La izquierda heredera de los viejos movimientos socialistas y comunistas que hunde sus raíces en el histórico movimiento obrero de los viejos países industriales europeos. La mayor parte de la antigua sociedad trabajadora, hoy asentada en la comodidad del Estado de Bienestar -a pesar de los desfavores del neocapitalismo- no piensa en ninguna solución revolucionaria del tipo que preveía Marx y llevó a cabo Lenin. Las clases trabajadoras europeas asumen los planteamientos de fuerzas políticas capitalistas –utilizando una expresión tradicional del discurso socialista-. Ha desaparecido la revolución de la perspectiva de la izquierda. Los viejos partidos comunistas, que la mantuvieron en su programa hasta los años 70 del pasado siglo, hoy insisten en los métodos democráticos de sus antiguos enemigos burgueses y se conforman con elecciones periódicas, sin capacidad para ofrecer alternativa.
Me estoy refiriendo preferentemente a esa izquierda residual, procedente de los viejos partidos comunistas que diseñó Stalin. Hoy a lo más que llega es a reclamar una política de la vieja socialdemocracia, con apoyo en planteamientos económicos keynesianos. Hermana esta izquierda de las corrientes culturales de los países europeos que se proclaman universalistas, su práctica y teoría cotidiana demuestran que son tan nacionalistas como los grupos que se declaran tales. La revolución socialista se proclamo universal. La solidaridad hacía iguales a “los hombres” de todo el Mundo. La actuación de los universalistas no rebasó en ningún momento el ámbito de Europa. El nacionalismo imbuyó siempre a los trabajadores europeos, hasta llevarlos a la unión sagrada con sus connacionales burgueses en las guerras mundiales. En la postguerra del desarrollo económico del Estado de bienestar, la clase trabajadora no fue solidaria coherente con los pobres y desheredados del Mundo, con quienes no tenían pan. Para los trabajadores europeos el ritmo del proceso histórico universal lo han marcado los acontecimientos que han tenido lugar Europa y Países desarrollados; guerra, paz, crecimiento económico, crisis… Ponen en evidencia estos hechos la corta perspectiva con la que la izquierda europea contempla la realidad.
Y esta realidad se denomina nacionalismo, el que ha estructurado permanentemente a las fuerzas políticas de izquierda en el conjunto de los Estados-Nación europeos. La izquierda –la trabajadora también- se limita a ofrecer una alternativa para la Nación que han configurado las clases poseedoras. Poco importa que desde las filas del socialismo se condenen las formas exaltadas del nacionalismo burgués. Al final, cuestión de detalle ¿Qué es lo más parecido a un español de derechas…? Un español de izquierdas… A izquierdistas y derechistas une la percepción y convicción de que el marco estatal existente es una “conditio, sine qua non” de la misma existencia.
Este factor representa un escollo insuperable para toda formulación de una política de izquierdas consecuente con el principio de la libertad humana. A decir verdad explica igualmente el lamentable aspecto que presentan las presuntuosas izquierdas en Europa. Digo presuntuosas ante la realidad de lo escaso de su incidencia social y grandilocuencia de su discurso redentor. Por tradición y potencia de ese mismo discurso cabría pensar que contasen con el apoyo mayoritario de los trabajadores. Sus propuestas parecen responder de manera adecuada a lo que interesa a los trabajadores en cualquier momento, particularmente cuando los gobiernos de todos los colores toman medidas que perjudican sistemáticamente los avances que en los momentos de bonanza trajo el Estado de bienestar.
La trayectoria del izquierdismo aparece con frecuencia muy contradictoria. Antiguos defensores de planteamientos marxistas y revolucionarios han derivado hacia las propuestas de sus antiguos rivales burgueses y reniegan de su pasado izquierdista. En ningún caso han abandonado el nacionalismo, mostrándose en el momento como los más acérrimos partidarios de la Nación. Este es el factor decisivo que condiciona a la izquierda de los Estados-Nación. Este sector político pretende encontrarse al margen de los problemas nacionales y acusa de nacionalistas a quienes reclaman la constitución de Estados independientes, a partir de las naciones sometidas a los Estados-Nación actuales, que sus defensores izquierdistas ven como una realidad externa a la lucha por la libertad humana. En realidad de esta manera justifican el nacionalismo prepotente del Estado-Nación. La izquierda –aun en su manifestación marginal actual- es defensora acérrima del Estado como instancia de ecuanimidad que distribuya la riqueza. Estado y Nación son conceptos aledaños y sobrepuestos y la izquierda histórica los mira como esenciales para su proyecto de sociedad.
Prescindo ahora de analizar –o enumerar- las actitudes nacionalistas que se han dado en las filas de la izquierda cuando se ha considerado que se debía defender la propia Nación frente a la injerencia exterior –naturalmente, siempre capitalista e imperialista-. Considero imposible convencer con estos razonamientos y hechos a los nacionalistas de izquierda. Por otra parte, resulta ridícula la actitud de estos grupos, cuando se ven con el pedigrí de auténticos socialistas y valores de izquierda y desprecian a los soberanistas, a quienes ellos designan como nacionalistas y acusan de incomprensión de lo que constituye la auténtica izquierda –de acuerdo con su perspectiva- porque reclaman la liberación nacional.
Es difícil predecir cuál será el futuro de nuestras sociedades avanzadas. El fracaso de los intentos por llegar a una sociedad equilibrada como la propuesta por el socialismo tradicional es un hecho incuestionable en los países avanzados. No estoy afirmando, sin embargo, que el Capitalismo tradicional -y menos en su forma actual- tenga la solución. Lo más efectivo hasta el presente han sido las soluciones locales y regionales que han mejorado las condiciones de existencia de tantas colectividades. Nuestra propuesta reclama la constitución de un Estado de Navarra que pueda articularse sobre bases auténticamente democráticas, que deje la capacidad de decisión al individuo a través de una organización del poder representativo desde los niveles locales a la cúspide del Estado, en muchos aspectos recuperando la tradición foral que fue destruida por el Estado autoritario y centralista de España y Francia. Rechazamos cualquier formulación del poder que se apoye en un Leviatán o Estado central todo poderoso. La experiencia histórica y presente ha demostrado su ineficacia. No queremos un Estado -español o francés- que se contemple como factótum del orden económico y social, aunque se pretenda igualitario y justo.
El fracaso de la izquierda española para convencer a su sociedad de la bondad de su proyecto, demuestra la inviabilidad de todo intento de solución que plantee el mantenimiento del actual Estado-Nación. La izquierda que se sigue viendo como neutral ante el conflicto nacional, no deja de autoengañarse, cuando afirma no ser nacionalista. Como decía aquel pensador, nadie que va en un tren es neutral. El tren español y francés intenta acelerar en el momento en que los soberanistas reclaman bajarse del mismo porque los lleva a un destino que no es el suyo ¡Izquierdistas españoles, no seáis presuntuosos! El soberanismo navarro tiene una capacidad de solidaridad más grande que la vuestra y responde de manera más adecuada a las exigencias de los tiempos que vuestros planteamientos, llenos de lugares comunes, creados por los autoritarios y obsoletos partidos estalinistas.







