A veces tengo la sensación de que la evolución del proceso es demasiado rápida, más allá de lo que pueda deducirse de los acontecimientos concretos. En todo caso, es tan difícil adivinar con exactitud lo que va a suceder, desde la perspectiva individual, que –una vez más- me veo obligado a relativizar mi percepción. A pesar de todo no dejaré de manifestar mis temores avanzados en escritos interiores, que obligan a pensar seriamente en la posibilidad de un momento revolucionario que afecte al conjunto del Mundo occidental.
Pienso que nos encontramos en una situación delicada. La crisis económica puede constituir la culminación del proceso final de la hegemonía del Mundo occidental, que –en contra de la visión que se tiene de la misma- no ha durado, sino dos siglos, a lo largo de la denominada Revolución industrial, calificada en nuestro imaginario histórico como Edad Contemporánea. Los temores que expreso derivan del análisis de la evolución de la economía-política inmediata, pero también del proceso de evolución seguido por la Humanidad a partir de la desaparición del bloque soviético.
Me fijaré en primer lugar en la evolución de la crisis económica desde que se aceptó su existencia. La crisis es resultado del proceso de acumulación de capital propiciado por un sistema financiero que ha visto en la especulación el método más eficaz para absorber la riqueza nominal, representada en la moneda y todo tipo de valor de intercambio. En el proceso se ha relegado al auténtico instrumento de producción, constituido por el trabajo y los bienes de uso directos. Los beneficiados han sido los detentadores de títulos financieros, quienes han manipulado estos resortes a fin de estrujar al máximo la capacidad de producir excedente financiero, en perjuicio de las rentas de los auténticamente productores de bienes y servicios. El proceso ha tenido lugar en el espacio de los denominados países industriales, que han mantenido el liderazgo sobre la Tierra hasta los tiempos actuales. El afán de rentabilizar el capital ha significado el traslado de la actividad productiva hacia escenarios que se han considerado marginados hasta tiempos recientes, pero que hoy aparecen como auténticos rivales para el mundo desarrollado tradicional. De hecho hoy en día tales escenarios no destacan únicamente por su capacidad productiva, sino también por el control que ejercen en muchos terrenos de la economía y tecnología, tradicionalmente considerados característica del Mundo occidental. Que China se haya convertido en el principal productor mundial y que la India cuente con la mejor capacidad en el terreno de la informática, son unos hechos que revelan mejor que nada que Occidente ha perdido ya la Hegemonía; al menos en el terreno económico. Dejo a un lado lo que suponen otras economías de los denominados países emergentes que permiten establecer un cuadro todavía más matizado de esta evidencia; los Países desarrollados tradicionales no dominan la escena mundial.
Se podrá objetar los problemas estructurales de que adolecen estas nuevas potencias, particularmente el bajo nivel de consumo de las masas productoras y la explotación que sufren de su fuerza de trabajo. Estos desajustes pueden ser reconducidos con cierta facilidad y los hoy austeros trabajadores convertirse en consumidores desaforados. Así sucedió en Japón y no hay razones para pensar que no vaya a suceder en India y China. Entre estos dos colosos hay 2.000 millones de futuros consumidores. Todo ello sin contar el conjunto de países asiáticos que disponen ya de una gran capacidad de producción y consumo ¿Qué objetar a esto? ¿Qué la acumulación de riqueza en estas potencias se está haciendo a costa del bienestar de los trabajadores? Puede dar risa una argumentación en esta dirección. Las élites occidentales nunca han dejado de pensar que éste es el estado ideal del Capitalismo.
Por otra parte abruma la falta de perspectiva de que adolecen las élites dirigentes occidentales. Sus previsiones vienen fallando de continuo desde que se reconoció la existencia de la crisis. El hecho es que hoy nos encontramos en un mundo que no se parece al de otras épocas críticas con las que se compara la situación actual. Se dan similitudes con la crisis de los años treinta del pasado siglo, pero la realidad se ha modificado profundamente. En el pasado las crisis fueron una fase de la evolución económica de los países avanzados. El resto del Mundo apenas quedaba afectado por sus efectos, simplemente porque se encontraba en un Estado de depresión permanente. En la actualidad las potencias emergentes parecen mejorar su situación con respecto a Occidente y –finalmente- mejorarán su posición en el ranking económico mundial.
Es evidente, por otra parte, que los encargados de prever la evolución de la crisis vienen equivocándose constantemente y no han acertado en sus previsiones. El problema se encuentra representado por la precipitación de acontecimientos ineludibles a una velocidad que resulta imposible de controlar y que no hace mucho se afirmaba que no tendrían lugar. Los problemas de deuda pública y déficits de ciertos países europeos que los acercan a la quiebra, el mantenimiento del paro y las previsiones negativas inmediatas en el desarrollo del P.I.B. y crecimiento en general…
A los trabajadores se les pide que acepten reducciones en su capacidad de consumo y ventajas proporcionadas por el Estado de bienestar que consideraban ya definitivas… el fantasma de la vuelta a otras épocas se hace presente. Si en los países europeos se considera que los riesgos no dejan de ser temporales y que regresarán los tiempos buenos, en otros la situación es más crítica. Los países norteafricanos han alcanzado una fase crítica. Como consecuencia de la crisis sus recursos han disminuido y sus sociedades han alcanzado una situación de precariedad. Los sistemas políticos de carácter autoritario que han controlado hasta el momento la frustración social, parece que no sirven cuando la precariedad es extrema ¿Tendrá lugar en ellos una revolución? ¿Cómo afectará esta a Europa? Entre tanto, los rescates de deuda se precipitan en la Unión europea. Parece que Portugal ha salido airoso de la prueba y se ha visto el éxito de la operación. De fracasar Portugal el siguiente punto sería España. Percepciones rodean su evolución económica. Es suficientemente sólida, según algunos. Otros la califican de delicada. No sabemos si el éxito último no es la mejoría que precede a la muerte…
Otras lecturas que se pueden hacer del conjunto del proceso afectan al carácter de los sistemas socio-políticos que se establecerán en el Futuro. Creo que las previsiones hechas a raíz de la desaparición del bloque soviético no han acertado. El fin de la Historia parece largo y Fukuyama se equivocó. El sistema basado en la economía libre de mercado, acompañado en lo político por sistemas parlamentarios, no se ha impuesto. Existía en la previsión de Fukuyama la seguridad con la que actúa siempre el Capitalismo occidental, prepotente y altivo porque piensa que las cosas le seguirán siendo favorables como le han sido hasta el momento. El proceso de evolución de los últimos decenios ha puesto en evidencia que se pueden alcanzar altas tasas de crecimiento sin necesidad de un sistema parlamentario tradicional y que puede ser más eficaz un sistema basado en el férreo control de la sociedad, a pesar de que nominalmente se afirme que el poder lo tiene un partido popular y comunista. El caso de China es paradigmático al respecto, sin necesidad de que exista un hombre fuerte, líder incuestionable. Las objeciones que se hacen a tal situación son simple resultado de la ignorancia total con la que los occidentales acostumbran a mirar a China. Los dirigentes chinos no se dejaron arrastrar por los cantos de sirena que se les hacía desde Occidente y siguiendo las pautas de comportamiento históricas del Imperio del centro, han buscado la armonía confuciana en el trabajo obediente de la muchedumbre y la dirección firme de los dirigentes. De momento altos índices de crecimiento, en el futuro mejora del consumo y condiciones de vida del conjunto social.
No ha sucedido así en la Unión soviética. Aquí las élites vieron la posibilidad de su propio progreso en la aceptación de la fórmula de propiedad privada y aparente funcionamiento del sistema parlamentario. Lo que se instaló fue un régimen corrupto y castas socio-económicas mafiosas, todo presidido por una dirección política tan autoritaria como la estalinista, en definitiva las dos soluciones triunfaron mediante una prueba de Fuerza; Tianamen en Beijin y el aplastamiento del parlamento ruso por parte del “demócrata Yeltsin”. En occidente se recuerda el primero y se olvida el segundo de estos acontecimientos. En todo caso el resultado es muy diferente. China asciende, Rusia se encuentra en el fondo. Pretender que en Rusia se ha establecido la democracia es puro angelismo.
La democracia ¡Qué expresión tan querida e incomprendida! ¡Con qué facilidad calificamos a los sistemas políticos de dictaduras o democráticos! ¿Tiene alguna importancia que el sistema se base en una mejor intervención de la colectividad? Me temo que no. En cualquier caso es evidente que en los países avanzados funciona mejor el sistema de elecciones y parlamento. ¡Es la voluntad popular! Lo pongo en duda. Pienso más bien, que el nivel de satisfacción material y demás –en definitiva, resultado de un desarrollo más grande- hace que la colectividad se sienta más satisfecha. La muestra más clara la constituye la transformación de las clases obreras europeas –en otros tiempos revolucionarias- en sumisas y refrendadoras del orden social vigente. Es en las zonas menos favorecidas en las que se encuentra la insatisfacción. Por lo demás, el sistema permite la acumulación de riqueza y despilfarro en este Occidente avanzado que lo facilita cotidianamente…
¡Pobres países que viven todavía en el atraso económico! Su docilidad no les salva de las secuelas de la crisis y de la miseria. Al final tienen que saltar a la calle para reclamar el derecho a vivir. Y es que en ellos los fuertes no pueden hacerse ricos, sino con el autoritarismo y la corrupción ¿Es muy diferente el método del que utilizan las sociedades occidentales? ¡Cómo se puede negar! ¡Tenemos elecciones! ¿Cuántas veces se ha frustrado la voluntad de cambio que se había manifestado en las urnas? Obama es la muestra. Al final se impone la cordura y lo único viable. La decisión de los poderosos.
Los países occidentales y sus élites socio-económicas no parecen sentir los riesgos de un sistema alocado. Actúan como lo han venido haciendo durante decenios ¿Acaso esta actitud ha dado malos resultados? La inconsciencia es supina. Lo cierto es que no saben qué medidas tomar salvo las que les benefician de manera inmediato. Han conseguido imponer a los sectores económicos menos fuertes el coste de su propia ineficacia y despilfarro. Lo único evidente es que la situación se les escapa de las manos y son incapaces de prever lo que vaya a suceder en el espacio de dos meses ¿De qué manera se reflejará en Europa la revuelta del Norte de África? Deberían ser conscientes que los grupos socio-económicos inferiores europeos son pacíficos…, pero no deben ser arrastrados a la emergencia ¡Nadie se quema a lo bonzo –o se enfrenta a la policía de no estar al borde de la desesperación! Se debería reflexionar al respecto.
¡Insisto! No puedo prever, pero cada vez aumentan los síntomas negativos. A quienes les parezca que estoy proponiendo la Revolución, les pediría que no tengan miedo. La experiencia de lo que han sido las revoluciones en los tiempos contemporáneos no son muy estimulantes. Los planteamientos revolucionarios tradicionales exigen un gran altruismo por parte de sus agentes. La realidad es que tal actitud ha faltado en la mayoría de los casos. Un sistema socialista puede parecer muy racional ¡Ya se lo pareció a Thmas Moore! Yo me conformaría con un sistema auténticamente democrático, que impidiera el predominio de los fuertes y satisficiera las necesidades colectivas. Lo cierto es que en el momento presente disponemos de los medios, pero nos encontramos muy lejos de abordar su construcción. Espero que no se equivoque nadie al leer estas reflexiones. En ningún caso me estoy reconvirtiendo al Capitalismo. Las razones que tengo hoy para su rechazo siguen siendo las mismas que hace décadas. Mi perspectiva puede ser pesimista. Sigo sintiendo que el Capitalismo es un fracaso estrepitoso ¿Pero será posible encontrarle alternativa, o nos encontramos en una fase del mismo que abocará a su destrucción con tremendas consecuencias para el futuro del ser humano?







