Durante estos días hemos asistido a un penoso espectáculo llamado Conferencia Política del PSOE, en el que, más allá de las luchas internas de partido, toda Cataluña ha podido ver hasta qué punto socialistas y populares son dos caras de una misma moneda. Aplaudidos hasta el delirio por Pere Navarro y la sucursal catalana del partido, estos dos grandes nacionalistas españoles que son Alfredo Pérez Rubalcaba y Susana Díaz, han dejado bien patente lo que puede esperar Cataluña: nada de nada. Absolutamente nada. Cataluña no puede esperar nada, porque para ellos -como nos recuerda a menudo el señor Navarro- no somos nada más que una «singularidad». El término es tan bonito que incluso han venido a decir que tienen un proyecto político maravilloso consistente en cambiar el nombre del Estado de las Autonomías por del Estado de las Singularidades. Como los ‘Coros y Danzas de España’, pero en versión reciclada y con el nombre de Tercera Via.
¿Y en qué consiste, esta Tercera Vía? Bueno, eso no lo han dicho. Lo único que han dicho es que habría que reformar la Constitución española, pero no para dar a Cataluña los atributos propios de una nación. Se trataría sólo de darle unas cuantas monedas más y que constara como una singularidad. Una singularidad entre diecisiete, naturalmente, ya que no hay ninguna Comunidad Autónoma que esté dispuesta a ser menos «singular» que Cataluña. El líder del PSOE, Pérez Rubalcaba, desde la capital del país del señor Navarro -quien, por cierto, aplaudía sus consignas nacionalistas con lágrimas en los ojos-, lo resumía con estas palabras: «¡Pasión por España! ¡Pasión por los españoles! ¡Somos el partido que más pasión tiene por España!» ¡No está mal! Declaran que sienten pasión por España, pero que «no son nacionalistas». Los nacionalistas, según ellos, somos todos los que no compartimos esta pasión. No se puede negar que tienen sentido del humor.
Sin embargo, para clarificar mejor en qué consiste la pasión socialista y la Tercera Vía de Pere Navarro, basta ver cuál es la respuesta que dan a diez de las «singularidades» básicas que Cataluña debería tener reconocidas.
1. Reconocimiento de Cataluña en la Constitución española como nación milenaria de Europa. Respuesta: NO.
2. Reconocimiento de la ilegalidad de la anexión de Cataluña a la Corona de Castilla. Respuesta: NO.
3. Reconocimiento de la plena soberanía del Parlamento de Cataluña. Respuesta: NO.
4. Reconocimiento del derecho a la autodeterminación de Cataluña. Respuesta: NO.
5. Reconocimiento del derecho de Cataluña a convocar todo tipo de referendos. Respuesta: NO.
6. Reconocimiento del concierto económico. Respuesta: NO.
7. Reconocimiento oficial de la lengua catalana en todo el Estado español y la Unión Europea. Respuesta: NO
8. Reconocimiento del requisito insoslayable de saber catalán por parte de jueces y magistrados, así como de los miembros de todas las administraciones del Estado destinados en Cataluña. Respuesta: NO.
9. Reconocimiento de la obligatoriedad de etiquetar en catalán -y como lengua preferente- todos los productos comercializados en Cataluña. Respuesta: NO.
10. Reconocimiento del derecho de Cataluña a la oficialidad de sus selecciones nacionales deportivas y a competir representándose a sí misma en todas las modalidades de Juegos Olímpicos. Respuesta: NO.
La lista, por supuesto, podría ser mucho más larga, pero estos diez puntos, además de inseparables, son innegociables desde la más estricta dignidad nacional. ¿Está dispuesta la Tercera Vía del PSOE de Cataluña a admitir estos diez puntos? Digámoslo de otra manera: ¿el señor Pere Navarro, que es tan proclive a aleccionar a todos sobre las bondades de hablar con las paredes y que tanto se emociona cuando su cabeza, desde un atril, grita «¡España , España, España!», está dispuesto a» dialogar» con la cúpula socialista para que firme esta «Tercera Vía»? No. Naturalmente que no. El señor Navarro y su partido responden que no, porque todos estos puntos, juntos o por separado, chocan frontalmente con su visión hispanocéntrica del mundo. El mundo, para esta gente, se llama «¡España, España, España!». Por ello piden al presidente Mas que, en lugar de viajar por el mundo, viaje por España. Sólo los presidentes de los países libres viajan por el mundo, los presidentes de los países cautivos lo hacen siempre dentro de los límites de la prisión.
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