Embudo

Mikel_Sorauren

Mikel_Sorauren

1.      LOS ESPAÑOLES Y LOS DEMÁS

Ley del embudo, diferentes varas de medir, lo ancho para mí… Expresan la percepción de quien juzga, atendiendo no a los hechos, sino a la índole del juzgado. Contemplando el sistema institucional español, y sobre todo el judicial, no puede dejarse a un lado la sensación de que su conjunto está diseñado para proteger la unidad de esta pretendida Nación, que es cuestionada por Cataluña y Navarra. Los españoles actúan desde un sentimiento maniqueo: España es bueno, lo contrario malo. Que la Iglesia española haya tenido la desvergüenza de afirmar que la unidad de España constituye un bien moral, no es sino un episodio más de esta institución de una historia criminal, justificadora históricamente de la destrucción de pueblos y culturas, a partir de los musulmanes hispánicos, los pueblos americanos, la conquista de Navarra, la persecución hasta el exterminio de judíos y protestantes –o de cualquier tipo de disidencia-, la condena del Liberalismo y Modernismo, hasta culminar en la bendición del mayor crimen de la España contemporánea, representado por la guerra y la Dictadura de Franco, a la que esa Iglesia se atrevió a calificar de Cruzada. La iglesia española puede ser referente de cualquier cosa, menos de carácter ético y moral.

¡En fin! No es sino una faceta de la cuestión. Lo que verdaderamente parece trascendente en el tiempo presente -en el que el laicismo parece abrirse paso- es la incidencia del sistema jurídico español sobre las Naciones peninsulares que lo perciben como opresivo. Los hechos muestran que fue una ingenuidad completa creer que podía funcionar tal sistema de manera no arbitraria, confiar en la ecuanimidad de unos jueces –españoles- que se predicaban imparciales y únicamente atentos a los principios proclamados por el sistema de igualdad ante la ley. El balance es desastroso. Las Cortes españolas, sus gobiernos y sus jueces, han actuado como un rodillo. Una constitución, lastrada desde su origen por las imposiciones de los militares franquistas, impide cualquier posibilidad de evolución hacia una organización federal del Estado, en la que sus miembros puedan tomar decisiones en pie de igualdad. A los españoles puede causarles alergia sistemas federales, no digo yo como el de Norteamérica, sino como el actualmente vigente en Alemania. De hecho, la única formación política española que se proclama federal es Izquierda Unida. El calado de este federalismo lo dejó en evidencia en el rechazo de esa formación al Plan Ibarretxe de la mano de Llamazares. De otras formaciones es mejor no hablar; basta recordar la desfachatez del gran ideólogo del P.S.O.E., Alfonso Guerra –más diablo cojuelo que pensador-, a raíz del debate sobre el Estatuto de Cataluña, cuando afirmó que…”lo habían cepillado”.

2.      REALIDAD FRENTE A DECLARACIONES

El error de los soberanistas ha sido confiar en la bondad de un sistema diseñado para impedir la autodeterminación, dejado en su interpretación en manos de jueces españoles. El resto se adecúa al mismo discurso. Demócratas frente a violentos, nacionalistas y etnicistas frente a constitucionalistas, todo es E.T.A…. Este simplismo domina la mentalidad española y el quehacer institucional. Los españoles se resisten a aceptar que el derecho de autodeterminación –la capacidad de autorregirse- constituye un principio imprescriptible de cualquier orden democrático y que no puede denominarse democrática a una Constitución –la española- que empiece aceptando la exigencia cuartelera franquista de la unidad de España; garantizada, además, mediante la intervención militar por encargo explícito en la misma. Se entienden las rebuscadas argumentaciones de sus intelectuales españoles a la hora de justificar el rechazo de las aspiraciones soberanistas. Esos intelectuales orgánicos, mimados por el sistema, que aceptarían al Dalai Lama –por inoperante- pero que encarcelarían a Gandhi, al igual que los británicos, por la efectividad de un movimiento que puede convulsionar sus intereses. Lo increíble desde el punto de vista racional es que consideren una aberración el deseo de unas colectividades de constituir Estados diferentes al español. ¿En qué mundo piensan que viven Savater, Arturo Reverte y congéneres? ¿No es, acaso, esta pretensión un hecho universalizado en el conjunto de la superficie de la Tierra? ¿En qué se diferencian estos laicos de Rouco Varela y Cañizares, cuando se atreven a calificar de etnicistas y violentos a los soberanistas?

En otro orden de cosas, ¿cómo ha de calificarse el procesamiento y condena de tantas personas pacíficas que han sido encausadas por la Audiencia Nacional española y el cierre de periódicos? El procedimiento resulta sencillo, ampliando el entramado de E.T.A. a cuantos muestran una actitud displicente hacia España, el sistema se dota de un instrumento que puede ser utilizado en contra de quien quiera el Gobierno y su tribunal de excepción. Atendiendo a la historia reciente de España, parece razonable exigir que las instituciones hilen fino. Muy al contrario, la pretendida democracia española ha reciclado gran parte de los viejos materiales del Franquismo, que siguen actuando de la misma manera que durante el viejo Régimen, una vez repuestos del susto de la desaparición del Caudillo. Un general, antiguo compañero del mismo Franco, afirmó que el ejército –español- era franquista con anterioridad al mismo Franco. Tenía razón. Cuando el dictador afirmaba que todo quedaba atado y bien atado, ni él mismo era consciente de lo verídico de su afirmación. Franco no fue flor de un día, sino que reprodujo los planteamientos autoritarios que han dominado España durante siglos. La originalidad del personaje se manifiesta en la manera personal en que se impuso y mantuvo el poder hasta su muerte. Como decía su compañero de aventura, Cabanellas, a sus congéneres, “denle el poder y no lo soltará nunca”.

3.      LOS ESPAÑOLES Y SU PROPIA PERCEPCIÓN

Aquí nos interesa insistir en el aspecto autoritario que predomina en la cultura española -política y no política- que en el momento se traduce en el propósito de esta Nación en mantener sus viejas conquistas y reprimir las aspiraciones a la libertad de Cataluña y Navarra. La existencia de E.T.A. en la actualidad constituye la mejor coartada para la política española. Al mismo tiempo que puede servir de excusa a otros grupos soberanistas para soportar el actual Estado de cosas como el mejor de los posibles. Es ésta una cuestión en la que no quiero entrar en el momento actual. España se permite perseguir el conjunto de la cultura nacional navarra con el pretexto de que inexorablemente se encuentra abocada a la violencia. La buena conciencia de los españoles les permite creer que toda la violencia ejercida por España frente a Navarra, desde la Baja Edad Media hasta la actualidad, pasando por Franco, no debe ser computada en su debe. El imaginario histórico de los españoles es capaz de reconducir hechos tan lamentables como la destrucción de las culturas americanas, calificando de transmisión cultural lo que fue espolio destructivo y convivencia de siglos a la imposición brutal de su dominio sobre tantas naciones de dentro y fuera de la Península.

Afrontar con tales precedentes el actual contencioso entre Navarra y España puede sorprender a los españoles, quienes se niegan a reconocer la existencia del conflicto mismo. Estos españoles que ven tan clara la tiranía de China con respecto al Tíbet y los uigures, no reparan que se encuentran en condiciones similares y que no pueden proponerse como modelo a nadie. La manera en que pretenden resolver la cuestión recuerda mucho a la actitud turca frente a los kurdos y armenios. Llegan a la misma negación del hecho diferencial vasco. No están dispuestos a admitir otra interpretación de la historia que aquella que explica la unidad incontrovertible de España y en este camino terminan por negar la misma existencia del Pueblo vasco -que es un hecho reconocido a nivel universal- cuando menos desde la alta Edad Media, por germanos, musulmanes y el conjunto de la intelectualidad europea hasta el presente.

Llegados a este punto, es posible entender las causas del presente conflicto. “Antes turco, que español”… proclamaba un intelectual navarro en 1873. Las similitudes son innegables. Me he referido a la pretensión española de negar la misma existencia de nuestro pueblo; Turquía denomina oficialmente como turcos de las montañas a los kurdos. Los españoles tienen tan claro que los navarros pertenecemos y debemos pertenecer a España, que no admiten sino la demonización de los vascos por etnicistas y violentos. La trayectoria histórica de España se encuentra llena de parecidos episodios. Flandes, las naciones americanas, Filipinas. Siempre será posible encontrar a españoles que afirmen estar dispuestos a dar la vida por España; actitud numantina ésta que manifiesta una amenaza para quienes se encuentran indefensos ante el poder español. Es la misma actitud del nacionalismo serbio y croata, origen de las masacres en los Balcanes que han tenido lugar en los últimos años del pasado siglo en el territorio europeo.

De momento no hay sino una amenaza. El enfrentamiento entre los españoles con vascos y catalanes se viene desarrollando en el terreno político. Dentro de este terreno el contencioso tiene lugar en el marco institucional español. Se explica el fracaso de cualquier iniciativa soberanista, cuando los jueces son españoles. La enumeración de los hechos es interminable: incumplimiento permanente del Estatuto de Gernika, rechazo afrentoso a Ibarretxe, cepillado del nuevo Estatuto de Cataluña… En toda la superficie de la Tierra situaciones como ésta han dado lugar al surgimiento de grupos armados, decididos a conseguir sus objetivos independentistas y revolucionarios, mediante el enfrentamiento directo con el Estado correspondiente. E.T.A. representa el espécimen contemporáneo vasco de este modelo, que tuvo el apoyo mayoritario de nuestro pueblo durante la sangrienta Dictadura franquista, Dictadura con la que no ha roto nunca el actual ordenamiento jurídico –únicamente modificado por una constitución, que se ha limitado a abrogar la parte de las leyes franquistas que contradicen, “ad líteram”, las emanadas de la misma constitución-. Quiere esto decir que gran parte de la legislación franquista sigue vigente, al igual que muchos de sus actuaciones jurídicas –procesos judiciales, sentencias…- mediante las que se condenó ignominiosamente a muchos demócratas.

La imagen que tienen de sí mismos los españoles es la de haber cambiado de lado. Con Franco el sistema jurídico español era una dictadura fascistoide, con la monarquía de Juan Carlos es una democracia. Contradice tal pretensión la realidad de una transición en la que no ha sido sustituido ninguno de los elementos básicos del aparato del Estado. En España burocracia, ejército y cuerpos represivos fueron mantenidos intactos, garantizados por la colocación en la misma cúspide del Estado del jefe que había designado el mismo dictador Franco. No se produjo la más mínima ruptura de la legalidad vigente como sucedió en Argentina y Chile, en donde, finalmente, los más altos responsables de la represión fueron procesados, pese a la permanente amenaza de sus compañeros de armas y de masacre.

4.      LA VIOLENCIA ESPAÑOLA

Toda esta reflexión deberá ser tenida en cuenta al pretender analizar y valorar lo que ha sido la actuación armada desarrollada en Euskal Herria frente a España. Quienes en la juventud accedieron al conocimiento de los valores defendidos por la mejor intelectualidad europea, aceptaron que los valores individuales, empezando por la vida misma, constituían un patrimonio irrenunciable del ser humano. Se rompía, así, con la larga trayectoria que la cultura occidental arrastraba desde el fondo de la Edad Media, que contemplaba la vida como un episodio pasajero, susceptible de destrucción por el poder político y religioso, cuando este consideraba que el individuo lo merecía. El franquismo pretendió recuperar esa perspectiva y envió a cientos de miles de individuos al paredón -50.000 nada menos que tras su victoria en 1939-. Nunca, sin embargo, los contrarios a la pena de muerte renunciaron a que se matara en los casos que se han denominado de defensa personal. Esta excepción abría siempre una puerta a la acción violenta frente a los tiranos y el derecho a defender la propia libertad, individual o colectiva. Mediante esta argumentación han justificado los Estados, individuos y colectivos nacionales el derecho de utilizar la violencia frente a quienes consideraban agresores. De hecho en el momento presente la totalidad de los Estados dispone de sus fuerzas de defensa, interiores y exteriores.

Desde esta perspectiva actúa U.S.A. y sus aliados, se defienden contra estos sus enemigos, el Estado español persigue, encarcela y amenaza a quienes reclaman la liberación nacional y E.T.A. misma hostiga a militares y civiles españoles. En vida de Franco el apoyo social con que contó la organización armada fue mayoritario, particularmente cuando las actuaciones llevadas a cabo afectaron a personajes muy cualificados del aparato represivo español. Los casos de Melitón Manzanas y Carrero Blanco son paradigmáticos.

El periodo que siguió a la desaparición de Franco –que el imaginario español denomina transición- estuvo plagado de la actuación permanente por parte de las fuerzas represivas del Estado. Estas actuaron –por llamarlo de alguna manera- legal e ilegalmente. Legalmente, cuando lo hicieron bajo la orden de las autoridades, ilegalmente, cuando se pretendió ocultar su actuación bajo denominaciones como “incontrolados”, Batallón Vasco Español (BVE) o el mismo GAL. Los asesinatos fueron siempre la culminación de todo tipo de represión de movilizaciones populares, torturas sistemáticas en comisarías y cuartelillos y desapariciones nunca aclaradas, que señalan hacia los servicios de información españoles. En muchos casos, no obstante, Guardia Civil y Policía actuaron de manera abierta provocando el terror y la muerte. Estos acontecimientos que obedecieron a una estrategia diseñada en las instancias más altas del Estado español, tratan de ser ocultadas por los constructores del imaginario actual español. A título de ejemplo de esta manipulación es suficiente citar a dos de los más caracterizados representantes de la historia oficial, Victoria Prego y Juan Pablo Fusi. Ambos han contribuido a dar forma a una transición idílica y sin conflictividad, a partir del franquismo; modelo para sistemas políticos dictatoriales de cualquier parte del Mundo. La transición –desde tal perspectiva- tuvo dos obstáculos de mayor entidad. Uno la resistencia de los sectores franquistas recalcitrantes, el ejército. El otro, E.T.A., el “terrorismo vasco”. Según esta interpretación la resistencia del Ejército pudo ser reconducida con habilidad. En E.T.A. se sigue manifestando la obcecación de un nacionalismo que se niega a entender que se encuentra fuera de lugar.

Esta visión persigue ocultar una serie de aspectos que se revuelven en contra de tan plácido panorama. La implantación de la monarquía de Juan Carlos Borbón tuvo lugar en medio de una violencia sin igual, con pocos equivalentes en el marco de las transformaciones de tipo político que se han producido en la Europa contemporánea. Los franquistas demostraron que no estaban dispuestos a dejar otros cambios que los necesarios para que se mantuviese el sistema. Haciéndose eco de un adagio muy conocido, repitió el más caracterizado de ellos, Fraga Iribarne, “es necesario que algo cambie, para que todo permanezca”… Resultado de esta sensibilidad, los poderes públicos que dirigieron la denominada transición reprimieron con contundencia el conjunto de movilizaciones, promovidos por la sociedad civil, que pretendió desbordar el proceso. Detenciones, apaleamientos y demás constituyeron la pauta de comportamiento de los poderes públicos españoles, llegando en infinidad de ocasiones a matanzas e importantes daños corporales y materiales. Con el fin de obtener una imagen más correcta de la situación es obligado mencionar los casi doscientos muertos que se produjeron en los territorios históricos del Estado navarro; desde desaparecidos de los que no se ha sabido nada más –Pertur, Naparra, Jhisa-, a los masacrados de manera abierta por la guardia civil y la policía –Gasteiz, Montejurra, Iruñea…-. Reflejan estos datos la realidad de una virulencia poco acorde con la imagen que pretenden ofrecer los portavoces de la España moderna y europea, basada en el consenso idílico.

5.      E.T.A. FRENTE A ESPAÑA

Parece obligado que se reconozca que la verdadera tragedia contemporánea española la constituye la Guerra de 1936 -desencadenada por Franco y sus conmilitones- y los 39 años de gobierno dictatorial impuesto por ellos. Los diseñadores del imaginario español actual pretenden hacer de Franco el chivo expiatorio de los males españoles. Se persigue que las nuevas generaciones contemplen esta realidad histórica, tan inmediata, como un hecho que tuvo lugar en la noche de los tiempos. El conjunto del franquismo se encuentra encastrado en el Partido Popular y, en mayor medida de los que se piensa, en el mismo P.S.O.E.. El franquismo mantuvo su poder mediante el asesinato y represión. Franco no es únicamente una realidad de 1940, sino también de 1975. Durante las últimas etapas del franquismo muchos individuos jóvenes participaron en el sistema dictatorial, del que el mismo Franco era más imagen y referente que auténtico actor. Toda esta gente forma parte en la actualidad de los aparatos de partido del P.S.O.E. y P.P. y del mismo aparato del estado, por tantas razones.

E.T.A. constituye un movimiento de actuación que ha pasado por diversas etapas, fases y escisiones. Es obligado tener conciencia de tal realidad al objeto de poder calibrar el significado de la misma. De esta manera puede llegar a entenderse la valoración que hacen al respecto quienes han formado parte de la organización, o la han abandonado. Parece incuestionable que en muchos momentos ha encontrado el apoyo y comprensión de importantes sectores sociales. Los momentos en los que el Estado español se ha mostrado violento la actuación de E.T.A. tuvo la justificación y tolerancia en instancias internacionales. Cuando España se presentó como democrática la misma E.T.A. se ha visto denigrada y hostigada. El alcance de su actuación tiene una faceta lamentable, caso de considerar la pérdida de vidas y lesiones, por comparación a la consecución de los objetivos proclamados. En la época de Franco y transición E.T.A. mantuvo en alguna medida un efecto disuasorio que golpeó al aparato represivo del Estado español, aunque hizo correr riesgos muy fuertes a destacados elementos del soberanismo.

Los elaboradores del imaginario español pretenden olvidar hechos muy graves en relación a unos acontecimientos, que fueron todo menos pacíficos. Actúan de una manera perversa, por pretenden cargar la responsabilidad de la violencia sobre E.T.A. y el soberanismo y olvidar que la violencia desatada a todo lo largo y ancho del estado español respondía a planes secretos diseñados por los franquistas. Uno de los capítulos más importantes de estos planes se concretaron en lo que se denominó zona ZEN (zona especial del norte), preparado en Madrid para los territorios navarros, en donde la reclamación de la libertad y el juicio a los franquistas era más intensa. Hoy es el día en que se sigue desconociendo el alcance de tales planes.

No voy a afirmar que el balance de la organización armada sea una nimiedad –dado que entramos en un capítulo en el que se incluye la destrucción irreparable e injustificada de muchas vidas-. Afirmo, no obstante, que no puede ser criticada por parte de España. Los españoles se consideran con derecho a matar, torturar y perseguir las ideas, por el simple hecho de que estas defiendan la libertad nacional de Cataluña y Navarra ¿Cómo pueden pretender Savater y sus adláteres descalificar la pretensión de ningún colectivo, ni individuo, por el simple hecho de que se reclame la constitución de un estado independiente de España? ¿No constituye, acaso, el derecho a decidir una prerrogativa del ser humano, recogida en los mismos principios de la declaración de la carta de la O.N.U. y de los mismos derechos humanos? El principio de autodeterminación es el fundamental de la condición humana, explicitado con claridad y brillantez por el inglés Locke, en el que se han apoyado la totalidad de procesos de liberación -individuales y colectivos- habidos en nuestros tiempos. ¿A dónde pretenden ir los pensadores españoles que descalifican y ridiculizan las aspiraciones de los pueblos navarro y catalán con su discurso autoritario e impositivo? Su actitud es la de Felipe II, cuando España intentaba imponer su dominio en Europa. En el interior de cada intelectual español se ocultan Cisneros y Olivares. ¿No ha llegado a manifestar el esperpéntico ex presidente de Extremadura, Rodríguez Ibarra, que la decisión sobre la separación de Navarra y Cataluña corresponde al conjunto de los españoles? ¿Por qué se molestan los españoles cuando les decimos que siguen estando en las Cortes de Cádiz, en donde sin consultar a nadie se proclamó españoles a todos los súbditos del Imperio, desde Girona a Filipinas, pasando por América? Les pedimos que nos muestren las diferencias existentes en su actitud con respecto a Marruecos y el Sáhara. No es necesario marchar hasta China para contemplar el Tíbet.

Es obligado tener presente estos hechos cuando alguien quiera valorar la realidad de E.T.A. En términos absolutos su balance es corto, particularmente si se compara con cualquier operación de las denominadas humanitarias en las que se compromete el Estado español y la alianza a la que pertenece. ¡Que nos expliquen los españoles que se horrorizan ante E.T.A. por qué son aceptables las matanzas de civiles en Irak y Afganistán en las que se han implicado Aznar y Rodríguez Zapatero! No es de recibo despachar tales masacres con la calificación de “daños colaterales y operaciones humanitarias”… Una vez más aparece la diferente vara de medir que gusta utilizar a los bien-pensantes. Acabamos de asistir a la concesión del Premio Nobel de la paz al presidente de una potencia responsable de actuaciones armadas a nivel mundial. Obama ha pretendido justificar la legitimidad de la guerra con unos argumentos que siempre convencen a quienes se creen con el derecho absoluto a utilizar la violencia, pero rechazan que se utilice en su contra. ¿Es posible justificar la legítima defensa, cuando ésta puede llevar a la muerte de inocentes? Desde mi punto de vista es ésta una pregunta a la que no puede responderse desde la Escolástica.

 

Publicado por Nabarralde-k argitaratua