In nomine Domini, se ha construído la historia con sus logros y aberraciones.
In nomine Domini, trátese de Jahveh, Jehova, Ala, Ahura Mazda, manitú…etc…las religiones han atormentado y domesticado al ser humano. Urdieron y predican una moral obscurantista, negativa, demoledora.
In nomine domine nos empujaron en la noche y en el imperio del miedo. Miedo para amar y para llamar a las cosas por su nombre. Nos hicieron temer nuestra dignidad, nos hurtaron la conscencia y la capacidad de actuar sin prejuicios, sin mitos, sin falsas adulaciones, sin el debido respeto, sin recelo.
In nomine domini nos organizaron en reyes y vasallos, nobles y plebeyos, caballeros e infantes, purpurados y laicos, Inquisidores y renegados. Mas tarde en capitalistas y proletarios, patronos y obreros, ciudadanos del primer mundo y parias o inmigrantes…
Se gestaron y se diseñan guerras santas, cruzadas, genocidios, colonizaciones -en América, Africa, Asia, en los confines del mundo-, justicias infinitas, «paces duraderas…» Se avasallaron y se avasallan pueblos soberanos…
In nomine Domini, se anuló y se denigra a la mujer hasta lapidarla. Se le inflinge -religiosamente- la ablación física y síquica, se le priva de su identidad para transformarla en una simple máquina de parir.
In nomine Domini se justificó -hoy se disfraza- la esclavitud, se cercenaron los derechos de las personas…Se urdieron inquisiciones y sharias.
In nomine Domini, gobernantes, jerarcas religiosos y medios de comunicación han aniquilado la conciencia ciudadana.
La historia se hizo en nombre de Dios.
In nomine Domini los españoles Arrasan por citar algunas, las culturas Olmecas, Toltecas, Totonacas, Mayas, civilizaciones andinas…
Y la vascona.
Vasconia perdió su soberanía in nomine Domini y el falsario justificó su invasión:…Navarra era sospechosa de herejía… Y el cura Rena -in nomine Domini-organizó el latrocinio patrimonial y cultural, el aparato represivo y la castellanización del Reino. Y el imperio hacia Dios arrebató a los vascos la palabra, la voluntad y la patria, hasta nuestros días…
Y como ésta, centenares de culturas bajo otros divinos imperios.
In nomine Domini, Hitler maquinó el holocausto judío y los judíos las carnicería de Sabra y Chatila y actualmente la de Gaza. Niños, madres y civiles palestinos. «Plomo fundido», más fósforo y bombas racimo para el gueto de Gaza…
Cada religión proclama la autenticidad de su Dios. Todas presumen de monopolizar al Dios verdadero. Todas acometen atrocidades y crímenes en nombre de su Dios. Si al ser supremo se le atribuye el amor, la bondad, el perdón, la verdad, una de dos o no es el verdadero, o no pasa de la pura elucubración fantasmal.
Las religiones -todas- han hecho de su Dios un cruel Moloch, con sus fauces siempre insaciables y devoradoras de los seres más débiles y humildes.
Todas las religiones, es la idea de Karlheinz Deschner, tienen su historia de crímenes. En consecuencia, son un camino errante para, caso de que exista, encontrar al Dios verdadero.
Quizás el verdadero no dirija nada, ni mande oráculos, ni condenas… Simplemente inspire justicia, fraternidad…o el «Amor», nada más, ni nada menos.
Un Dios vengativo que sojuzga y destruye es nefasto. Quédense con él los jerarcas religiosos, talibanes, «ritualeros» del nacer y del morir, políticos iluminados, monjes cavernarios, vírgenes necias y todas las parafernalias tardosacramentales… Lo necesitan para mantener sus fábulas. Sin él serían arrojados de todos los escenarios de la farsa teocrática.
Crisis económicas, políticas, ecológicas. Para los filósofos la gran pústula cósmica es la cósmica degeneración moral.
Vivimos el ocaso de una ética de valores humanistas y la frustración de las grandes creencias.
Y sobre todas las crisis, la gran crisis de las divinidad. Ya no hay dioses en cuyo nombre se pueda contener al ser humano. Ni el Dios de las batallas, ni el de los imperios, ni el de los novísimos: paraísos y avernos.
Los felices y despreocupados colonos del estado del bienestar, nos aproximamos a los umbrales del estado del malestar. Es el gueto insolidario en el que los ciudadanos del primer mundo habíamos trincado a media humanidad.
El Dios convencional, el oficial por llamarlo de algún modo, nos lleva al caos. Mejor, que al menos para muchos, se nos haya muerto. Ha fracasado en la gobernanza del mundo.
¿Qué el mundo necesita de unos principios, de guías y valores para caminar por sendas de justicia y de fraternidad? Los necesita. Y el hombre se ha dotado de ellos.
Los derechos humanos. Ejerzámoslos in nomne Domini y sobre todo in nomine hominis, y quizás encontremos en su ejercicio algún rastro de la Bondad, de la Sabiduría, de la verdadera divinidad, caso que sea algo más que una entelequia.
Dicen que en las chabolas, en las favelas y más allá de las mugas de lo humanamente soportable con la miseria y el hambre, palpita el aliento de un Dios absolutamente humano y liberador… Tal vez sea una esperanza para los que quieran creer en las creencias y mantenga la esperanza en la regeneración del hombre. Quizás sea la pequeña mostaza de la esperaza. Quizás, en el día de la paz se desarrolle hasta quebrar este espeso firmamento tan plomizo. Quizás un día nos inunde su luz…quizás.
In nomine Domini, uno no pretende ir ni de ateo, ni de agnóstico. Pero no me parece bueno renunciar a ciertos sueños, impulsos y urgencias… Como dice Pedro Casaldáliga a «…Esa durísima cruz de esta esperanza/donde cuelgo seguro y desgarrado…
Y por el respeto que merecen sus palabras -las de Casaldáliga- surgidas como si le quemaran las entrañas:
Oh Dios escucha!/ ¡Vuelve por tus pobres!! ¡Libertanos del yugo!/ ¡Sálvanos de las aguas que nos llegan, crecientes, poderosas, concordadas!









