Los responsables de la candidatura, con la habitual complicidad de los medios de comunicación afines, han dejado fuera del proyecto a las personas y entidades más capacitadas y competentes para realizarlo: las que se ocupan del Patrimonio Cultural (Eusko Ikaskuntza, Aranzadi, RSBAP, Defensa del Patrimonio), del Patrimonio Natural (Eguzki, Hari-tzalde…), a las Asociaciones de Vecinos, los Consejos Muncipales (especialmente el de Cultura y Planeamiento Urbanístico), los intelectuales, artistas, escritores, arquitectos, etc… Ignorando los propios fundamentos y la razón de ser de la capitalidad europea de la cultura, han optado por presentar como propios, temas y asuntos de actualidad que no guardan relación alguna con la cultura ni con la ciudad de San Sebastián, ya sean inmaterializables principios morales, ideales físicos y espirituales, o inasibles elucubraciones sociológicas. A todo ese extraño y confuso revolutum, se le ha dotado de una apariencia de coherencia, y logicidad, articulando un discurso impostado, que ha venido a sustituir a un verdadero análisis de la situación de la ciudad en materia cultural, y que no determina las medidas necesarias que se deben tomar para proteger y divulgar nuestra cultura, y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.
Se hace más que necesario que los responsables de esta candidatura tomen conciencia del verdadero objetivo del evento, relean los principios que lo inspiran, abandonen el ilusorio camino de la retórica emprendido, y aborden de forma responsable su concreción, de modo que la ciudad pueda conservar, acrecentar y desarrollar sus bienes, valores, y activos culturales. Esto no resultará tan fácil como deambular por las estériles sendas de las fraudulentas elucubraciones en las que se han movido hasta ahora, pero para eso la ciudad les está concediendo unos recursos económicos y humanos más que necesarios en otras áreas.
No parece que la convivencia en nuestra ciudad sea peor que en otras, ni que su mejora, la resolución de los conflictos, o la paz, tengan que ver con la Capitalidad Cultural de Europa, sino con decisiones políticas o de seguridad ciudadana, ajenas al ámbito de esta convocatoria. Tampoco es cierto que los ciudadanos de San Sebastián, ni de la Euroregión Atlántica, tengan un problema, o especial déficit de valores sociales, éticos, o morales, ni que sea labor de la oficina de la capitalidad aleccionarnos al respecto. Más bien se trataría en todo caso de elevar el nivel ético, moral, e intelectual de la sociedad a través de la difusión y la creación cultural, y la mejora de nuestras condiciones de vida.
Para ello, en primer lugar, habría que replantearse cómo se está llevando a cabo la propia construcción física de la ciudad, el desarrollo urbano, y subordinarlo a la consecución de las aspiraciones, necesidades y deseos de la ciudadanía, no a la obtención de plusvalías. En segundo lugar, habría que mantener las obras de cultura que poseemos, sobre todo las urbanísticas y arquitectónicas, que son las que se encuentran más amenazadas, y fomentar su creación en el actualmente acultural desarrollo de los nuevos barrios. Hay mucho que hacer en este campo, y no parece que el equipo de la oficina de la capitalidad que no ha contado con la opinión de ningún urbanista, arquitecto, ingeniero, artista, intelectual, escritor, o creador, hasta ahora, tenga intención de hacerlo en el futuro.
Nos tememos que el proyecto final va a limitarse a la manida programación de efímeros actos seudoculturales y festivales eurovisivos y se va a perder la ocasión de hacer lo que otras ciudades vienen haciendo desde un principio, plantear un proceso de reflexión colectiva sobre el papel de la cultura en la sociedad y en la ciudad, mantener y acrecentar el patrimonio histórico y urbanístico, potenciar el diálogo de la ciudad con el medio natural y el de los nuevos desarrollos urbanísticos con la ejemplar composición urbana y la arquitectura heredada.
Llevamos aguantando muchas huelgas, con los consiguientes problemas para nuestros niños/as y para nuestras familias y no vemos que se ponga ninguna solución. Nos dijeron que había un acuerdo entre Educación y la asociación de padres y madres que mejoraría el servicio, los ratios y, por tanto, nuestros hijos e hijas estarían mejor atendidos. Nada de eso se esta cumpliendo, continúan en las mismas condiciones pero, eso sí, nos obligan a que paguemos diez euros más. ¿Quién se quedará con ese dinero? ¿Por qué no vemos las mejoras? Mucho me temo que algunas empresas están haciendo su agosto particular a nuestra costa, gracias al Gobierno Vasco. Se van a continuar llenando los bolsillos a nuestra costa sin que veamos ninguna mejora ni se solucione el conflicto. Alguien debería dar explicaciones. Para empezar la consejera Celaá debería explicar por qué tenemos que pagar más y cuándo y cómo se va a solucionar este grave problema para tantas familias.









