- Recorrido histórico en 6 actos
- Un programa ambicioso para un año referencial
- Programa de actividades
En el año 2025 se cumplirán 2100 años desde aquel año 75 a.n.e en que, según las fuentes, el cónsul romano Cneo Pompeyo Magno fundó la ciudad romana de Pompelo, a la que honraría dándole su propio nombre.
Es en ese momento cuando Pamplona, como núcleo urbano, entra en los anales de la historiografía clásica. No obstante, las raíces de Pamplona, de la vieja Iruña, son mucho más profundas y beben directamente del acervo y la tradición del pueblo vascón y su cultura, el mismo que vio nacer aquella urbe y que la ha sostenido y dotado de personalidad a lo largo de estos 21 siglos.
1.500 años después de que Pompeyo Magno impulsara aquel asentamiento romano, otro hombre ilustre, el monarca navarro Carlos III el Noble, moría y era enterrado en la catedral de la vieja Iruña, entonces reconocida ya como capital de un estado asentado en el marco europeo. Era el 8 de septiembre de 1425, justo dos años después de que el mismo monarca firmara el Privilegio de la Unión, el documento fundacional de la Pamplona moderna. Un documento que marca, sobre el principio de la superación de las diferencias y del fomento de la convivencia entre diferentes, la senda de la construcción de la Iruña actual. Ese hecho marcaría a futuro el carácter de sus gentes.
Recorrido histórico en 6 actos
«Pamplona-Iruña, una ciudad con (más de) 2100 años de historia»
1. La ciudad de Pompeyo en el corazón de la tierra vascona
En el 75 a.n.e, en el momento de establecer el trazado de la ciudad que llevaría su nombre, Cneo Pompeyo Magno no escogió una ubicación ex novo, sino que reaprovechó un antiguo poblado vascón de nombre desconocido, situado en la zona próxima a la catedral.
Los restos y fondos de cabaña indígenas localizados en esta zona demuestran que el origen primero de la ciudad se remontaría aún varios siglos más allá de la fundación romana. Nos llevaría al mismo contexto en el que se alumbró a la mundialmente conocida «Mano de Irulegi».
Es en aquellos primeros años de la fundación romana cuando la ciudad entra en la historia, de la mano del geógrafo griego Estrabón, que en el siglo I a.n.e escribía que «pasada la Jacetania, hacia el norte, se encuentra la tribu de los vascones, donde hay una ciudad llamada Pompelon, que es como decir la ciudad de Pompeyo…». Esta ciudad tuvo un carácter netamente romano, con su estructura de cardus y decumanus, su foro, su m llum (mercado) y sus termas.
Sabemos que fue en varias ocasiones destruida al final del periodo romano y reconstruida otras tantas veces, entra en la Edad Media con el nombre romance de Pamplona y el nombre vasco de Iruña que, amplísimamente documentado para el siglo XI, vendría a significar simplemente «la ciudad», señal inequívoca de la referencialidad que Pamplona tuvo siempre en el territorio vascón.
2. El asentamiento que alumbró un Rey
Esa referencialidad se constata también cuando a partir de 824 la ciudad se convierte en capital del Estado de Navarra, que no en vano en sus primeros siglos de existencia se denominó Reino de Pamplona.
En torno al siglo XII, con el auge del Camino de Santiago, al abrigo de este primer núcleo de raigambre vasco-romana se sumarán dos «burgos», poblaciones amuralladas habitadas por «francos» de origen norpirenaico. Son «el Burgo» de San Cernin y «la Población» de San Nicolás.
Estos burgos vivían de la actividad económica derivada de la ruta jacobea, y las relaciones entre ellos y con la primitiva «civitas» romana, llamada ahora Navarrería, serán muy malas. Los enfrentamientos alcanzarán su clímax en 1276, cuando San Cernin y San Nicolás, coaligados, arrasarán la Navarrería, en lo que se llamó la Guerra de los Burgos. La Navarrería permaneció mucho tiempo destruida, y solo tras cuatro décadas de abandono volverá a ser habitada, de manera lenta y progresiva.
3. La convivencia, una lección que es seña de identidad
A principios del siglo XV un gran rey de Navarra, Carlos III el Noble, terminará con esa nefasta trayectoria de siglos. Cansado de las continuas rivalidades y desafíos, emite el célebre Privilegio de la Unión, que unifica los tres burgos en un único ayuntamiento, con un alcalde, un escudo y una única normativa municipal.
En el espacio situado entre los tres burgos, donde primitivamente sus gentes salían a pelear, el rey mandó construir una Casa Consistorial, situada en el mismo lugar que la actual, que de esta manera se convierte en símbolo de unión para pamploneses y pamplonesas. La leyenda que actualmente preside su entrada, patet omnibus janua, cor valde magis (“las puertas están abiertas, pero sobre todo el corazón»), dan testimonio de ese carácter abierto y conciliador.
El Privilegio de la Unión fue emitido el 8 de septiembre de 1423, justamente dos años antes de la muerte del monarca, que se produjo el 8 de septiembre de 1425. Es decir, que el 8 de septiembre de 2025, fecha del Privilegio de la Unión, se cumplirá también el 600 aniversario de la muerte de Carlos III, fecha que la ciudad debería, en justa correspondencia, celebrar debidamente. Desde el punto de vista del desarrollo urbano, el Privilegio supuso, entre otras cosas, la unificación de la ciudad bajo un único recinto amurallado, y la desaparición paulatina de las murallas interiores que habían dividido a los burgos. Este importante documento supone, en suma, el final de la Pamplona medieval y el pistoletazo de salida para su entrada en la Edad Moderna.
4. El sueño de una capital europea
Tras la negra época de las guerras civiles entre beaumonteses y agramonteses, bajo el reinado de Catalina I y Juan de Albret volvió la estabilidad. Es el momento en el que Pamplona, capital de un reino pequeño pero solvente, se prepara para entrar en el Renacimiento. La invasión castellana de 1512 y los posteriores 18 años de guerra, arruinan este sueño.
Pamplona se encuentra ya en paz para el año 1507. Es una ciudad plenamente unida bajo un único municipio, y para 1486 tiene ya su nueva Casa de la Jurería (Consistorial). Se ha dotado de una catedral de rango europeo, con el claustro más bello del gótico, y es sede de las principales instituciones del reino: Real Chancillería, Consejo Real, Cortes y Diputación del Reino. Gracias al impulso dado al Humanismo con Catalina I y Juan de Albret ve como para 1490 se abre en sus calles una imprenta, tan solo 50 años después de que fuera inventada por el alemán Gutenberg, y en 1499 se crea un Estudio de Gramática, antecedente de las futuras universidades, donde se enseña Gramática, Latín, Arte y Filosofía.
Con todo, este magnífico sueño será arruinado por la invasión de 1512 y los posteriores 18 años de guerra que, arrinconando para siempre el proyecto de convertirse en una brillante capital europea, harán de Pamplona una plaza militar periférica, encerrada entre murallas para defender al imperio de los embates de los franceses.
5. La ciudad encorsetada que supo resurgir
En los 4 siglos que van desde la conquista y hasta principios del siglo XX, lo único que se construirá en Pamplona a escala europea es el impresionante cinturón de murallas, que encerrará y ahogará el crecimiento de la ciudad hasta que, a partir de 1915, la ciudad resurge.
Tan solo algunos chispazos aislados, producidos sobre todo en lo que Caro Baroja llamó «la hora navarra del XVIII», alivian algo aquel periodo oscuro: la construcción de algunos palacios tardobarrocos, el adoquinado y alcantarillado dieciochesco de las calles, la traída de aguas de Subiza a las fuentes de Pamplona en 1790, el Primer Ensanche de 1888, que hubo de construirse aún dentro de las murallas… y poco más.
Será a partir de 1915 cuando el Ramo de Guerra español afloje la prohibición de construir más allá de las murallas y, entonces sí, Pamplona se desparramará por los despoblados alrededores, la antigua terra nullius batida por los cañones de las murallas, dando lugar a la ciudad que todas y todos hemos conocido.
De entrada, el llamado Segundo Ensanche, dibujado por Serapio Esparza en 1916, del que se dijo que era desmesurado para Pamplona y, que sin embargo, se colmató en unas pocas décadas. Y posteriormente el conocido como Tercer Ensanche, con los nuevos desarrollos de la segunda mitad del siglo XX.
6. Una ciudad que se proyecta hacia el futuro con esperanza y ambición
Hoy en día, sobrepasados los 200.000 habitantes y caminando irremisiblemente hacia la colmatación de su término municipal, Pamplona-Iruña es una ciudad viva, abierta y moderna.
Una ciudad que pone en valor su larga historia, pero que afronta el siglo XXI bajo las premisas de la diversidad cultural y lingüística, la pluralidad de sus gentes y la igualdad entre hombres y mujeres. En el horizonte de 2015, cuando se cumplen 2.100 años, XXI siglos desde la fundación romana de Cneo Pompeyo Magno, la vieja Iruña afronta con ilusión el Cuarto Ensanche de su trayectoria bimilenaria.
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