En conformidad con los cánones oficiales, en la habitual línea gebeliana del guionista -¿historiador…?- español, TVE, ha emitido una reseña de las hazañas de Fernando el católico. Es decir “del falsario” para nuestros coetáneos.
Tanto lo odiaban, que al parecer nunca pisó el suelo de nuestro reino, debido al pavor que le producía un casi seguro levantamiento popular.
Personaje, siniestro, malévolo y diabólico donde los haya. Maquiavelo, no dudó en reflejar la abyección de tal sujeto:”Un príncipe de nuestro tiempo, cuyo nombre no conviene mencionar, que predica continuamente la paz y la lealtad siendo en realidad enemigo de ambas”.
Evidentemente, nos lo esperábamos. El guión pasaba de puntillas, al hablar de la conquista de Navarra, es decir, de la “anexión”. Así la definieron los invasores y así la definen sus secuaces, filofranquistas, UPSN y españolismo en general.
La historiografía española, no tuvo ningún empacho a hablar de
Pero ni siquiera el concepto de anexión –véase Wikipedia-, deja bien parados a los que tantos siglos han masacrado nuestro pueblo y nuestra cultura.
Anexión: proceso generalmente violento, por el cual un país se apodera de otro.
De la violencia de esta anexión –invasión, llamemos a las cosas por su nombre- torturas, vejaciones muertes y expolio de cultura y patrimonio, dan referencias los propios cronistas como Correa y agentes de la invasión españoles, como el Coronel Villalba. Navarra está tan baxa –decía Villalaba- después de la destrucción de sus muros, que no hay navarro que alce la cabeza.
Y la represión se ha cernido sobre nuestro pueblo hasta nuestros días. Hoy tan insistentemente como en los años de la conquista, contra nuestra cultura, nuestra lengua y en general nuestros recursos y leyes.
Llámese, anexión, conquista o como se quiera, el método, en nada difiere de los sistemas de ocupación que utilizan los actuales estados. China con el Tibet, EEUU en Grenada, Panamá, Colombia, Afganistan etc…etc… En todos ellos, la manipulación mediática y el colaboracionismo –en Navarra la intervención decisiva de una iglesia corrompida con sus bulas indecentes-, excusas como el narcotráfico, el terrorismo o las armas de destrucción masiva…
Todo se puede disfrazar y todo es válido para el imperio, ante la codicia por usurpar los recursos o la situación estratégica de un país.
En el guión televisivo, se afirmaba que Iruña se entregaba sin oponer resistencia. No mienten más por que no pueden. Lo que no se dice es, que la ocultación de los hechos resulta estremecedora. ¿Qué otra cosa podía hacer, en aquella tarde de Julio de 1512, una población de siete mil personas entre hombres, mujeres y niños ante un ejército de 15.000 soldados?
Un ejército –el católico-, por aquella época, posiblemente el más diestro en matar violar y robar de toda Europa.
¿Qué pavor debieron sentir aquellos desguarnecidos ciudadanos, amenazados con la excomunión –entre otras desgracias-, si no se sometían a los requerimientos del Duque de Alba?
¿Dónde queda la honestidad de la historiografía española, que ni siquiera refleja el relato de sus propios cronistas?
Que por otra parte, las anexiones suelen dejar destrozados los pueblos durante siglos y décadas está a la vista. Anexiones de facto como
En Euskalherria no fue así y esperamos que nunca lo sea, porque Navarra jamás se doblegó ante los invasores, ni las guerras carlistas, ni la gamazada están tan lejos.
Por eso, a las puertas del quinto centenario de la invasión y conquista material de Navarra, que no de muchos navarros que seguiremos insurgentes hasta la muerte, actuaremos ante España como D. Pedro de Peralta ante emperador Carlos. Sólo juraremos lealtad y vasallaje ante las leyes –fueros- e instituciones, surgidas de una Navarra libre.
Que tantos siglos de ocupación no han conseguido borrar nuestro lema: Pro libertate patria gens libera state.








