LA última encuesta sociológica realizada por el Instituto de Estadística de Navarra viene a confirmar una tendencia largamente observada desde distintos foros de opinión. El 0,000000000067% de los navarros se ha transfigurado en un hombre llamado Julián Martínez Zaratiegui, el cual, según se ha podido saber desde las unidades de atención social, suele recoger comida de los distintos contenedores repartidos por la ciudad, dormir en los cajeros más resguardados del Casco Viejo y compartir cartones de vino Don Simón en la Plaza del Castillo con otros colegas de desgracias sobrevenidas. El 0,000000000067% de los navarros, dice el informe, tiene el pelo largo y desgreñado, ligeramente canoso, barba mal afeitada, dentadura sin piezas superiores y una mirada tras la que se esconden unos ojos cansados que imploran compasión pero también justicia. Viste un pantalón de tergal agujereado en la parte trasera donde se observan unas manchas añejas; calza zapatos sin cordones y una sudadera estampada con la imagen corporativa del CA Osasuna. Porta un carrito de compra al que le falta una rueda y en él lleva gran parte de sus sueños retenidos en un pasado no muy lejano. Entre esas ilusiones destacan una habitación con vistas al futuro medianamente perfecto, un contrato de trabajo, aunque sea precario y un nuevo juego de dominó con el que poder simular la caída en cadena de las grandes utopías y solidaridades. El informe afirma también que el 0,000000000067% de los navarros está gordo, cojea ligeramente tras una caída nocturna, padece flebitis y está mal alimentado. También está sucio y cubierto de orines tras una noche en la que excesiva ingesta de el alcohol barato buscó una salida urgente por los bajos anatómicos. En ocasiones muestra una cara desabrida y sufre alteraciones de la conducta que algunos psiquiatras que lo han tratado suelen medicar con clozapina.
Este porcentaje estadístico nació en un pueblo de la zona media de Navarra pero lleva en nuestra ciudad más de 53 años. Se casó a los 22 con una mujer que era costurera en sus ratos libres y maestra de vocación a jornada completa. Fue feliz durante ciento veintitrés días, trabajó como alicatador, después ingresó en una empresa de la que fue jefe de obra y allí fue respetado durante cuatro años, tres meses y un día y medio. Durante siete años pasó sus vacaciones estivales en Salou, en un apartamento alquilado, una vez viajó a París y cenó diez veces en restaurantes de gama media. Al perder un hijo en un accidente de coche, del que él fue responsable, su mujer le abandonó, le despidieron de la empresa alegando razones estructurales de viabilidad y perdió la vivienda tras acumular impagados hipotecarios. Durante un año cobró el paro que lo consumió en largas y solitarias borracheras.
Este mismo informe señala que el 0,000000000067% de los navarros empezó a beber en 1971, a levantar la voz en los bares en 1978 y a llorar en los brazos de una desconocida el 4 de enero de 1999, el mismo día que Europa inició la carrera unitaria hacia el euro. Pero un día, por causas que no vienen a cuento contarlas, se vio en la cárcel y allí pasó cinco años y tres meses. Salió no hace mucho del penal y su deseo actual es ingresar en un circo para ser contratado como forzudo. Dice que él sólo es capaz de sostener la mirada a un tuerto. También quiere batir un récord. Levantar de sus asientos de un solo salto a más de 17.000 navarros (1.054.000 kilos) concentrados en el antiguo Sadar al grito de una sola palabra: «justicia». Dice también que se ofrece como donante de saliva para humedecer una memoria social excesivamente resecada.
A fecha de hoy, nadie sabe qué hacer con este porcentaje estadístico, ni el Departamento de Bienestar Social, ni los Servicios Sociales municipales, ni las parroquias de la ciudad, ni la vendedora del súper, ni el castañero de San Nicolás, ni el vigilante de la zona azul, ni el camarero que le escucha día sí día también, tampoco su hermana que vive en Soria y hace tiempo le apartó de la nómina familiar.
Este porcentaje estadístico es una carga incluso para sí mismo y esta misma tarde, después de una siesta reparadora, expropiado de su último sueño por la voz roncácida de dos municipales que le han conminado a levantarse y ponerse en pie, ha sentido unas enormes ganas de reducir su navarridad al 0,00000000000000% de su existencia. Julián se ha sentido solo y muy cansado de vivir.
Pero de pronto, alzando la vista hasta el infinito, ha visto el vuelo sereno de una golondrina y se ha echado a reír. Incluso ha llorado un poco y, sabedor de que Dios aprieta pero no ahoga, se ha sentido alegre cuando ha comprobado que aún le quedaban, al menos, dos tragos de coñac agrio para pasar el resto de la tarde. Entonces, y sólo entonces, el 0,000000000067% de los navarros se ha perdonado la vida.
Este artículo es una copia-adaptación de uno muy similar publicado en el libro Noticias de Santiago Alba Rico, quizá uno de los intelectuales españoles más lúcidos del momento. Léanlo porque allí se cuentan noticias de otro mundo posible e imposible, pero real, porque, desgraciadamente, es el nuestro.
Publicado por Noticias de Navarra.com-k argitaratua









