¿Y si los romanos ‘construyeron’ la carretera N-121-A entre Irun y Pamplona?

El vídeo de un divulgador suma más de 50.000 visualizaciones en apenas 48 horas

Juan Martinez Txoperena, durante el vídeo de Isaac Moreno en la N-121-A entre Irun y Pamplona

Juan Martinez Txoperena, durante el vídeo de Isaac Moreno en la N-121-A entre Irun y Pamplona YouTube / Isaac Moreno

Miles de personas han pasado en sus vehículos durante años por la antigua N-121-A que une Irun y Pamplona. A un lado, el río Bidasoa; al otro, paredes de piedra que tienen unos 2.200 años de historia. Un misterio que ha pasado desapercibido y en el que el divulgador Isaac Moreno ha reparado en su último vídeo de YouTube, que suma más de 50.000 visualizaciones en apenas 48 horas: ¿y si parte de la N-121-A es obra de los romanos?

La hipótesis no es nueva y en el vídeo de Moreno la explica el navarro Juan Mari Martinez Txoperena, restaurador navarro jubilado, aficionado a la Arqueología y voluntario de Aranzadi. Ya en 2022 publicó junto a Rafael Zubiria Mujika publicaron en 2022 el libro La vía romana Tarraco-Oiasso en Navarra y otros caminos mineros: Propuesta de su trazado en el territorio norte de los Vascones, obra editada por la Sociedad de Ciencias Aranzadi.

La calzada del monasterio de Belate

Durante tiempo se dio por sentado que el camino real hacia Baiona, en una “una orografía perfectamente endemoniada” en palabras de Moreno, era el que seguía el trazado de la calzada romana original, como explica Martínez Txoperena: “Cuando empezamos a estudiar la calzada Tarraco-Oiasso, que era la primera calzada que los romanos construyeron en el norte de Navarra, en territorio vascón, en la muga con Aquitania, siempre habíamos oído que la calzada pasaba por Belate, por el monasterio”.

Al propio Martínez Txoperena y a Zubiria Mujika no les cuadró esta hipótesis, como explica el primero en el vídeo: “No veíamos condiciones para que fuera la calzada romana por su perfil longitudinal, las dimensiones de la vía y algunas pendientes demasiado grandes para lo que los romanos nos estaban enseñando en otras calzadas”.

¿Y el camino real de Hondarribia?

Nos enteramos del otro camino real, porque había comerciantes que preferían el puerto de Fuenterrabía”, recuerda cómo variaron el objetivo de su análisis: “Vimos muchas más condiciones, dimensiones y detalles que nos llevaron a pensar que era la calzada romana”.

Una de las pruebas en las que sustentan su propuesta son las “canteras de zahorra en la subida sur del puerto de Belate, que hay un montón. Era un material que los ingenieros romanos buscaban mucho y lo tenían in situ, lo que les suponía un gran ahorro”.

Hubo más argumentos a favor de su teoría, publicada en un libro editado por Aranzadi en 2022: “Estudiamos las pendientes y la subida por el sur nos daba un promedio del 4,5%. La subida por el sur era bastante fácil, pero la bajada hacia el Bidasoa era brutal. Ahí se ve el trabajo de ingeniería de aquellos hombres que diseñaron esta calzada”.

Hasta el siglo XIX

Este camino real hacia Hondarribia se empleó en la parte sur de Belate hasta el siglo XIX: “Si bien no está demasiado documentada en las fuentes clásicas, porque nos hablan de ella Estrabón y Plinio, un camino de este calibre se tenía que seguir utilizando: el gran trabajo ya estaba hecho y con un poquitín de mantenimiento lo utilizaron hasta que se hace la carretera de Belate”.

La plataforma romana, únicas zonas llanas de las laderas, la emplearon muchos ganaderos “para hacer ardi-bordas, bordas de ovejas alargadas, bien adaptadas a las plataformas que en algunos lugares nos han servido para mantener concretamente las dimensiones de anchura de la calzada”.

Detalle del muro de contención en la antigua carretera N 121 A entre Irun y Pamplona

Detalle del muro de contención en la antigua carretera N 121 A entre Irun y Pamplona YouTube / Isaac Moreno

La vieja N-121-A

En la parte final del vídeo, Moreno y Martínez Txoperena se sitúan en la antigua carretera N-121-A, construida a mediados siglo XIX sobre la antigua calzada romana, según desarrolla el segundo: “La carretera vieja del Bidasoa, lo que se respetó de la calzada romana cuando a mediados del siglo XIX se abrió esta carretera. Hacia el río a base de muros de contención, respetaron la mayor parte de los cortes hechos a pico, seguramente porque les salía más barato”.

Esos cortes a pico en paredes de entre seis y ocho metros, que en algunos puntos alcanzan los 20 metros de altura, están hechos a mano. “Desde Sunbilla hasta Bera casi es un macizo de esquistos, y se conserva muchísimo mejor que en otra piedra como la caliza”, explica Martínez Txoperena por qué se conservan los cortes casi como los hicieron los romanos y sirvió de base para su libro con Zubiria Mujika. “Metros cuadrados de paramento”, añade Moreno, que son “metros cúbicos a saco en su día los que hubo que picar aquí”.

El divulgador recuerda cómo este tipo de trabajos de desmonte “desde el siglo XVI ya se hacen con pólvora”, lo que le lleva a vincular el trabajo de los romanos en el norte de Nafarroa con el que hicieron en otras latitudes como en el Bierzo (León) o en Codos de Larouco (Galicia). Una técnica y una dimensión del trabajo que Moreno resume en su propio asombro: “Es una auténtica pasada cómo se conservan”.

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