Se ha repetido hasta la saciedad que la historia la escriben los vencedores. Realmente la objetividad de un evento es tan subjetiva y poliédrica como las apreciaciones de los testigos del hecho. El acercamiento a la verdad requeriría encauzar y sopesar todos los testimonios de un suceso, cuestión harto complicada si tenemos en cuenta el peso específico de cada testigo.
Lo importante de un dato, de una noticia o de un suceso no es su descripción fría y aséptica, sino en su valoración y su potencia mediática. La objetividad de un hecho no estriba en el hecho en sí, sino en su interpretación y en la extensión de la onda difusora.
Leí una especie de reseña, en una revista madrileña sobre una de las últimas celebraciones de la batalla de Noain: «La izquierda abertzale y muchos batasunos -se decía en la breve nota- se han reunido en un monte cercano a Pamplona, en un acto independentista organizado por la izquierda radical, en el que entre los habituales mítines, insultos a la bandera Española y gritos anticonstitucionalistas, han reclamado la soberanía para Euskadi»
Evidentemente, en este caso ya no se trataba de una simple valoración, sino de una tergiversación, ética y deontológicamente reprobable. Efectivamente, muchos de los asistentes nos considerábamos abertzales y de izquierdas, se proclamó -o se gritó- el derecho a la soberanía de los navarros. Habría batasunos y gente de EA, Aralar, me imagino que peneuvistas…y sobre todo abertzales. En cuanto a lo de radicales, no más que cualquier castellano que reivindique su españolidad.
Lo que ya era radicalmente falso y perverso es que la celebración de nuestra efemérides fuera organizada por batasuna. Pudiera haberla organizado. Pero no era el caso. Como es bien sabido, es Nabarralde quien año tras año se encarga del evento. Y si algo está claro entre los socios de Nabarralde, es la independencia como asociación de cualquier filiación o estructura partidista.
De ejemplos como este tenemos atiborrados los noticiarios, telediarios, tertulias, etc. Evidentemente, no descubro nada nuevo. Y de alguna forma la tergiversación, el comentario sesgado o la mentira más descarnada, son las que están construyendo las crónicas, los partes, la historia «oficial» de Euskalerría. Es lo que se vende acá y acullá, dentro y fuera del estado español. Lo sorprendente es que te encuentres por el mundo gente avisada, capaz de poner los puntos sobre las ies y de filtrar la versión canallesca que emite el oficialismo Español. Pero en general lo que se expande y vende, al final cunde. Muchas veces nos hemos desgañitado, tratando de explicar en algunos países quiénes y porqué somos, qué pretendemos…
Así se va escribiendo la historia, la suya. Así nos embaucaron y trafulcaron la nuestra.
Asistíamos en Campeche a un espectáculo de luz y sonido, en el escenario de sus murallas coloniales. La puesta en escena era bastante pobre, el guión vejatorio para los «Campechanos», en gran mayoría de rasgos indígenas. Tras una exposición azucarada, casi dorada de la salvaje colonización, los campechanos encontraron el solaz de la cruz. Y del fraternal encuentro, cuando no desposorio entre indígenas y nativos, surgió la bellísima realidad de Campeche. Unos compañeros de Lille gesticulaban escandalizados «Ça c´est pour pleurer».
Mantener hoy día semejante relato, cuando la más conspicua historiografía contemporánea ha establecido que la peripecia de Colón y del imperio español constituyó uno de los mayores atropellos de la humanidad, define claramente la catadura de los colonizadores y de sus descendientes.
Tal colonización, no sólo no tendió un puente fraterno entre dos mundos, sino que franqueó el paso a la más infame turba de saqueadores que ha conocido la historia (en la medida en que hicieron de la cruz su coartada, ultrajando, esclavizando, torturando y exterminando en nombre de quien predicó la igualdad y el amor entre todos los hombres).
Durante años, en nuestra infancia nos revolucionaban el espíritu o las neuronas con el gran Campeador, que al parecer no pasó de ser un soldado de fortuna bastante truhán. ¡Qué nos dijeron sobre aquellos superhombres que eran los conquistadores! Hoy podrían preguntar a muchos mexicas qué opinan de Hernán Cortés. Lo de la anexión de Navarra, creo que ya no la sostiene ni muchos upeneros.
Pero la historia oficial de los españoles y sus voceros mantiene pertinazmente su discurso y sus relatos. Desde un principio comprendieron que un pueblo que olvida o ignora su verdadera historia, acaba perdiendo, cuando no odiando, su identidad y sus raíces. Sin conciencia de identidad no hay soberanía, que es lo que siempre ha pretendido España.
Hoy se nos cierran los caminos a los que ponemos todo el énfasis y todas nuestras ilusiones en rescatar la verdad que escondieron en sus archivos o que simplemente silenciaron o prohibieron con la razón de sus armas. Se trata de la historia alternativa, la nuestra.
No estamos en condiciones para impedir que ellos propalen sus versiones. Sólo pedimos que en un gesto de honestidad -quizás algún día con mejor o peor disposición sea irremediable- nos permitan entrar en la palestra del debate con todas las garantías democráticas. Que Nafarroa y Vasconia disponga de todas las posibilidades propagandísticas y económicas de los guionistas de la historia «oficial» de España. Que nuestra gente pueda escuchar, analizar y decidir… ¿Alguien teme este pleno ejercicio democrático?








