1812. Constitución, Estado de Derecho

Mikel_Sorauren

No se puede afirmar que la conmemoración del 2º centenario de la Constitución de Cádiz haya suscitado entusiasmos de magnitud. Los actos celebrados en su honor y referencias político-culturales no han rebasado lo que puede ser calificado de simple cortesía. He de confesar mi sorpresa ante tan anodina conmemoración, si contemplo la admiración con la que la historiografía e intelectualidad española  han mirado este acontecimiento. Punto de inflexión de la Historia de la Nación. Implantación de la soberanía nacional como principio del ordenamiento jurídico y poder, supresión de las trabas feudales que ataban a la sociedad española, implantación de la división de poderes, garantía de la justicia de su ejercicio, libertad de conciencia… La ideología española sostiene la realidad de estos rasgos, los intelectuales se lo creen y es esta la visión que se impone a los educandos, ciudadanos en formación.

El rechazo de esta visión no afecta sino a una parte minoritaria de la historiografía derechista española y de manera particular a los soberanistas navarros, que ven en el texto gaditano la declaración de principios contraria al sistema foral de Navarra, inicio del conflicto abierto entre Navarra y España. Como vengo insistiendo en otros escritos, resulta paradójico y, más aún, contradictorio que los redactores del texto gaditano se viesen obligados a utilizar una síntesis del sistema de gobierno navarro como argumento fundamental para hacer aceptable el texto a los españoles, confusos ante el debate  a su respecto suscitado entre liberales y serviles. Hoy en día somos muchos a quienes el olvido de estas circunstancias por parte de la ideología española nos mueve a concluir en la tendenciosidad de historiadores e intelectuales españoles en general.

Todo es resultado de la inclinación de ese colectivo a la sublimación de la Historia de España. De manera similar a como la ideología francesa ha convertido 1789 y su constitución en charnela de la Historia de la Nación francesa, la intelectualidad española ha procedido de similar forma, elevando la elaboración y promulgación del texto gaditano a momento fundador de la Nación española o, al menos, de su refundación en los tiempos contemporáneos. El texto gaditano incluye la mayor parte de los preceptos de un sistema jurídico constitucional moderno. Los valores que expresan tales preceptos incluyen las libertades individuales, igualdad jurídica fundamental de los individuos y la constitución del poder público de base representativa, reflejo ineludible de la soberanía nacional. El texto modifica el conjunto de la legalidad tradicional en el terreno de lo económico, suprimiendo todo tipo de mecanismo que dificulte la libertad de acción de la propiedad. En este terreno llega a la prohibición de cualquier tipo de asociación que pueda interferir en tal libertad. En definitiva, crea el marco jurídico que permitirá a los propietarios imponer sus condiciones a los desfavorecidos sociales.

El alcance real de este sistema jurídico ha dado pie a que los españoles de las denominadas izquierda y derecha se enzarcen en lo dialéctico a propósito del proyecto gaditano. Desde mi punto de vista, los términos en que se plantea el debate ocultan la realidad profunda de la Historia de España. Coinciden todos en el carácter del sistema socio-político  español anterior a 1812, basado en el absolutismo monárquico y sistema feudal.  De Aquí el autoritarismo en el ejercicio del poder, empezando por la concentración en el monarca de todas sus prerrogativas, la preeminencia de la jerarquía nobiliaria y eclesiástica y de cualquier forma de autoridad sobre el inferior. Todo ello se apoyaba en la legitimidad absolutista de la que derivaba su peculiar estado de derecho.

A partir de la promulgación del texto gaditano, y muy particularmente de la entronización de Isabel II, se da por hecho el triunfo del sistema liberal y constitucional sobre el que ha sido articulada la Nación española, exceptuados los dos periodos de dictadura militar del siglo XX –Primo de Rivera y Franco-. Es ésta una de las falacias mayores de la Historia española, como han  puesto de relieve tantos estudiosos europeos. Ni el reinado de Isabel II, ni el posterior sistema del periodo conocido como Restauración encajan realmente en lo que es un sistema constitucional. Con Isabel II gobernará el capricho de la reina y los militares del…”viva mi dueño”… , con la Restauración la oligarquía mantendrá al margen al conjunto de la sociedad; burguesía, campesinado y naciente clase trabajadora. En nuestra presente actualidad dos partidos, apoyados uno básicamente en la gran burguesía configurada por la vieja oligarquía y nuevos elementos empresariales del último franquismo y el otro en unas clases medias que han aceptado el consenso social y político propuesto por los más fuertes, han implantado un sistema político basado en el consenso, que no discute la actual organización social y está conforme con el sistema de gobierno sustentado en una alternancia en el poder, no manipulada por los resortes de la administración como en la 1ª Restauración de Cánovas, pero sí instrumentalizada por los dos partidos mayoritarios españoles. La manera en la que se sustituyen alternativamente tras unas elecciones, formalmente libres, oculta el verdadero poder de las clases pudientes y sus organizaciones. Los dos partidos políticos gobiernan mediante el consenso en el terreno de la legislación y distribución de la influencia en los órganos decisorios de la administración. Todo ello queda refrendado mediante la institucionalización de los partidos.  A través del aparato del partido se controla militancia y se obstaculiza con eficacia el desarrollo de alternativas políticas.

Esta es la verdad -creo yo- de España. Un Imperio basado en la preeminencia de los fuertes; con origen en la expansión castellano-aragonesa y consiguiente expulsión de la población autóctona musulmana: rasgos trasladados a América con posterioridad. El autoritarismo real se derrama por el conjunto de la escala social y permite la más escandalosa acumulación de riqueza, administrada con el desprecio más irritante de la miseria generalizada. La época denominada como Antiguo Régimen mostrará sin tapujos estos rasgos ¿Qué sucede con la pretendida revolución liberal iniciada por la Constitución de 1812? Simple cambio de nombre. La supresión de las limitaciones feudales en el ascenso social de los individuos y libertad en lo económico permitirá la transformación de la antigua nobleza en la nueva oligarquía, a la que se unen especuladores, militares y gestores administrativos corruptos. Todos se benefician del manejo directo del poder, buscando la riqueza fácil de las tierras desamortizadas eclesiásticas y los manejos de los resortes de la administración en beneficio propio y de los amigos. Especulación con la deuda pública con la que se quitó al campesinado la tierra prometida en la desamortización; dejación absoluta de toda inversión productiva, tolerando la explotación de los mejores recursos mineros de Europa –cobre de Rio Tinto, plomo de Linares, Mercurio de Almadén y plata de Cartagena y otros yacimientos del sur peninsular- en manos de capitalistas extranjeros y como colofón los espadones de Narváez, Espartero y O´Donnell  ¿Quiénes protestaban? Dice la Historiografía oficial que los progresistas…,  hasta que alcanzaban ellos el poder. Entre tanto la mayoría de la población quedaba en la miseria, totalmente marginada de cualquier actividad política, cultural y social ¿Qué diferencia encuentran algunos con el Antiguo Régimen?

España no ha cambiado. Únicamente en la denominación ¿Por qué nos extrañamos de la corrupción?  La única constitución vigente en España –ayer y hoy- se inicia: artº 1º El jefe siempre tiene razón… ¡Continúe cualquiera como guste. La cultura política española se resume en el aforismo: ¿Aquí quién manda? Todos lo entienden. Como he señalado más arriba, solamente han variado las formas: los espadones de Isabel II, seguidos del turno de partidos de Cánovas y culminando en el bipartidismo instaurado por Suárez y Alfonso Guerra, el de Montesquieu ha muerto, en otro momento: el que se mueva no sale en la foto… ¡No nos engañemos! La cultura política española se basa en la imposición de quien ostenta el poder. La picaresca que abarca el conjunto de la vida social no es sino reflejo del débil ante la conciencia de que solamente con el engaño se puede sobrevivir ¡El trabajo serio es inútil!

Publicado por Nabarralde-k argitaratua