{"id":68816,"date":"2026-09-20T16:19:06","date_gmt":"2026-09-20T15:19:06","guid":{"rendered":"https:\/\/nabarralde.eus\/?p=68816"},"modified":"2026-09-20T16:19:06","modified_gmt":"2026-09-20T15:19:06","slug":"la-bondad-de-los-linchadores","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nabarralde.eus\/es\/la-bondad-de-los-linchadores\/","title":{"rendered":"La bondad de los linchadores"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">Entre 1880 y 1950 m\u00e1s de cuatro mil negros fueron linchados en los Estados sure\u00f1os de los EEUU. El linchamiento no era un crimen; era un acto de justicia popular en el que participaban mujeres y ni\u00f1os y que se celebraba con orgullo y alborozo. Las v\u00edctimas, acusadas con o sin fundamento, eran conducidas a golpes a la plaza p\u00fablica y all\u00ed quemadas o ahorcadas. Despu\u00e9s se tomaban fotograf\u00edas de los cad\u00e1veres, junto a los cuales posaban los alegres ciudadanos, y esas im\u00e1genes se convert\u00edan en tarjetas postales que a continuaci\u00f3n se enviaban, acompa\u00f1adas de algunas frases, a los parientes y amigos lejanos. Pueden encontrarse algunas de <\/span><a href=\"https:\/\/acento.mx\/sociedad\/postales-de-linchamiento-negros-estados-unidos\/\"><span style=\"font-weight: 400;\">estas postales en internet<\/span><\/a><span style=\"font-weight: 400;\">. Veo, por ejemplo, el cad\u00e1ver calcinado de Will Stanley colgado de un poste, m\u00e1s indefenso que nunca, observado por una multitud satisfecha; al pie de la foto se puede leer el texto que escribi\u00f3 un tal Joe, c\u00f3mplice del linchamiento, para comunicarle a su padre la noticia: \u00abEsta es la barbacoa que disfrutamos anoche. Mi retrato est\u00e1 a la izquierda, con una cruz encima. Tu hijo Joe\u00bb. Era el 30 de julio de 1915 y diez mil personas se hab\u00edan reunido en la plaza principal de Temple (Texas) para contemplar la pira. Veo en otra postal los cad\u00e1veres de Virgil Jones, Robert Jones, Thomas Jones, y Joseph Riley, ahorcados el 31 de julio de 1908 en Russellville (Kentucky); del pecho de Riley, con el cuello tronchado y vestido con un mono azul, cuelga un cartel de advertencia: warning. O veo asimismo los cuerpos semidesnudos de Elias Clayton, Elmer Jackson e Isaac McGhie, trabajadores de circo en Duluth, linchados en Minnesota el 15 de junio de 1920. Una multitud de hombres blancos, vestidos como de domingo, atildados y sonrientes, posan a su alrededor como si se tratase de una boda o de una fiesta de graduaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Los linchadores, no lo olvidemos, eran gente buena: padres responsables, trabajadores honestos, vecinos solidarios. Eran ciudadanos ejemplares que se sent\u00edan inseguros, amenazados, en peligro, y que s\u00f3lo pretend\u00edan restaurar los valores de la civilizaci\u00f3n, mancillada por la presencia invasiva de esos negros salvajes. El negro les hac\u00eda da\u00f1o: visual y culturalmente constitu\u00eda en s\u00ed mismo una agresi\u00f3n moral. Daba igual si eran realmente culpables de la violaci\u00f3n o del robo que les atribu\u00edan. El negro era el Mal mismo. Matar al negro era purificar los pecados del mundo. Matar al negro no era un crimen; no era ni siquiera un pecado; no era ni siquiera una falta; era una restauraci\u00f3n del bien com\u00fan que todos juntos deb\u00edan festejar. Era, s\u00ed, el triunfo de la comunidad a trav\u00e9s de un acto de justicia colectivo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Es imposible no evocar esta especie de \u00abmoralidad del mal\u00bb cuando el fascismo regresa a nuestras vidas. Pienso en los israel\u00edes que suben a la colina de Sderot, con una cesta de picnic, para contemplar los bombardeos de Gaza, pero tambi\u00e9n en los ciudadanos de Ceuta que se re\u00fanen para impedir la entrega de alimentos a los inmigrantes, quemar sus tiendas y golpear sus cuerpos; y que se manifiestan reclamando al gobierno el incumplimiento de la ley y la expulsi\u00f3n de esos \u00abinvasores\u00bb hambrientos y descalzos. No voy a negar el atolladero de una crisis al mismo tiempo geopol\u00edtica, institucional y humanitaria. Que se trate de un verdadero atolladero, facilitado por la inacci\u00f3n del gobierno, explica en parte la reacci\u00f3n de esa gente buena que, alentada por partidos y dirigentes irresponsables, considera leg\u00edtimo y razonable renunciar a la \u00e9tica com\u00fan -la que ense\u00f1an a sus hijos en casa- y transformarse en una muta fascista. Hace unos meses escrib\u00eda yo un art\u00edculo en el que, citando a Gramsci, me mostraba preocupado por esta \u00abtransformaci\u00f3n molecular\u00bb. A partir de la hip\u00f3tesis de un naufragio en el mar, Gramsci describ\u00eda un proceso muy frecuente: el de una persona que, en condiciones excepcionales, se convence a s\u00ed misma, de la manera m\u00e1s honesta y sincera, de que es no s\u00f3lo necesario sino leg\u00edtimo y moral el canibalismo. Ahora bien, es en las situaciones excepcionales donde la \u00e9tica universal realmente cuenta; donde la moral, en ausencia de orientaci\u00f3n pol\u00edtica, decide la diferencia entre el bien y el mal o, si se prefiere, entre los Evangelios y Mein Kampf.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Conviene ser humilde -y estar alerta- para no caer blandamente del lado malo; a cualquiera le puede pasar. Los humanos somos seres sociables, no morales. Nos gusta estar juntos y juntos hacemos el bien y juntos hacemos el mal y quiz\u00e1s por la misma raz\u00f3n: por el placer de la sociabilidad. Por eso la pol\u00edtica es tan importante: porque trata de gestionar la sociabilidad humana en favor del bien com\u00fan. Lo que llamamos \u00abrep\u00fablica\u00bb es justamente eso: la autogesti\u00f3n reglada de la sociabilidad humana, al margen de la moral, en defensa de la igualdad, la libertad y la fraternidad. Pero el solo hecho de \u00abestar juntos\u00bb no garantiza nada; de ese placer participan por igual las mafias, las sectas, las verbenas, las escuadras fascistas y las asambleas constituyentes. Frente al neoliberalismo, se impone, s\u00ed, un regreso a la idea de comunidad; pero frente a la comunidad negativa, cuando la pol\u00edtica retrocede, ya s\u00f3lo cabe confiar en la supervivencia disruptiva de la moral. Como dice el adagio castizo, a veces es mejor estar solos que mal acompa\u00f1ados. La moral es siempre una decisi\u00f3n individual, imprevisible y en general in\u00fatil. Cuando los seres sociables se unen para hacer el mal no basta la \u00e9tica de la responsabilidad ni un razonable programa pol\u00edtico que casi nadie escucha; pasamos a depender del ejercicio individual de la \u00e9tica de principios, en la que ning\u00fan otro puede \u00abrepresentarnos\u00bb ni reemplazarnos. Hay situaciones que demandan, en efecto, un gesto moral individual. En <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El joven Lincoln<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, la pel\u00edcula de 1939 de John Ford, el futuro presidente de los EEUU, biso\u00f1o abogado de pueblo, interpela por su nombre a un vecino que se ha sumado a una turba linchadora: \u00aba veces hacemos todos juntos cosas que nos avergonzar\u00eda hacer a solas\u00bb, le dice. El joven Lincoln consigue que un sujeto individual, sumergido en una comunidad negativa, se moralice de nuevo, de manera que su verg\u00fcenza privada arrastra a todos los dem\u00e1s al desistimiento de su acci\u00f3n criminal.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Tras capear muchos temporales, es muy probable que la crisis de Ceuta d\u00e9 la puntilla a las esperanzas de renovaci\u00f3n de un gobierno de coalici\u00f3n en las pr\u00f3ximas elecciones. Pol\u00edticamente, Ceuta, la periferia ambigua de una Espa\u00f1a ya muy zarandeada, marca el umbral de la victoria del PP y de Vox, la vanguardia consciente de la m\u00e1s negra antipol\u00edtica. Pero desde Ceuta entra tambi\u00e9n en Espa\u00f1a, de manera definitiva, el fascismo como normalizaci\u00f3n de \u00abla moralidad del mal\u00bb: como comunidad negativa normalizada, como honesta defensa del linchamiento.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Dec\u00eda Bertold Brecht en su <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Galileo<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">: \u00abtriste el pa\u00eds que necesita h\u00e9roes\u00bb. Nada m\u00e1s triste y peligroso que ese otro mundo posible, reg\u00fceldo de la historia de Espa\u00f1a, en el que la pol\u00edtica, derrotada por el fascismo, tiene que ser sustituida por la moral. En el que hace falta, ay, una especial moralidad para no linchar espont\u00e1neamente a un negro.<\/span><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.publico.es\"><span style=\"font-weight: 400;\">https:\/\/www.publico.es<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Entre 1880 y 1950 m\u00e1s de cuatro mil negros fueron linchados en los Estados sure\u00f1os de los EEUU. El linchamiento no era un crimen; era un acto de justicia popular en el que participaban mujeres y ni\u00f1os y que se celebraba con orgullo y alborozo. 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