Se han encontrado veinte altares votivos en Ardiège (Haute-Garonne) y Franquevielle (Haute-Garonne) que sugieren la existencia cerca de allí de un antiguo santuario dedicado a esta deidad. Leheren ha sido comparado con el dios Marte.
Si tomamos otra palabra raíz sería: LEHER. Vemos que las distintas inscripciones en latín van modificandose y queda invariable la palabra Leher. Leher+enn, Leher+enni, Leher+enno, excepto Lerenno deo. De esta última inscripción Ler = pino en Euskera + eno. Si comparamos Ler en Euskera con Leher variante antigua de la civitas Convenarum; En tal caso estariamos ante otra divinidad árborea pirenaica, asociada por los romanos con el dios Marte.
En el pirineo de alta montaña tenemos el Pino negro que en latín se llama pinus nigra y en euskera: Ler beltz. Cerca de estos pero a menor altura, crece el pinus sylvestris. Ler gorri: pino albar. Variantes en euskera: pinar = Lerdi, bosque de pinos: Lerdoi, Trineo: Lera. Sus piñas: pinaburu, y el piñón: pinazi. Cuando se queman las piñas estas estallan o explotan cuando hay un incendio forestal expandiendose peligrosamente el incendio por la explosión de las piñas. En euskera: LEHER Egin: estallar, explosionar, reventar. Lerki : antorcha de ramas de pino. y tenemos la palabra Leratsu: apasionado, ardiente. La madera de pino se utilizó para diversos usos construcción de trineos (Lera), muebles, calentar hogares.
Llama la atención que se hicieran antorchas con ramas de pino. Y que esa función de la madera de calentarse combine en la palabra Ler-at-su: ardiente. Sin duda la palabra más similar a las inscripciones vasco-aquitanas es Leher: estallar, explosionar + enn / enno/ enni. Marte como divinidad de la guerra lo asocian con este árbol, el pino silvestre, cuya capacidad destructiva está en el fuego (Su). ¿Era posible que utilizasen las piñas y su resina para expandir o propagar incendios provocados en asedios o batallas ?
Ciertamente estamos ante una incógnita con estos paralelismos de estas inscripciones vasco-aquitanas que se asemejan al euskera, aunque con terminaciones en latín o indoeuropeo: en, eni, eno. En el pirineo se conservan aún las bajadas con antorchas con fuego en determinadas fechas del año. Normalmente relacionadas con los solsticios en las que el fuego purificador renueva estos ciclos. Y que perdura en las fiestas de antorchas, las fallas del solsticio de verano.
Los historiadores creen que estas tradiciones son ancestrales y se hacían antes de la llegada de los romanos a la península ibérica. Como tenemos constancia en relatos griegos de los habitantes de Pirene. Pyros: fuego+ ene.
Desde Plinio, que situaba el espacio “Saltus Vasconum” entre los Pirineos, el mar y el “Ager Vasconum” de los cultivos agrarios, a Iparragirre, que ensalzaba a los montes y árboles señeros del país, la montaña y los bosques vascos han atraído a quienes se han acercado a ellos.
Como testimonio de un panteísmo milenario, en lápidas aquitanas de la época romana leemos las dedicaciones: Arixo deo, Artehe deo, Fago deo, Leheren deo, a los dioses Roble, Encina, Haya y Pino, en expresión vasco-latina cuya inteligencia respectiva es fácil a través del vasco actual haritz, art(h)e, pago y leher. Un habitante poderoso de los bosques era Basajaun, que llegó a tener réplica femenina en Zuberoa, con la presencia de Basandere.