Prácticamente todas las religiones se estructuran en dos niveles, con frecuencia, por mor de un esoterismo levítico, bastante o absolutamente inconexos.
Campesinos, obreros, amas de casa, siervos, proletarios, pecadores y prostitutas, simples creyentes y campesinos sin más fe que la de el carbonero… En cristiano se diría, los que plenamente se adaptan a los cánones de la sencillez y pobreza evangélica…
Serían los integrantes de este primer nivel y sin duda los directamente receptores del mensaje de justicia y liberación que impulsaron los fundadores religiosos. Porque no debemos olvidar, que las religiones, confucionismo, budismo, judaísmo, cristianismo, islamismo, surgieron para liberar a los pobres y desheredados, no para condenarlos.
Y ahí está el segundo nivel, posiblemente el que los grandes profetas nunca diseñaron.
Nivel de los intangibles, sancta-sanctorum, estamento y sobre todo institución.
Patriarcas, prelados, ayatolás, mulás, ulemas…, toda una parafernalia de grandes chamanes que sustentados en su poder religioso, se han atribuido y se atribuyen, el imperio sobre el mal y el bien.
Sharia, Derecho canónico, Índices, encíclicas y otros variopintos códigos divinos e inmutables… y ¿cómo no? el látigo de la excomunión… tratan de inmunizar a esta «casta teocrática», contra cualquier asomo de crítica externa y «advenediza».
Una profunda reflexión y una somera mirada sobre el tránsito de esta casta por la historia, te obliga a concluir:
1º Que su intervención en la historia del hombre, ha sido demoledora. Han bendecido, cuando no auspiciado, guerras y genocidios (el de los indígenas sudamericanos, es uno de los eventos más cruentos y escandalosos de la humanidad). Han maquinado criminales inquisiciones, han abotargado y esclavizado la conciencia de los hombres, han envilecido el alma y el corazón de la mujer… La lista de aberraciones sería interminable…
2º Que su casuística, mensajes y objetivos, nada tienen que ver con los principios fundacionales de la religión que dicen representar. Que han traicionado cuando no degenerado tales principios. Que los auténticos creyentes, los del primer nivel, debieran excomulgar a esta casta soberbia, necia y grandilocuente, impasible ante el dolor y las necesidades humanas.
Desde luego, ese Sanedrin de tiritas (o conciliábulo de obispos) , el de la negra y ceremoniosa parsimonia, más parece sobrevolado por la aspereza del grajo, que por la placidez de la paloma.
Ahí adoban la ritual y periódica purga para la feligresía. Como es bien sabido, al final, todo se resuelve en un refrito de condenas, de amenazas, de místicas o crípticas «boutades».
Nada que aporte a la resolución o a la transparencia de los conflictos humanos.
La escenita que protagonizó ante los micros el secretario general de la conferencia episcopal, Juan Antonio Martinez Camino, si no fuera por el veneno de su palabra, la calificaría de arlequinada, o de incontinencia bufa.
El taimado (Gran cotilla del chiringuito, le apodaba algún compañero) jesuíta, ¿o ya exjesuíta?, tan pulcro, engomado, con poses de gelatina pontificó su esperpéntica soflama.
Y ¡ala! de echarla, que sea gorda y mundial. Habló de crimen, pecado, excomunión… El eterno diagnóstico de una jerarquía obsoleta, pancista, (sostenida por su angélica feligresía y por los pecadores que ellos denigran) cortesana y palaciega, que nunca debió abandonar las catacumbas.
Y que tiemble la pusilánime parroquia que todavía les fía, porque de calificar crimen al aborto, a hacer lo propio con tantos espermatozoides desperdiciados, queda un telediario…
¡Ya es un poco paranoica ya, la conferencia episcopal con ese mundo (para ellos no se si exotérico o esotérico) de la coyunda y del sexo! Estaban más guapos destripando confesionarios y sobando rosarios, que montando cátedras de biología o de sexualidad, porque la sexualidad no es lo suyo, a pesar su destreza en pedofilia…
¡Dejen monseñores que disfrute la mara y que se las apañen con los especialistas! ¡No todo va a ser crisis y lágrimas!
Por otro lado, y esto si que me resulta repugnante, que no dicen ni mu contra los responsables del criminal descalabro de hambre y muertes, que producen los gestores del planeta. Y son millones de vidas reales, no potenciales…
Ahora mismo, condenen y excomulguen a Alán García por, seguir las directrices del FMI y masacrar a tantos indígenas y a un ecosistema vital para el planeta… Y tantos y tantos ejemplos tan dramáticos como cotidianos.
La alegría que muchos sentimos, cuando por fin nos sentimos liberados de las cadenas que nos amarraban a esa casta indeseable de tiranos y sagrados cuentistas, fue indescriptible. Una de las principales ceremonias de el nuevo mundo sin ceremonias que descubríamos, fue la de excomulgarlos. Yo me los excomulgué con un impulso ¿telúrico lo definiría?, mejor, orgásmico.
Impresionante la sensación de liberación que sentí, cuando les excomulgué del nuevo mundo que descubría, más humano, más alegre, infinitamente más solidario, abierto, rico y científico, que el que ellos ofertan y siguen ofertando . ¿Lo vivirán ellos?
Es triste que todavía existan tantos creyentes, sin duda buena gente, aunque según mi criterio ingenua, incapaces de quebrar sus cadenas. No entienden que incluso manteniendo sus creencias pueda existir otro contexto vital más natural, más liberador. Un espacio donde la comprensión y el perdonarse a si mismos es posible sin esos «mediums», sádicos emisarios de un dios despótico.
Me decía un buen amigo, un poco amargo con sus creencias, «estos farsantes, ya ni creen en Dios. ¡Ay si Cristo levantara la cabeza!








