua o como centinelas de las paradisíacas playas del Pacífico central…  Y los impresionantes yacimientos arqueológicos como Tikal, Copán, La Amelia, etc., etc., etc.

El problema es que las infraestructuras de estos países son tan deficitarias, los entornos tan descuidados, la seguridad o el riesgo del turista tan preocupantes, que todas estas potencialidades económicas inevitablemente se quedan como tales…

En otro orden de cosas, en general –dato bien esclarecedor- todos estos países Importan exageradamente -por supuesto de EEUU-, más de lo que exportan.

Lo peor es que sus escasas exportaciones, café, bananos, azúcar, frutas etc… son muy inestables en precios y en volúmenes… Siempre al arbitrio de las multinacionales y de los monopolios, que no ofrecen ninguna  garantía ni a los pequeños ni a los grandes productores…

El tejido industrial es prácticamente inexistente.

Una radiografía del mundo laboral nos mostraría una agricultura de subsistencia en las zonas rurales y el grupo selecto de terratenientes a los que acuden braceros que perciben sueldos de hambre.

En las zonas urbanas, una red inacabable de pequeños comercios y mercados que fluctúan entre el fraude, la picaresca y la mísera subsistencia y por supuesto, los grandes supermercados y comercios de alto standing ¿cómo no?.

Y para cumplimentar esta radiografía, estarían los servicios y fundamentalmente un ejército de seguratas y policías que anidan o se apuntalan en  bares, farmacias, mercados, restoranes, zonas residenciales, colegios y  en general en cualquier entidad de mediana importancia.

En síntesis este sería el tejido productivo, verdaderamente exiguo y mísero si su aportación al PIB, no se viera incrementada con las sustanciosas remesas que los emigrantes de Nicaragua, Honduras, El Salvador –más del 40% del PIB nacional-  y Guatemala, remiten religiosamente desde yanquilandia u otros centros de emigración.

Ahora hagamos algunas consideraciones. Estos países comidos por la deuda externa, en que la asistencia sanitaria –cuando no inexistente- y la educativa es tan deficitaria, han de soportar lacras sociales que en plenos siglo XXI, debieran parecer anacrónicas o dadas las circunstancias criminales.

Lacra social y corrupción endémica, es que los gobiernos de estos países, esten concediendo a las grandes empresas, comercios y bancos una exención –subsidios implícitos- del 8%. La llamada exoneración. Supone el 4% del PIB.

Entre esta exoneración, la evasión fiscal añadida y la corrupción gubernamental, se evapora el 12% del PIB. Cantidad muy superior a las inversiones que hacen estos estados en Sanidad y educación.

Evidentemente las cifras son globales y admitan sus variantes dependiendo de cada estado, pero ahí están.

No creo que sea necesario aportar más datos para aportar una visión global de la situación de estos países.

 

EN CONCLUSION.  Declaro la decepción que me supuso el conocer algunas Oeneges, aunque la verdad ya disponía de algunos datos que me hacían sospechar de estas “empresas solidarias”.

Que  aún aceptando la riqueza que a nivel personal supone, el convivir con el paisanaje de estos pueblos, he de confesar:

1º, que es un error ir a estas gentes de apóstol, entendido o comendador si se quiere… Ellos saben perfectamente lo que quieren y necesitan… y 2º, que si les dejamos a su aire –fuera misioneros, sectas, religiones, asesores y otros tantos metetes oficiales-, y dejémosles con sus leyes, luchas y tejemanejes…  Que tarde o temprano, ya acabarán ellos por entenderse.

Si alguna vez nos llaman o nos necesitan, vayamos con humildad y un sano espíritu de colaboración, solo entonces y no más.

Eso es todo.

 

Publicado por Nabarralde-k argitaratua